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PH: Juanjo Diamond
Por una vez el pronóstico meteorológico logró pegarla, y es así que el domingo 2 de abril tuvo a la Capital Federal pasada por agua como hacía mucho que no se la veía. Y mientras algunas se quedaban en sus casas comiendo tortas fritas, reuniéndose por el Día de los Veteranos de Malvinas o con amigos para contarse la bien que la pasaron en el Lollapalooza, una hora de “greñudos locos” se dirigió bajo el cielo gris porteño a Uniclub (o “Uni Club”, como a más de uno le apareció al momento de buscar la manera de llegar) para presenciar la nueva visita de Brujería a la Argentina, la sexta desde que la banda debutara en nuestro país el 8 de agosto de 2004 en la trágica República Cromañón. Esta sería la última fecha del “A Toda Madre O Un Desmadre”, la parte latinoamericana de la gira “Make America Hate Again” que los tiene presentando a “Pocho Aztlan”, su nuevo álbum.



Para cuando Castigo salieron al escenario a las 18.30, el público apenas llegaba a las 25 personas. Luchando con un público frío, más allá de los aplausos respetuosos de costumbre, este trío de thrash dio una presentación más que respetable. El karma de ser el primer telonero conllevó un sonido que tardó en acomodarse y que muchas diluyó lo hecho por Castigo en una bola de graves, pero eso no desmerece la labor de la banda, que tocó temas de “In Mortem Aeternum”, su LP debut a editarse en formato físico próximamente.

Luego de una pausa con “Left Hand Path”, el clásico de Entombed, sonando de fondo, salió Viral Infection para seguir calentando a la audiencia. Incluso con los cinco músicos apretujados en la mitad delantera del escenario junto a un atril donde Mariano Aguirre, el cantante recién ingresado, tenía las letras, lo hecho por este grupo es destacable. Aunque su estilo cercano al deathcore puede sonar descolgado en papel entre todos los teloneros más tirados al thrash, hablamos de una banda con la suficiente brutalidad como para entretener al mayor enemigo de estos sonidos más modernos. Con un sonido lejos de perfecto pero más acomodado, Viral Infection tocaron canciones como “Infección Viral”, “Mi Oscuridad” y “Defendiendo Tu Lugar”, entre otras, y cerraron con “Reino de Mentiras”, todo hecho de manera precisa más allá de un comienzo fallido en uno de los temas por un problema con una de las guitarras. Este proyecto del guitarrista Mariano Zenemith, ex Alzheimer Psic, va a estar editando material para fines del 2017, y cualquier fan del “core” debería estar atento a ellos.

Los siguientes en salir fueron Sicario, provenientes de Rafael Calzada. Con un público más nutrido y más de una persona arengando, este “trío de cuatro personas” (la baterista Carolina Agüero, hija del cantante y bajista Pablo, toca la primera mitad del set, mientras que durante la segunda mitad su lugar es ocupado por Javier Barrientos, ex No Guerra y quien reemplazó a Carolina mientras se recuperaba de una operación de espalda) dio una gran muestra de poder, mechando temas de “La Santa Muerte”, su LP debut editando hace poco en físico. Canciones como “Túnel de Huesos”, “Canibalismo” y “La Morgue” mostraron a una banda agresiva y que la tiene clara con su thrash groovero, a las que se le sumó “Por La Fuerza de la Razón”, un cover de los chilenos Criminal dedicado a Anton Reisenegger, guitarrista de Brujería en esta ocasión. La caída de un redoblante de la batería en una de las canciones, que se subsanó en tiempo récord, fue lo único que empañó una buena presentación por parte de Sicario.

El cierre de los teloneros estuvo a cargo de Coral. Ya con un sonido mucho más balanceado, este cuarteto interpretó canciones como “Thrash ‘N’ Roll”, “Abismo” y “Está Por Verse”, material perteneciente a sus dos Lps “Arrecho” y “Thrash ‘N’ Roll”. Y thrash ‘n’ roll es una buena manera de describir su sonido, mezclando los machaques del estilo con estructuras más cancioneras y coreables, a lo que hay que sumar la labor de Elías Stohge, un cantante con un talento que es difícil de encontrar en la escena local. Con un Facundo Coral, ex Tren Loco, prendido fuego en la guitarra, la banda cerró su presentación ante un público que ya comenzaba a copar el recinto.


Luego de que pasaran los teloneros, se cerró el telón y comenzó la prueba de sonido de Brujería, mientras de fondo sonaban Judas Priest y AC/DC. Durante la espera uno del público, visiblemente borracho, abrió varias veces el telón, y aunque los asistentes de la banda fueron rápidos para cerrarlo de nuevo y que uno de los patovicas se acercara para solucionar el problema, el solo hecho de ver a Shane Embury, dirigiendo la prueba de sonido, hizo que la gente del público se impacientara más.

Poco después de las 22.00, se apagaron las luces y comenzó a sonar el canto de una niña. Los presentes no tardaron en darse cuenta de lo que se venía, y comenzaron a corear la letra de esa intro del tercer disco de la banda, la que dice “Ya Cristo viene / señales hay / almas salvadas / viene a llevar”. Y cuando se abrió el telón, el riff entrecortado de “Brujerizmo” dio inicio a la masacre.

Decididos a que esto fuera más que la simple presentación de un disco, la lista de temas recorrió todos los álbumes de la banda. A la seguidilla “Brujerizmo”-”Colas de Rata”-”La Migra”, le siguió un popurrí de todas las épocas, con “Hechando Chingasos” y “Seis Seis Seis” sumándose a “Viva Presidente Trump!”, que no fue la única canción dedicada al presidente estadounidense. “Ángel de la Frontera” y “Satongo”, con Juan Brujo y El Sangrón haciendo lo que sólo puedo describir como “baile del hongo”, fueron las primeras en presentar “Pocho Aztlan”, el álbum que se hizo esperar 15 años. Y aunque fueron bien recibidas terminaron opacadas por la euforia que causó más tarde “No Aceptan Imitaciones”, la tercera y última que tocaron del nuevo álbum y la que tuvo a toda la sección media del público hundiéndose en un moshpit asesino, incluso con un remera o buzo saliendo disparado para el lado de Shane Embury.

Desde el principio el sonido fue contundente, a lo que se sumó una banda precisa en todos los aspectos. A los siempre presentes Juan Brujo en voces y Shane “Hongo” Embury, empuñando el bajo en reemplazo de su papel tradicional como guitarrista, se sumaban Nicholas “Hongo Jr.” Barker (ex Cradle of Filth y Dimmu Borgir) en la batería, el recién ingresado Anton Reisenegger (Pentagram Chile, Criminal) en la guitarra y con la remera de los teloneros Sicario, y El Sangrón como segundo vocalista y acompañante de baile.

“Anti-Castro” tuvo a la banda dedicándole la canción a Cuba, y con Juan Brujo señalando que Fidel Castro ya está muerto antes de tocar la canción que lo tiene a él gritando que le traigan la cabeza del fallecido gobernante de la isla. “Marcha de Odio” tuvo otra de las imágenes de la noche, con Juan Brujo y El Sangrón recibiendo la canción con el saludo tradicional a la bandera, aquel con el dorso de la mano contra el pecho que siempre llama tanto la atención a los argentinos en cada partido contra México. Incluso en su papel de segundo, El Sangrón tuvo sus momentos de protagonismo, cerrando “Consejos Narcos” con una probada a un porro que le ofreció uno del público.

Y hablando del público, la respuesta a todas las canciones nunca bajó de entusiasta, incluso llegando a corear “Soy Brujería / es un sentimiento / que no lo puedo parar” como si de una cancha se tratara. La gente trepó en repetidas ocasiones la valla para tirarse desde el escenario, y hubo veces en que esto se salió de control, llevándose consigo el micrófono de Juan Brujo o chocando con alguno de los músicos, y hasta el mismo borracho que abrió varias veces el telón durante la prueba de sonido se subió también, pero a diferencia de los otros tuvo que ser bajado del escenario por uno de los patovicas luego de que casi se cayera sobre la batería.

Más allá de esos detalles, toda la fecha siguió en su estado de caos controlado, con muchos queriendo estrechar las manos con alguno de los dos cantantes o siquiera tocarlos. Aunque nadie va a negar la tarea de Reisenegger, Embury y Nicholas Barker y la precisión con la que tocan sus instrumentos, la realidad es que el centro de la fiesta está en Juan Brujo y El Sangrón, no sólo en el papel de cantantes, sino en su manera de arengar, dar pasos de baile coreografiados (donde Brujo le saca partido a sus botas texanas en punta) e introducir las canciones. También está el tema de comunicarse con el público, algo en lo que se destacan pero en lo que El Sangrón logra tener un trato más fluido al poderle entender mejor frente al spanglish chicano gutural del Brujo. Pero Juan sigue siendo el líder y la cara visible de Brujería, y los años lo dotaron de todo un arsenal de trucos para tener al público bajo su control, dándose el lujo de hasta actuar las canciones: ya sea con sus ademanes de picar en “Colas de Rata”, “recibiendo” mensajes de texto en “Ángel de la Frontera”, o incluso simulando subastas de droga entre tema y tema, es difícil no meterse en la atmósfera de tráfico y satanismo que hace a Brujería lo que es.

Completados los 60 minutos, Juan Brujo anunció que ya era hora de terminar y que ellos tenían que volver a México, mientras los cinco miembros se retiraban a los camarines. Era obvio que era todo un acto, pero poco importó cuando comenzó a sonar la introducción de “Pito Wilson”, con el discurso xenófobo del personaje interpretado por Jello Biafra al inicio de “Raza Odiada”, y los pedidos del público “devolvieran” a Brujería, con Juan Brujo y el Sangrón machetes en mano, al escenario para el momento de los bises. A ese tema, que terminó con Brujo, machete con motivos de la Virgen de Guadalupe en mano, gritando que Donald Trump era el nuevo Pito Wilson, le siguió el gran éxito de Brujería, como lo llamó el líder de la banda: “Matando Güeros” tuvo a Uniclub con otro terrible moshpit, y con toda la gente exclamando “¡Viva la raza!” al unísono.

Aunque los bises ya habían pasado, no era el final del recital para Juan Brujo. Mientras Shane Embury y Anton Reisenegger guardaban sus instrumentos, por los parlantes comenzó a sonar el ritmo de “La Macarena”. Pero en vez de ser el éxito de Los del Río, en esta ocasión fue para que el hombre del machete comenzara a cantar “Marijuana”, la versión que Brujería hizo del insufrible hit español, junto al público, en un momento de bizarrez extrema incluso para la banda de la que hablamos. Fue en ese momento que uno comienza a darse cuenta en los extremos en los que trabaja la banda: por un lado tiene discos prohibidos en varios países por sus tapas violentas, y casi todas las canciones hablan de mutilar y/o descuartizar a algún infeliz en nombre de la raza y Satanás; y por el otro es un grupo de músicos conocidos que versiones marihuaneras de hits bailables. Y eso es Brujería, una banda que vive en los extremos pero con la tarea principal de entretener al oyente.

Luego de eso, llegó el verdadero fin del recital pasadas las 23.15, con El Sangrón repartiendo botellas de agua y listas de temas entre el público. Los asistentes se retiraron ordenados del lugar, muchos con miembros con moretones, cuellos doloridos y sin estar seguros de cómo volver a sus casas un domingo casi a la medianoche, con el frío nocturno porteño y con todos los subtes cerrados hace rato. Pero lo que es seguro es que nadie salió decepcionado de Uniclub, con la cátedra de brutalidad y diversión dada por Brujería en esta última fecha de su gira por Latinoamérica, que logró crear un pequeño México en medio del barrio de Balvanera.




Crónica: Martin Cirillo
Fotografías: Juanjo Diamond

 
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