PH: Juan K. Baracaldo

Una fila de gente se extendía desde las puertas del Teatro Vorterix por avenida Federico Lacroze hasta la esquina con Álvarez Thomas, donde doblaba y se extendía por dos cuadras más. Con un porcentaje enorme de remeras de la banda principal (las más comunes de Metallica o Megadeth eran una minoría), los presentes eran testigos de la sólida base de fans que Sonata Arctica tiene en Argentina, a donde volvieron una vez más en el marco del “The Ninth Hour Tour”, presentando su último disco “The Ninth Hour”. Para cuando la gente entró, se pudo ver que el lugar estaría saludablemente lleno tanto en el campo como en la parte superior.

Los primeros teloneros de la noche fueron Boudika. La banda tocó “Dark Side”, “Forgotten Hope” y “Mother of Dragons”, de su debut autotitulado, a las que complementaron con “Breathless Lullaby” y “Mr. Hyde”, canciones de su próximo disco que estrenaron en esta presentación, y “Wishmaster”, la versión de Nightwish que fue muy bien recibida por el público, y que ayudó a combatir los contratiempos. Porque lo de estos metaleros sinfónicos santafesinos fue nadar contra la corriente, debido a un desperfecto que los dejó sin la pista de teclados, problemas con la batería y un sonido que estuvo muy lejos de ser el mejor, por momentos con las voces perdidas en la mezcla y en otras más como una bola de ruido. Pero lo de Boudika fue aceptable a pesar de todo, gracias a una actitud profesional por parte del grupo y el entusiasmo de la cantante Evelina Giusti, que tuvo una buena comunicación con el público.

Después de Boudika vino Magika, los oriundos de Buenos Aires que volvieron hace poco con nueva formación. Al igual que Boudika, el sonido fue para atrás, con el teclado a veces inaudible y en otras a un volumen directamente peligroso, algo que la banda advirtió de inmediato a juzgar por las constantes señas del guitarrista Juan Pablo Kilberg pidiendo más volumen. La lista de temas fue un picado de sus discos “La fuerza que nace” y “Lejos de Dios”, con canciones como “Siglos de Persecución”, “Como un despertar” y “En la adversidad”, la canción que cerró su presentación y donde el sonido logró alcanzar cierto balance. Magika logró aprobar con la mínima, más por las adversidades que por culpa directa de la banda.

Luego de casi 40 minutos de espera, que incluyeron cantos de “Olé Olé Olé” y otros referidos al cantante Tony Kakko, comenzó a sonar la intro de “We Are What We Are”, que marcó la llegada de los finlandeses Sonata Arctica al escenario, que incluía un fondo con la tapa de “The Ninth Hour”. La velada arrancó con “Closer To An Animal” y “Life”, ambas del nuevo disco, y aunque hubo ciertos desbalances en el sonido, ya se notaba una mejora.

En vez de hacer la clásica de tocar varios temas nuevos seguidos, los finlandeses decidieron seguir la lista con “The Wolves Die Young” del anterior “Pariah’s Child”, e “In Black and White”, de “Unia”. Desde ya que el centro de la banda está en Tony Kakko, un cantante de amplio registro y unas habilidades de frontman que le permiten comunicarse con su público aunque la gente no tenga gran conocimiento de inglés o que el del cantante tenga momentos donde el acento finlandés se haga demasiado presente. Otro gran punto de atención recae en Henrik Klingenberg, el tecladista oriundo de las islas Åland, y su luminoso keytar, el teclado con correa que acá se relaciona tanto con la cumbia villera.

La noche siguió con más temas de los primeros discos, con la “power balada” “Tallulah”, con algunos sacando el celular para iluminar con la pantalla cual encendedor en recital ochentoso, y el clásico “Fullmoon”, con la nueva “Fairytale” en el medio. En cierto momento más de uno habrá pensado que meter los temas nuevos era más para completa el trámite de presentarlos, pero al final “The Ninth Hour” fue el disco más representado en la lista de canciones, y fue así que a la última le siguió “Among The Shooting Stars”.

La intro “No More Silence” dio paso a “Abandoned, Pleased, Brainwashed, Exploited”. “We Are What We Are” cerró la lista de temas nuevos, y la extensa semi balada “The Power of One” cerró la primera parte de la presentación de los finlandeses, que se retiraron del escenario para dar paso a los bises. Ahí, Sonata Arctica arrancaron con las coreadas “Misplaced” y “I Have A Right”, que tuvieron a Tony Kakko dando un mini discurso agradeciendo a todos por comprar las entradas, “porque son las que permiten tener música en vivo con verdaderos instrumentos”. Para el final cerraron con “Don’t Say A Word”, una canción sobre locura y muerte que terminó siendo un gran final para el recital.

Aunque los bises ya habían terminado, Tony Kakko decidió armar una competición entre las secciones de la izquierda, la derecha y el centro del público, a ver quién cantaba más fuerte. ¿Un recurso pasado de demagógico? Puede ser, pero es imposible negar que la gente no lo disfrutó, de la misma manera que disfrutaron “Vodka”, la interpretación de la banda del tradicional “Hava Nagila” que dio final a la décima presentación de Sonata Arctica en Argentina.


Recorriendo toda su discografía, con la extraña excepción de “The Days of Grays”, y con un entusiasmo envidiable, los finlandeses aprobaron como de costumbre. Más allá de algunos clásicos que la gente se la pasó pidiendo, como “Replica” y “8th Commandment”, y que no les fueron cumplidos, es seguro que nadie se fue insatisfecho del Teatro Vorterix. Aunque sus últimos discos no sean tan bien recibidos, Sonata Arctica sigue siendo un gran acto en vivo, y esperemos que sus siguientes presentaciones sigan teniendo un lleno total como el que se vio en el recinto de Federico Lacroze 3455.




Crónica: Martin Cirillo
Fotografía: Juan K. Baracaldo

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