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Foto: difusión


El alcohol y Ozzy Osbourne siempre serán los mejores amigos. Fue una noche de 1991, cuando el príncipe de las tinieblas estaba pasado de copas, como de costumbre y de un chipazo vino con el riff de No more tears. Se comenzó a sentir productivo.


Es así que decidió ir a terapia y dejar por un lado lo que no le concentraba en el proceso de composiciones. De una vez por todas, quería aflorar todo su lado creativo ya que se sentía totalmente inseguro, esta vez.

Por suerte, estuvieron sus amigos Lemmy Kilmister y Zack Wylde para salvar el álbum. Por su parte, el bajista de Motörhead compuso las letras para el tema homónimo, I Don't Want to Change the World, Mama, I'm Coming Home, Hellraiser. Mientras que el futuro fundador de Black Label Socety perfeccionaba las canciones con sus genialidades.

"Quedarse cinco meses sobrio es muy difícil", Ozzy admitió durante una entrevista con Guitar World. "No sé si el álbum fue bueno o no", inmediatamente decía humildemente.

De nuevo volvió a dicha revista y ahora sobrio respondió: "Es uno de mis discos preferidos. Luego de estar unos años con mis músicos, siento que me entiendo mejor con ellos, sobre todo con Zakk ".

El álbum fue recibido con gratitud entre los fanáticos, estuvo en el 5to puesto de las listas Billboard en su primer año ganando una certificación platino. En 9 años, en el 2000 sería clasificado cuádruple platino por la RIAA.

Luego de todo esto, Ozzy volvería con su mejor amigo, el alcohol, pero a sorpresa, se tomaría unas vacaciones alegando que se aburrió de las giras y de su personaje como el "príncipe de las tinieblas". Precisamente, en 1996, volvería entre los muertos con la gira "el retiro apesta" (Retirement sucks).



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