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Guitarristas insufribles, un baterista que intentó echarlo de su propia banda y el valor de la honestidad: cómo Lemmy mantuvo vivo el sueño de Motorhead.
 
Cuando iniciaste con tu banda, la gente te odiaba ¿Siempre supiste que estabas en lo correcto?

Lemmy
: No del todo. La primera formación era una mierda. Teníamos un baterista (Lucas Fox) que nunca antes había tocado en una banda y Larry Wallis (guitarrista) siempre buscaba lucirse. Eso complicaba todo. Las cosas mejoraron cuando entró Phil Taylor. 

¿La esencia de Mötorhead fue algo que apareció de la nada o tuviste que trabajar en ella?

El secreto estaba en tocar en recitales. Al igual que las bandas de aquel entonces, te parabas frente al público y tocabas. Cuando comenzamos a hacerlo ya estábamos encaminados.

¿Hubo algún momento en particular en que supiste que iba a funcionar?

Eso sucedió cuando Eddie Clarke se unió a nosotros en 1976. Era un guitarrista increíble hasta que se tornó en una persona imposible de tratar.

Recientemente Eddie Clarke dijo: “Lo que nosotros tres hicimos en Mötorhead fue extraordinario. Es una lástima que no podamos estar juntos de grande para reírnos de aquellos buenos y malos momentos” ¿Todavía sueles acordarte de esos días?

No muy seguido, pero cuando los recuerdo, lo hago con cariño. Éramos como un monstruo de tres cabezas, y le pateábamos el culo a todo aquel que decía que éramos la peor banda en el mundo. Algo que todavía seguimos haciendo después de cuarenta años.

¿Consideras un error haber incluido a Brian Robertson como reemplazo de Eddie?

Sí, pero creí que continuaría viéndose como se veía en Thin Lizzy. En cambio, se vestía como un maricón ¿quién necesita al hombre-vagina en su banda? 



¿Qué otros errores cometiste?

Pete Gill, nuestro baterista durante los años ochenta, era grandioso al principio, pero después… ¡trató de echarme de Mötorhead! ¿Puedes imaginarte eso? La única razón por la cual formé Mötorhead fue porque me habían echado de cada una de las anteriores bandas en las que había estado.

¿Crees que lo que salvó a Mötorhead fue haberte mudado a Estados Unidos en los noventa?

Sin duda alguna. Nunca hubiésemos ganado nuestro Grammy. Estaba arruinado. Luego escribí esas cuatro canciones para el disco “No More Tears” de Ozzy, y gracias a eso gané más dinero del que había ganado en el mundo del rock and roll hasta ese momento. Y una vez que nos mudamos, nos convertimos en la banda del momento ya que éramos extranjeros y teníamos un estilo particular.

¿Realmente te importa el Salón de la Fama del Rock and Roll?

Los odio. Les cedí un par de botas, una guitarra y mi campera original de la gira de Ace Of Spades. Perdieron esta última, la cual era muy preciada para mí. El Salón de la Fama del Rock and Roll no es muy rockero que digamos. No tiene valor alguno, sin embargo, no me molestaría estar ahí, si es que eso ayuda a incrementar las ventas.

¿Crees que Mötorhead era una banda genuinamente innovadora, o estaba en el lugar correcto en el momento adecuado?

Un poco de ambas. Toda banda está en el lugar correcto en el momento adecuado. Si Brian Epstein no hubiese ido al Cavern Club y no hubiese quedado fascinado con John Lennon ¿hubieran existido los Beatles? ¿Quién sabe? Lo que nos diferencia de los demás es que nunca nos comprometimos. Es todo o nada, o te gustamos o te vas a la mierda.

Hace cinco años dijiste: “Si los otros dos quieren continuar cuando yo me haya ido, no tendría ningún problema con eso”.

Y es verdad. Pero no encontrarían a nadie que pudiese cantar o tocar el bajo como yo lo hago. No es fácil cantar como yo: no podrías creer la plata que he gastado en cigarrillos y Jack Daniel’s.

¿Cómo te gustaría que recuerden a Mötorhead?

Honestidad, esa es la palabra. Somos una banda honesta y yo soy un hombre honesto y decente.


Fuente: TeamRock.
Traducción: Alejandro Hoet.


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