Finalmente Opeth volvió a Latinoamérica, en una gira que sorprende debido a la variedad de su setlist, pese a tener uno de los mejores discos del año pasado.

En el caso peculiar de Chile, tuvimos acceso al segundo show de la banda, denominado la gala y que lució con orgullo su Sold Out, debido a que se realizaría en un teatro en una modalidad más intima entre la banda y el público.
La propuesta cumplió y mucho más, para los fanáticos que esperaban ansiosos afuera del recinto y poco a poco se acomodaban en sus asientos, sí asientos. Algo inusual para la audiencia metal, pero que no cuestionaron en ningún momento, ni siquiera cuando las luces se apagaron.
Con la intro sonando y con una gran producción de luces aparecen los primeros integrantes de Opeth para arrancar el show con “Sorceress”, canción que permite el posterior ingreso de los guitarristas  Mikael Akerfeldt y Fredik Akkerson. El público está atento en todo momento y acompaña con las palmas en cada ocasión que se le permite. Un inicio que desato los cantos de la fanaticada y que también comenzó con la hipnosis que produce la banda en los espectadores, sobre todo con los teclados en esta  parte.
Un pequeño break para que la banda preparé su siguiente tema, mientras el “¡Grande Miguelito!” resuena en todo el recinto (Miguelito, fue el nombre que Mikael se dio en un show hace unos años y que el público utiliza como apodo). Las risas y aplausos se escuchaban entre la banda y los fans, pero la ovación llega con la primera sorpresa “The Grand Conjuration”. Un extenso sencillo que trajo los primeros guturales a acción, además de complementarlo con un potente juego de luces y de contratiempos en la ejecución en vivo. Akerfeldt es quien se roba las miradas al ejecutar un solo espectacular luciéndose usando el tapping en su guitarra.
Los aplausos son muchos y las risas también, debido a que el frontman nos narra cómo llego ebrio al país y sobre cómo se entero vía mail que haría dos fechas en Chile. Un momento de diversión que culmina en una sonrisa cuando “Demon Of The Fall” comienza. Un single que continua con los guturales y que permitió un mayor juego entre sonidos acústicos y distorsionados, que hicieron cantar a los fans en la parte final del track. “The Wilde Flowers continuo repasando parte de “Sorceress”, con una sincronía más que perfecta y con dúos entre Akerfeldt y Joakim Svalberg que sorprendían por su intensidad.  En esta ocasión es Akkerson  (El Peluca según los fans) quien se luce con un potente y virtuoso solo para dar cierre a esta parte.

Face of Melinda” mantuvo la atmosfera hipnótica que ejercía la banda sobre los fans, quienes miraban y cabeceaban al son de sus canciones, más con un clásico altamente conocido. Sin embargo, el show es especial y Akerfeldt habla sobre las dificultades que esto implica, dentro de estas esta el volver a ensayar para presentar algo nuevo a todos. “Windowpane” fue una más que grata sorpresa y que tuvo a todo el teatro cantando a todo pulmón, donde la experiencia y el sonido eran perfectos que sólo había que cerrar los ojos y dejarse llevar.
Los clásicos vuelven a sonar, esta vez con los músicos mirando frente a frente para comenzar “The Devil Orchand”, un sencillo que le dio mayor protagonismo a Akkerson, quien toma el rol de lead y se luce totalmente en ello. El público se vuelve otra parte importante al cantar, gran parte de los versos, sobretodo la línea “God Is Dead” y que conto con una excelente dramatización al final con las luces.

Akerfeldt comenta que le sorprende la obediencia de los asistentes, debido a que antes del show salió una grabación pidiendo que se mantuvieran en sus asientos. Si bien ironizó con esta situación, los fans han hecho mostrar su euforia desde las butacas. En esta ocasión dos son temas juntos los que sorprenden, “Cusp Of Eternity” y “Hex Omega”. Dos sencillos que fueron a buscar el headbang y el cántico de los seguidores que repletaban el recinto y que acompañaban con sus puños en alto. Cabe destacar el notable talento de los músicos, quienes en tiempo record cambian las afinaciones, incluso entre los temas.
Si bien las bromas y chistes han sido parte constante del show, está parte previa al final permitió que los fans tuvieran un cercano momento con Opeth y con los distintos apodos que estos músicos tienen (Miguelito, Peluca o Légolas). Para dar un cierre que hizo a varios pararse de los asientos, la épica “The Drapery Falls”.
Lamentablemente, y cómo Martín Méndez le dijo a Akerfeldt, el público no quería irse y los gritos fueron ensordecedores hasta que la banda regreso. Las bromas continuaron, pero también se habilitó un momento de “Request” donde la banda tocaba distintas cosas que los fans pedían. Fue así como se lograron escuchar canciones como “Harvest”, “Master’s  Apprentice” y “The Moor”.  Un instante que tuvo a todos de pie para recibir el cierre con lo que la banda denomina su “Breaking The Law” o su “Paranoid”, “Deliverance”.
El sencillo sonó de forma integra en una magistral ejecución para dar el cierre que termina con todos de pie y aplaudiendo durante un muy largo tiempo.

Resumir todo lo que este show tuvo es complejo, debido a que fue un espectáculo con varios puntos a analizar.
La modalidad de estar sentado es nueva para los metaleros, pero resulta bastante bien porque eso no limito a nadie de hacer headbang, cantar o mover los brazos.
Sin embargo, todos los aplausos caen en la banda y la producción que dieron un espectáculo tremendo en todos los aspectos. Se cumplió la promesa de un show distinto a lo que se venía haciendo en la gira, pero también se cumplió la idea del show íntimo.
El sonido que logró Opeth anoche fue sorprendente, porque era envolvente, sincronizado y regulado a la perfección. Me atrevo a decir que es incluso uno de los mejores sonidos en un show en vivo que he escuchado en mis cinco años trabajando en el Cuartel. Si hay un show cercano a la perfección, pues este es igual o incluso mejor.
A Opeth no siempre lo vemos lúdicos tocando en grandes escenarios, pero en esta ocasión vimos una banda reírse en todo momento, donde ironizaron, rieron y hablaron con sus fans. Una noche para el recuerdo de todos los que fueron y la mayor pesadilla para quienes se perdieron este exclusivo ritual.
Crónica por Felipe Pino Guerrero
Fotografía por Sergio "Wakko" Parra


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