PH: Fernando Serani / MetalEyeWitness.com
Los estadounidenses Nile se tomaron cuatro años para volver a la Argentina. Una vuelta que se dio en Uniclub, de la Ciudad de Buenos Aires. En un recinto colmado, a pesar de la fuerte lluvia, todo se dio a la perfección.

Los primeros teloneros de la noche fueron Morvida. La banda, que fue entrevistada por El Cuartel del Metal hace unos pocos días, apareció silenciosa en el escenario y, después de un par de notas para asegurarse de que todo estuviera en orden, arrancaron con "Desconfianza". Aunque no se mostraron súper comunicativos con el público, el Death Metal con toques thrasheros de la banda de San Miguel fue más que suficiente para arrancar la fecha. Repasaron canciones como “La Maldición”, “Sueño Lúcido” y “Blanca Oscuridad”, de su primer álbum Después Del Horror, y se ganaron unos cuantos aplausos de los presentes.

La noche siguió con la presentación de 1917. La banda de Alejandro Sabransky tuvo un set discreto en palabras, pero intenso en su presentación, tocando canciones de casi todos sus discos. Aunque con algunos problemas de acople y con un sonido un tanto confuso por momentos, la densidad de canciones como “Las Tumbas de la Virtud” y “Al Fin Te Besa La Muerte”, además de instrumentales como “Exordio” y “Visiones” suplió todos los problemas. La banda cerró con “Brotherhood of Barbarism”, llevándose el cariño del público y reivindicándose como uno de los grupos de mayor trayectoria del metal extremo argentino.



Incluso siendo una de bandas con mayor énfasis en la estética de la escena extrema nacional, uno hubiera pensado que Matan S.A. no se molestarían en traer todo su espectáculo para media hora de recital. Pero la banda de Claypole fue contra esas expectativas y salió al escenario con toda su parafernalia de humo y estética de película clase B, con el cantante Wata pareciendo un vagabundo salido del infierno. Las intro de las canciones también fueron de la mano y, junto al death metal de sus dos discos como “Vuelvo a saciar mi sed”, “Los Odio”, “A Decapitar” y “Enveneno la vida”, dieron lugar a varios de los mejores momentos de la noche, incluso con el espacio y tiempo limitado.

Después de poco más de media hora de espera, el telón se abrió para dar paso a la presentación de Nile. Con el ankh (la cruz egipcia) colgante de Karl Sanders como única representación de la temática del grupo, la banda se dispuso a desgranar sus canciones tan llenas de brutalidad como de técnica, un aspecto donde la precisión milimétrica con la que Sanders y Brian Kingsland (quien se sumó a esta gira reemplazando al histórico Dallas Toler Wade) recorrían sus guitarras o con la que Brad Parris (el otro miembro nuevo) hacía sonar su bajo, despertó la envidia de más de uno, sumado a las participaciones vocales de cada uno de ellos. Por otro lado, el griego Georgios “George” Kollias fue un reloj suizo detrás de su enorme batería.

La lista estuvo más cerca de un repaso de la discografía de la banda de Carolina del Sur que de presentación de What Should Not Be Unearthed, el álbum que en los papeles los había traído hasta acá, aunque el público no se quejó en ningún momento y disfrutó de cada uno de los clásicos brutales de Nile. Es así que una canción nueva como “In The Name of Amun”, terminó junto a clásicos como “Defiling The Gates of Ishtar”, “Kafir” y “Sarcophagus”, y hasta” The Fiends Who Come to Steal the Magick of the Deceased”. Cada una de estas canciones desató un mosh violento entre el público, que ya a la segunda o tercera estaba intentando subirse al escenario, lo que llevó a Sanders a pedir, en idioma “spanglish” (una mezcla de español e inglés medio casero), que no intentaran subirse porque era un lugar muy chico.

Más allá de eso último, todos los encargados de las cuerdas tuvieron sólo palabras positivas para el público, tomándose un tiempo entre canción y canción para darle gracias a la gente por haber ido, creando un ambiente íntimo difícil de imaginar con semejante música.

Con “Black Seeds of Vengeance”, directo de su segundo álbum del mismo nombre y con la gente coreando el título de la canción, Nile cerró su set retirándose en seco, sin ningún tipo de intento de bis. Puede que el recital haya dejado a alguno con ganas de más, pero la verdad es que lo mostrado por el grupo fue más que suficiente para dejar al público más que encantado y con algunos moretones por el “pogo” generalizado.Los estadounidenses Nile se tomaron cuatro años para volver a la Argentina. Una vuelta que se dio en Uniclub, de la Ciudad de Buenos Aires. En un recinto colmado, a pesar de la fuerte lluvia, todo se dio a la perfección.

Los primeros teloneros de la noche fueron Morvida. La banda, que fue entrevistada por El Cuartel del Metal hace unos pocos días, apareció silenciosa en el escenario y, después de un par de notas para asegurarse de que todo estuviera en orden, arrancaron con "Desconfianza". Aunque no se mostraron súper comunicativos con el público, el Death Metal con toques thrasheros de la banda de San Miguel fue más que suficiente para arrancar la fecha. Repasaron canciones como “La Maldición”, “Sueño Lúcido” y “Blanca Oscuridad”, de su primer álbum Después Del Horror, y se ganaron unos cuantos aplausos de los presentes.

La noche siguió con la presentación de 1917. La banda de Alejandro Sabransky tuvo un set discreto en palabras, pero intenso en su presentación, tocando canciones de casi todos sus discos. Aunque con algunos problemas de acople y con un sonido un tanto confuso por momentos, la densidad de canciones como “Las Tumbas de la Virtud” y “Al Fin Te Besa La Muerte”, además de instrumentales como “Exordio” y “Visiones” suplió todos los problemas. La banda cerró con “Brotherhood of Barbarism”, llevándose el cariño del público y reivindicándose como uno de los grupos de mayor trayectoria del metal extremo argentino.

Incluso siendo una de bandas con mayor énfasis en la estética de la escena extrema nacional, uno hubiera pensado que Matan S.A. no se molestarían en traer todo su espectáculo para media hora de recital. Pero la banda de Claypole fue contra esas expectativas y salió al escenario con toda su parafernalia de humo y estética de película clase B, con el cantante Wata pareciendo un vagabundo salido del infierno. Las intro de las canciones también fueron de la mano y, junto al death metal de sus dos discos como “Vuelvo a saciar mi sed”, “Los Odio”, “A Decapitar” y “Enveneno la vida”, dieron lugar a varios de los mejores momentos de la noche, incluso con el espacio y tiempo limitado.

Después de poco más de media hora de espera, el telón se abrió para dar paso a la presentación de Nile. Con el ankh (la cruz egipcia) colgante de Karl Sanders como única representación de la temática del grupo, la banda se dispuso a desgranar sus canciones tan llenas de brutalidad como de técnica, un aspecto donde la precisión milimétrica con la que Sanders y Brian Kingsland (quien se sumó a esta gira reemplazando al histórico Dallas Toler Wade) recorrían sus guitarras o con la que Brad Parris (el otro miembro nuevo) hacía sonar su bajo, despertó la envidia de más de uno, sumado a las participaciones vocales de cada uno de ellos. Por otro lado, el griego Georgios “George” Kollias fue un reloj suizo detrás de su enorme batería.

La lista estuvo más cerca de un repaso de la discografía de la banda de Carolina del Sur que de presentación de What Should Not Be Unearthed, el álbum que en los papeles los había traído hasta acá, aunque el público no se quejó en ningún momento y disfrutó de cada uno de los clásicos brutales de Nile. Es así que una canción nueva como “In The Name of Amun”, terminó junto a clásicos como “Defiling The Gates of Ishtar”, “Kafir” y “Sarcophagus”, y hasta” The Fiends Who Come to Steal the Magick of the Deceased”. Cada una de estas canciones desató un mosh violento entre el público, que ya a la segunda o tercera estaba intentando subirse al escenario, lo que llevó a Sanders a pedir, en idioma “spanglish” (una mezcla de español e inglés medio casero), que no intentaran subirse porque era un lugar muy chico.

Más allá de eso último, todos los encargados de las cuerdas tuvieron sólo palabras positivas para el público, tomándose un tiempo entre canción y canción para darle gracias a la gente por haber ido, creando un ambiente íntimo difícil de imaginar con semejante música.

Con “Black Seeds of Vengeance”, directo de su segundo álbum del mismo nombre y con la gente coreando el título de la canción, Nile cerró su set retirándose en seco, sin ningún tipo de intento de bis. Puede que el recital haya dejado a alguno con ganas de más, pero la verdad es que lo mostrado por el grupo fue más que suficiente para dejar al público más que encantado y con algunos moretones por el “pogo” generalizado.

Crónica: Martin Cirillo
Fotografía: Fernando Serani / MetalEyeWitness.com



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