La noche cubre con su lúgubre manto las calles de Santiago este día miércoles, el cual no es como el resto. Hoy veríamos junto al equipo a Anathema, la mítica banda de Liverpool que aterrizaba esta noche en el Teatro Coliseo, en pleno centro de Santiago de Chile, para presentar su último disco, The Optimist, junto a un puñado de clásicos de la banda inglesa, que prometía llevarnos al límite de la emoción en esta velada nocturna.

Los relojes anuncian las nueve en punto y un par de minutos después se ilumina la pantalla, el público arde. Es una animada línea de teclado la que marca la entrada de los seis músicos. Entre ellos destaca Daniel Cavanagh, quien entra vistiendo una polera con la bandera chilena con su nombre estampado en la espalda, sumada a los clásicos audífonos que lleva en los conciertos. Se abren paso iniciando con Untouchable, part 1, dando gala de que, pese a que han pasado cinco años desde el lanzamiento del Weather Systems, sigue siendo un tema que hace vibrar a cualquier fanático y toca las fibras más escondidas en nuestros corazones.

Seguida de Untouchable, part 2, la noche auguraba un panorama catártico sinigual; el público se agitaba espasmódico al ritmo de las melancólicas letras de la banda, las cuales eran enérgicamente coreadas por un público totalmente entregado al sopor del momento, que fundía en cada nota tintes pasivo-agresivos característicos del estilo de Anathema. Al término del tema se siente un silencio inusitadamente cómodo, que se rompe con un fuerte “¡Gracias Santiago!” de Daniel Cavanagh, quien se aprestó a interactuar con el público y a agradecer al fanpage Anathema Chile y a los fanáticos chilenos por el apoyo y la energía.

Luego del breve discurso de Cavanagh, la banda se apresta a mostrar parte del nuevo material tocando en bloque Leaving it behind, Endless ways y la homónima The Optimist, que, acompañadas de las enigmáticas y potentes luces de automóvil de la portada del disco proyectadas, producían la mezcla perfecta para que los ingleses demostraran que, pese al pasar de los años, el sello clásico de Anathema estaba intacto. Agradablemente destaca Lee Douglas, quien le mostró a la audiencia chilena la potencia de su voz, que aportaba su toque especial a este momento de la noche.

A partir de este punto la banda vuelve a tocar los clásicos del disco del 2010 We’re here beacuse we’re here: Thin air y Dreaming light, los cuales nos tuvieron a todos los presentes al borde de las lágrimas entonando sus melancólicas letras; el sentimiento ya era generalizado, personas a mi alrededor lloran desconsoladas, otras miran el espectáculo atónitas con miradas cristalinas, probablemente recargadas de recuerdos. Es el efecto de Anathema en todo su esplendor dejándose caer pesadamente sobre el público del Teatro Coliseo. Lee es iluminada al final de la canción por un puñado de tenues luces escarlata, donde nuevamente quiebra algo dentro de nosotros y nos hace pensar y recordar nuestros momentos más frágiles.

Continúan el concierto con Can’t let go, impecable interpretación para uno de los temas del nuevo disco, donde las luces de automóvil son proyectadas otra vez. A ella le sigue Lightning song, que con un suave, pero vigoroso comienzo me hace percibir la potencia del ambiente, que se carga como una nube en una tormenta.

Nuevamente la banda interactúa con la audiencia y esta vez es el turno de Vincent Cavanagh para conversar. El público chileno da una muestra de su picardía haciendo que el músico diga una y otra vez “P*ta la hu*á”, ante las risas de los presentes. El grupo vuelve a la carga, esta vez interpretando un bloque de temas del emblemático disco Judgement, El turno en esta ocasión fue para Deep, Pitiless, Forgotten Hopes y Destiny is dead, las cuales hicieron que el público saliera momentáneamente del letargo y saltara frenéticamente al ritmo de las canciones más animadas.

El concierto está en su apogeo y Daniel explica que la canción que viene sería tocada por primera vez en el país, a petición de Anathema Chile, se trata de The storm before the calm, que pese a la complejidad innata que implica interpretarla, es ejecutada de manera impecable por el sexteto de Liverpool. A ésta le siguió la clásica triada compuesta por The beginning and the end, Universal y Closer, que sellaban la primera parte del show con broche de oro entre los vítores de los fanáticos enardecidos.

La banda regresa y Lee, junto a John Douglas sorprenden al volver vestidos, ella con una camiseta de la selección chilena de fútbol con el número ocho y su nombre en la espalda, y él con una camiseta del equipo Everton, de Viña del Mar. Suena Springfield con una ecualización excelente, seguida de la emotiva A natural disaster, para la cual Daniel pide que todas las luces del escenario se apaguen y que todos los presentes encendamos las linternas de nuestros teléfonos celulares y las apuntemos hacia ellos, creando la atmósfera perfecta para un encuentro personal, un momento íntimo entre los cientos de fanáticos que estábamos allí y los miembros de la banda. Un fondo estrellado corona el final de este trozo de historia que se escribe hoy en el teatro coliseo, para dar el paso a la interpretación de Distant satellites (único tema que tocaron del disco homónimo del 2014) con el cual cerraron el primer segmento de encore.

El bloque final marca la llegada del todos los miembros de la banda (excepto Daniel Cavanagh) con poleras con la bandera chilena y sus nombres en la espalda. La despedida no podía ser menos y sonaron raudos los temas Flying, Lost control, Destiny y Fragile Dreams, con los cuales Anathema dio por establecido, luego de casi tres horas de show, que son parte del círculo indiscutido de las cabezas del rock progresivo actual. Llega a nosotros al final un fuerte “¡Vamos Chile!” de Vincent y Daniel, con lo que comienza este último viaje sin retorno que termina en los vítores, aplausos y gritos de un público atónito que ve el escenario iluminado, donde la banda sentada recibe un homenaje multitudinario, un homenaje necesario. La banda comparte fotos con el público y una calurosa despedida después de esta noche donde los ingleses nos entregaron un show incomparable en calidad y emoción.

Crónica realizada por Sergio "Wakko" Parra
Fotografía de Felipe Pino Guerrero



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