PH: Iñigo Malvido

La primera edición del Iruña Rock no podía resultar más estimulante. El emplazamiento, La Ciudadela de Pamplona, idílico; la logística, prácticamente impecable (tal vez faltó alguna barra más para evitar aglomeraciones al ir a repostar); los organizadores, amabilísimos (salvo una vergonzosa excepción de la que hablaremos más adelante), –un saludo grande a las dos mozas de la taquilla (intentaré averiguar vuestro correo para haceros llegar las fotos apalabradas)-; los precios, asequibles; la asistencia, excepcional para un festival neonato, y el cartel, variado y completísimo (sin duda estos dos últimos puntos, público y artistas, están estrechamente relacionados).

Este cronista decidió hace poco marcarse una ruta periodístico-motera por el norte de España. Por desgracia, al dedicarse a todo esto por amor al arte (algún día habrá que escribir sobre eso), especialmente al musical, y a pesar de haber sido acreditado para la ocasión, no puede permitirse cubrir los festivales a los que asistirá del modo que le gustaría: completos. Ya sabéis: alojamiento, papeo, y gastos derivados de pasar tanto tiempo viendo a grupos (que sí, que estoy hablando principalmente de la cerveza… ¡Cómo sois!), no son costes despreciables para alguien que no ve un pavo por su trabajo. No es oro todo lo que reluce, amig@s. Por eso optó por centrarse en un solo grupo, en este caso Soziedad Alkohólika, por ser uno de sus preferidos desde que tiene memoria musical; y por eso también desea, antes de ponerse a rememorar lo vivido el sábado, durante la segunda jornada del festi, dar las gracias a los organizadores por facilitarle el acceso, y pedirles disculpas por no poder escribir sobre más shows.

Apuntaba antes algún problemilla con la organización, concretamente con la promotora del evento. Antes de centrarme en lo meramente musical, quisiera emplear unas líneas en aclararlo. Por desahogo profesional y personal, sí; pero también porque lo ocurrido condicionó mi manera de vivir el concierto que reseñaré, y me gusta ser honesto con los lectores, y porque, a pesar de llevar poco tiempo en este mundillo, ya empiezo a tener claro que hace falta empezar a defender el trabajo de todos los compañeros, la mayoría en la misma situación que yo (es decir, haciendo esto por mera afición), que se parten el lomo por promocionar el trabajo de gente que sí que se gana la vida con su sudor. Sin nosotros nada de esto sería posible. Que quede claro. Relataré los hechos tal como sucedieron para que no haya lugar a equívocos:

Durante todo el festival, se avisó a la prensa gráfica de que lo pactado iba a ser poder hacer fotos de las 3 primeras canciones de cada grupo. Ya he dicho que yo no vi a la mayoría de ellos. Y sólo hice fotos de La Regadera, para probar condiciones lumínicas y equipo, y, obviamente, de S.A. Pero, hablando con algunos compañeros, confirmé lo que pude vivir en primera persona fotografiando a los de Gandía, a saber, que todos los grupos, sin excepción, se enrollaron con la prensa y permitieron a los cronistas saltarse la norma de los 3 temas. Eso no quita, porque carta en la mesa pesa y porque la excepción a una norma no anula la misma, que, cuando terminó la tercera descarga de los de Vitoria-Gasteiz y se nos pidió amablemente que abandonáramos el foso, todos, sin excepción, obedeciéramos sin rechistar. Los pactos están para ser cumplidos. El encontronazo llegó inmediatamente después cuando, ya en la zona del backstage, y mientras atacábamos una tortilla de patatas que había en el catering, el máximo responsable de la promoción nos incitó a marcharnos tratándonos como perros y señalando de malas maneras. Por ahí, YO, no paso. Y cada cual que aguante su vela. Mi primera reacción fue cargar la mochila al hombro y encaminarme hacia la puerta que daba a la pista principal. Pero soy de sangre caliente y no me gusta callarme, así que deshice los 4 pasos andados, le miré a los ojos al menda (no quiero ni saber su nombre) y le espeté, más bien alterado: “la próxima vez lo pides bien”.

Antes de que todo esto ocurriera, y aún en el foso, pudimos asistir, con la cámara todavía ante los ojos, pero los oídos bien abiertos, a los tres primeros trallazos por parte de los euskaldunes: la elegida para abrir el show fue “Alineado”, de su último trabajo, “Sistema Antisocial”. Una canción perfecta para empezar pues apela a nuestra conciencia crítica (así nos íbamos preparando para toda la carga social que conlleva disfrutar de las canciones de S.A) y, además, tiene el tono vocal perfecto para que Juan caliente su voz y pueda afrontar con ciertas garantías canciones más antiguas y exigentes en ese aspecto. Hay que decir, antes que seguir, que, debido a una pérdida personal (desde aquí nuestras condolencias), el guitarrista Jimmy no pudo formar parte de la formación esa noche, quedándose el grupo en cuarteto e intentando tirar para adelante el show sin que las canciones se resintieran demasiado. La potente “Causas podridas”, también de su nuevo plástico, y “Política del miedo”, del “Mala Sangre”, en la que se echó en falta la colaboración de los Violadores del Verso, nos terminaron de meter en vereda. Buen sonido, espectacular juego de luces, una escenografía sobria pero efectiva y un grupo en un buen estado de forma con un fuera de serie a la batería.

El primer gran salto en el tiempo, hasta el año 2000, llegó con la homónima “Polvo en los ojos”, y nos pilló en pleno conflicto, ya relatado. Así que los siguientes tres temas, “Niebla de guerra”, “Sistema antisocial” y “Palomas y buitres”, me cogieron calentito y debo admitir que no fui los suficientemente profesional como para dejar la rabia de lado y centrarme en el espectáculo.

Fue “No quiero participar”, una de mis preferidas de toda la discografía del grupo, la encargada de devolverme al aquí y al ahora y recordarme el porqué de mi presencia en el festival: la emoción que me producen la música y las letras de discos como el “Ratas”, una puta obra maestra del género. Al parecer, no fui el único al que esta canción le devolvió a los mejores tiempos del combo, pues el público rugió al son de unos versos que denuncian que hasta para morirse haya que pagar. Con el personal ya enchufado, el subidón fue de órdago cuando sonaron, seguiditos, dos temas de su disco debut (si no contamos la maqueta): “Ciencia Asesina” y “Contra la agresión, castración”. Hardcore-punk del de antaño, de antes de que los vascos se adentraran casi de lleno en el Crossover. Dejadme que me detenga un momento, antes de seguir desgranando los temas ofrecidos, para explicar mis impresiones sobre el estado actual de la voz de Juan. Si bien en los lanzamientos discográficos el cantante ha hecho un esfuerzo importante para que las letras que pretende transmitir lleguen claras, a base de vocalización y bajando unas cuantas octavas los tonos respecto a sus comienzos, en directo todavía se echa de menos, especialmente cuando les llega el turno a composiciones añejas, un mayor control sobre la dicción que ayude, sobre todo a los no iniciados, a captar los mensajes. Si bien los que conocemos bien la discografía del grupo no dejamos de corear la gran mayoría de los himnos que fueron cayendo, poniéndome en la piel de alguien que pasara por allí y quisiera saber de qué va esto de S.A., no puedo evitar preguntarme si no se quedaría, en más de un momento, algo descolocado al no entender más que una de cada tres palabras que salen por la boca del voceras. No creo que la cosa mejore ya pues estamos hablando de una formación que lleva casi 30 años dando brea. Pero que por mí no quede. Queda dicho.

El siguiente tramo del concierto nos llevó desde 2011, con la oscura “Cadenas” (del “Cadenas de Odio”), a 1993, año de publicación del “Y ese que tanto habla está totalmente hueco, ya sabéis que el cántaro vacío es el que más suena” (la elegida para la ocasión fue la mítica “Atutomarginado”), y de vuelta a los tiempos del “Ratas” (1995), con el tema que da título al disco, seguido de la anti mediática e intensa “La aventura del saber”, en la que Alfred Berenjena demostró por qué fue el elegido para sustituir a uno de los mejores baterías que ha dado este país: el gran Roberto Castresana.

Entramos así en el último tercio de la velada. Nueve temas más, a cada cual más coreable y disfrutable. De la mala baba de “Policías en acción” (de su último disco) a una de las mejores obras de los LP’s del actual siglo: “Piedra contra tijera” (“Tiempos Oscuros”, 2003); del euskera en “Pauso Bat” al latín en “Errare humanum est”; del protopunk de “Padre Black and Decker” (ya va siendo hora de que la maqueta sea regrabada, igual que se hizo con el disco debut), a una de las pocas canciones del género que me ha hecho llorar de emoción: “Cuando nada vale nada”, del “Ratas”; del speed de S.H.A.K.T.A.L.E (uno de los temas que les llevaron ante los tribunales, siendo por suerte absueltos de los cargos de, entre otros, enaltecimiento del terrorismo) a la versión del “Pick up slip up” de Fischer-Z incluida en el “Di-versiones” (1996): “Motxalo”. Y para cerrar la fiesta, por supuesto, la ineludible “Nos vimos en Berlín”, otra de las perseguidas y censuradas por la justicia y la administración, pero más conocidas y respetadas por los seguidores, lo cual no hace más que confirmar lo lejos que siguen estando las instituciones del pueblo llano.

En resumidas cuentas: el camino iniciado por el Iruña Rock no es que prometa, es que cumple ya desde el primer día. Los conflictos forman parte de la vida (y todos tenemos parte cuando uno sucede, incluido yo, seguramente, en el que os he explicado) y por eso no vamos a olvidarnos de lo importante: seguir disfrutando de artistas que nos hacen la vida más llevadera y, por encima de todo, nos ayudan a comprender un mundo que los de arriba nos pintan muy diferente a como es en realidad. Soziedad Alkohólica, volviendo a centrarnos en la causa principal que me llevó a hacer noche en Zubiri (preciosa zona, por cierto), llevan más de un cuarto de siglo ayudándonos a abrir los ojos a aquellos que preferimos la suciedad de la realidad a la falsedad del ideal. Se echa de menos en sus directos, especialmente en los últimos años, algo más in de interacción con el público y un dejarse llevar que parece que han ido dando de lado a medida que se han ido profesionalizando. Pero ahí están las canciones. Esas no cambian. Ni lo harán.

Crónica: Quim Heras
Fotografía: Iñigo Malvido

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