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Una Leyenda, según la RAE, y entre otras acepciones, es una “persona convertida en ídolo, en especial la que pertenece al mundo del espectáculo”. A este respecto, todos sabemos en qué punto se encuentra el panorama metálico-rockero en la actualidad: aquellos grupos que se han convertido, merecidamente o no, en ídolos (a pesar del error que supone siempre transformar cualquier aspecto de la vida en mito), se llevan el pato al agua, especialmente en directo (el sustento principal, no lo olvidemos, de las formaciones musicales en tiempos del quierolosdiscosgratis). Los demás, o bien sobreviven o tienen que conformarse, muy a pesar del señor Sherpa, con poder hacer lo que les gusta sin tener que pagar un canon por ello. Es por eso que resulta curioso que un festival que se diferencia de los grandes monstruos, tanto europeos (Wacken, HellFest, etc.), como estatales (RockFest, Resurrection, etc.), apostando más por la música que por los nombres, lleve ya 12 años llamándose Leyendas del Rock.



Que no os lleven a engaño las palabras del primer párrafo de esta previa. La intención es (además de hacer un juego con el nombre del evento) destacar el que, según esta redacción, es el hecho diferencial básico del festival que este año se celebrará en Villena (quinta edición ya en el municipio alicantino) del 9 al 12 de agosto: el mayor peso en su cartel de bandas cuya trayectoria ronda los 25 años (y cuyo momento álgido, creativamente hablando, se produjo entre finales de los 90 y principios del actual siglo), desmarcándose así de la tendencia de otros macro conciertos a contratar grupos que, si bien todavía tienen mucho que ofrecer en directo (aunque sea a base de samplers y efectos), hace tiempo que discográficamente viven de rentas. Así, a los que, como el que esto escribe, nos enganchamos a esto de la mal llamada música dura en pleno auge del Power Metal Europeo (preminentemente alemán), es decir, en la última década del siglo XX, se nos hace la boca agua al repasar la lista de artistas invitados de este (y cualquier) año del Leyendas, e imaginarnos encima del mismo escenario, y en el impase de un puñado de días, a los powertolkianos Blind Guardian, a los nuevosañejos Rage, a los pristianos Primal Fear, a los clasicistas Hammerfall, a los pumpkinianos Masterplan, a los barrocos Rhapsody, a los teutones Firewind o, ya dentro de nuestras fronteras, a Saratoga o Avalanch.

Pero el Leyendas ha crecido, y mucho, desde aquella primera edición del 2006 en Mazarrón, en la que la totalidad de las bandas fueron estatales (y destacó la presencia de Barón Rojo, quienes ya llevaban un tiempo arrastrando su nombre por los escenarios), así que la organización, que, igual que la policía, no es tonta, tampoco le hace ascos, a la hora de configurar el plantel, a otro tipo de artistas además de los ya mencionados. Así, en esta ocasión, los partidarios de bandas más que consagradas, podrán disfrutar de nombres como Obús, Medina Azahara, el ya mencionado Sherpa, Overkill, Raven o UFO; los que disfruten más con bandas cuya andadura comenzó a partir del 2000 gozarán con Saurom, Amon Amarth, Epica, Sabaton o Zenobia; y los que prefieran apoyar a bandas emergentes, pero de demostrada calidad y solvencia, no se perderán las actuaciones de Alestorm, Triptykon o Battle Beast. Todo esto (además de muchas otras bandas que no podemos mencionar por espacio – pedimos disculpas a las mismas) sin olvidar el espacio para el obligado tributo (en este caso le toca a Metallica), la presencia de lo que puede considerarse un grupo mediático, como es el caso de Steave’n’Seagulls, el acontecimiento que será la actuación de Max & Igor (exSepulturas) Roots, ni el bombazo de este año: Megadeth.

El que esto escribe tuvo la oportunidad, el año pasado, de asistir por primera vez al Leyendas del Rock y no miente al decir que lo pasó como un enano. Y no sólo por la música: la organización fue más que correcta; la afluencia, la ideal; los precios, asequibles; el emplazamiento (a pesar del calor), ideal; la posibilidad de disfrutar de la piscina por un módico precio, un lujo; y el ambiente (carpa del camping y conciertos acústicos en el pueblo incluidos), inmejorable. Así que ni os lo penséis. ¡¡¡¡Todos p’Alicante!!!

Por: Quim Heras

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