Una invasión de mosquitos resistentes al frío como la que está sufriendo Buenos Aires es algo que parece sacado de alguna plaga bíblica, por lo que no quedaba fuera de lugar el 28 de abril en el local Uniclub. Ahí se dio la visita de Narnia, el grupo sueco de power metal cristiano que hizo su debut en Argentina.

Los primeros invitados de la fecha fueron Cruel Adicción, la del ex Logos Miguel Roldán. Con bastante público para ser el primer telonero, el grupo dedicó la mitad de su presentación a repasar temas propios y otra mitad a temas de Logos. Tanto el bajista Diego Mansilla como el baterista Germán Cañete conformaron una base solida, que tuvo que jugar por varios ante los ocasionales problemas de sonido de Roldán con su guitarra. Con repetidas palabras de agradecimiento para los que llegaron temprano y para las otras bandas, cerró su set con “Como relámpago en la Oscuridad”, el clásico de Logos que coreó casi todo el público.

Poco después llegó Boanerges. La banda comandada por la portentosa voz de Gabriela Sepúlveda  arrancó con “Volviendo a las Raíces” y “Esclavo de un Avatar”, ambas de su nuevo disco “Secreto Original”. Boanerges agradecieron a todos los presentes, y hasta destacaron a los que habían venido desde Viedma, Jujuy y hasta Uruguay, y prosiguieron con una seguidilla sacada de “Señales antes del Fin”, su debut de 1998. El final fue con “Boanerges”, el himno de la banda que hizo delirar al público. La decisión de dejar que los teloneros usaran todo el escenario ayudó a que pudieran desenvolverse sin problemas, y es algo que debería verse más seguido.

Luego de Boanerges, el entusiasmo comenzó a expandirse por Uniclub. Después de algunos minutos de prueba de sonido, se apagaron las luces y comenzó la introducción de “Inner Sanctum”, pero un crepitar de distorsión en el sonido hizo que la banda decidiera salir más rápido al escenario.

En vivo, Narnia balancean la precisión al tocar con su entusiasmo al presentarse, con Martin Härenstam moviendo y aporreando sus teclados y el guitarrista CJ Grimmark recorriendo todas las escalas posibles de su guitarra con una exactitud virtuosa. Pero el centro es el cantante Christian Liljegren, ya sea cuando alcanza unas notas estratosféricas o expresando palabras de alegría por tocar por primera vez en Argentina. La banda tocó “Inner Sanctum” y “The Mission” una pegada a la otra. En “Shelter Through The Pain” una remera de la Selección voló al escenario, con el cantante tomándola y mostrándola al público.

Después de “No More Shadows From The Past”, arrancó “The Light At The End Of The Tunnel”, el instrumental que justifica la etiqueta de “metal neoclásico”. Luego de un solo de batería, el resto volvió al escenario, con un cambio de vestuario por parte de Christian que ahora tenía una camisa que atrás decía “Long Live The King”, para arrancar con “I Still Believe”. Con muchos puños y dedos índices apuntando al cielo, reemplazando a los tradicionales “cuernitos metaleros”, entre el público, Narnia pasó a “Messengers”, con el público coreando cada palabra, que fue la previa para un solo de guitarra.

La vuelta a las canciones fue con “The Awakening”, con el cantante aprovechando la luz blanca de detrás del escenario para extender los brazos como si de una escena bíblica se tratara. “Long Live The King” tuvo a Christian mostrando el mensaje de su camisa, y después de “Into This Game” se retiraron del escenario. No fue el cierre de todo. Con un nuevo cambio de vestuario, con Christian y el bajista Andreas Olsson con remeras de la Selección con el 9 de Higuaín, Narnia dio un verdadero final a todo con “Living Water”, y con fotos junto al público y más palabras de agradecimiento, los suecos dejaron el escenario.

Aunque las líricas de este tipo de bandas tiren para atrás a más de uno, acá lo que importa es la música. Y si ésta es un lenguaje universal capaz de saltar cualquier frontera, como la lingüística o la religiosa, entonces hasta el más antirreligioso debe reconocer lo hecho por estos “soldados bajo el mando de Dios”, como dirían los de glam cristianos de Stryper, arriba del escenario.



Crónica: Martin Cirillo
Fotografías: Juan K. Baracaldo


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