PH: Cuervo Deth
En el marco del “Sorceress World Tour”, Opeth volvió a suelo argentino con la ‘excusa’ de presentar al nuevo integrante en la familia, “Sorceress”, lanzado a fines del año pasado.

Bajo la intensa lluvia que azotaba Buenos Aires, me dispuse a surcar las calles y así intentar llegar al recinto lo más seco posible, algo que tristemente no sucedió en lo absoluto.



Ya dentro de Groove, el público presente despedía a los muchachos de La Internacional Errante, quienes estaban poniendo punto final a su set y dejando el escenario para los suecos.

Luego de una prueba de sonido que incluyó un pequeño problema en la parte de las teclas, la pantalla de Groove se ilumina con el logo de la banda y el intro se deja escuchar mientras Méndez, Axenrot y Svalberg tomaban sus lugares y daban inicio a la velada arrancando con ‘Soreceress’. Acto seguido, Akerfeldt y Fedrik sumarían sus cuerdas dando, ahora si, inicio a la noche.

Rápidamente vendría la primer bomba de la noche con ‘Ghost of perdition’, mostrando un Akerfeldt que aún se las arregla con el registro gutural, aunque este ya muestra los signos del paso de tiempo.

Lo que no muestra signos del paso de tiempo y se mantiene más vigente que nunca, es el viejo repertorio de la banda. La inclusión de ‘Demon of the fall’, de aquel gran ‘My arms, your hearse’, fue una muy buena decisión y uno de los puntos altos de la noche.

La pantalla se iluminaba con imágenes del ‘Sorceress’ para recibir a ‘Wild flowers’, que le cedería el paso a ‘Face of Melinda’ (un favorito personal), que en combinación con una pantalla que retraba el ‘Still life’, se transformaría en otro de los momentos de la noche.

‘En un momento de la siguiente canción, voy a dejar de cantar para que ustedes lo hagan. No importa si no daben la letra, no voy a llamar a la policía’ decía Akerfeldt antes de arrancar con ‘In my time of need’, otro favorito personal que fue cantando por cada alma presente. Piel de gallina, tremendo.



Ya promediando el show, el clima era ideal (Bueno, por lo menos dentro de Groove), sonido diez puntos, la banda afiladísima, Akerfeldt siempre de buen humor contando que probó chinchulines y tenían ‘un gusto de mierda’, la gente que acompañaba cuando se lo requería, todo como debe ser.

‘The devils orchard’ y ‘Cusp of eternity’ nos recordaban que el Rock Progresivo le calza a la perfección a los muchachos y muestran la grandeza de discos como ‘Herritage’ y ‘Pale Communion’, discos que han dividido las aguas entre los fans pero que se valen de grandes canciones derribando cualquier planteo.

Ya para el final volverían los guturales de la mano de la hermosamente violenta ‘Heir apparent’ para luego cerrar con ‘Drapery falls’ y abandonar el escenario.

Obviamente ninguno de los presentes iba a abandonar el recinto, no sin escuchar algo más, y ese ‘algo más’ era, precisamente, ‘Deliverance’. Los músicos volverían al escenario y cumplirían con tal pedido, ‘Deliverance’ y sus hermosos 13 minutos y medio pondrían punto final una noche cargada de emociones y violencia en partes iguales.

Crónica: Martin Tula
Fotografías: Cuervo Deth

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