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Este sábado en Plaza Francia, en Recoleta, se proyectó Cemento, el Documental en el marco de la 19° edición del Bafici. La producción de Lisandro Carcavallo reconstruye por medio de varios e importantes testimonios la historia de Cemento, el boliche fundamental de la historia del rock argentino entre mediados de los ´80 y principios de la década pasada. 


Ahora bien, la fría información se queda en el párrafo anterior. Una crónica sobre lo que sucedió el sábado debe abordarse desde otro punto de vista desde lo emocional Así que empecemos como corresponde.
Cemento, ese reducto oscuro, rústico, que en cada recital era inevitable sentir que te derretías del calor, que cada excursión al baño era una prueba a la salud física y mental, que la entrada y la salida podría ser el principio de una trifulca entre tribus urbanas o bien una arbitraria visita a una comisaría producto de una razzia de rutina, significó un paso importante en la vida de todos los que estaban sentados en el pasto de la plaza, en una fresca y agradable noche de otoño.
Se puede apreciar en el documental una riqueza de valiosos testimonios, desde Katja Alemann, una de las mentoras del establecimiento junto con Omar Chabán, pasando por personalidades de la talla de Ricardo Mollo, todos los integrantes de La Renga, Ricardo Iorio e inclusive el líder de Los Redonditos de Ricota, el Indio Solari.
El abordaje del tema no es forma lineal o puramente histórica, sino que los testimonios van hilvanando una historia que va desde su inauguración, donde las imágenes de una joven y esplendorosa Katja ilustran lo que fue Cemento en sus primeros días: un reducto abierto a todo tipo de manifestación cultural. Luego, el vuelco hacia el rock. Periodistas y músicos relatan en principio las primeras noches rockeras con Sumo y Los Redondos, para luego en los 90 ser el lugar clave para toda banda de rock que se precie de tal.
Sin dudas el contenido emocional está presente en todo momento. Desde los músicos que recuerdan a Cemento como ese punto de encuentro entre otras bandas de su estilo, contando el crecimiento y lo fundamental que fue en sus vidas, pasando por los otros protagonistas: aquellos que en Estados Unidos al 1200 tenían uno de los pocos espacios para ver a las bandas locas que los vieron crecer, para sentirse uno más y no un distinto a todos como la sociedad se los hacía notar en todo momento.
Es de destacar la construcción del documental sobre la figura de Chabán, tan bastardeada en los últimos años de su vida. Múltiples testimonios retratan que nunca dejó de ser un artista que buscaba darles espacio a todas las manifestaciones culturales, sin tener como el norte de todo empresario el rédito económico que ello pudiera significar.
El cierre de Cemento a principios de 2005 fue casi en silencio. Había mucho dolor, mucha tristeza y bronca por lo sucedido en Cromañón, el otro reducto de Chabán que fue el escenario del momento más duro del rock argento como para darse cuenta de lo que estábamos perdiendo. Sin que nos diéramos cuenta, ese ritual de ir desde cualquier punto de Ciudad de Buenos Aires o el conurbano, terminar a altas horas de la madrugada luego de ver varias bandas, seguir la noche en algún bar cercano o bien cruzar los dedos que la espera del transporte público no sea eterna, dejaba de ser parte de nuestras vidas. Quizás no nos dimos cuenta de cuán importante era para nosotros Cemento. Hasta que Lisandro Carcavallo, su documental y alguna que otra lágrima nostalgiosa nos lo hizo notar.
Nota: Matías Barrios
Fotos: gentileza de Martín Bonetto

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