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Foto: difusión

El metal estaba en su apogeo y había toda una legión de fanáticos fieles, el mundo no pudo estar mejor. Pero como siempre, detractores hay. Se enjuició a las bandas de esa época como Ozzy Osbourne, Twisted Sister y Judas Priest no iba a quedar fuera de esta lista negra.


El caso del suicidio de dos jóvenes en Nevada, EEUU. por estar escuchando unos discos de la banda británica, retrasó la salida del disco Painkiller.

Los padres de los afectados denunciaron a Rob Halford y compañía, ya que alegaban que varias de sus canciones tenían mensajes subliminales.

Absurdo para nuestra lógica y no obstante Judas Priest fue absuelto de cualquier cargo.
Las bandas no pueden ser ajenas a estos casos, tampoco pueden pagar la deuda ya que no tienen la culpa, ya que cada uno decide por sus acciones.

De esta manera, Judas Priest se lanzaba con uno de los discos más exquisitos de este género, Painkiller.

El álbum abre con un asombroso solo de batería, a cargo de Scott Travis, quien hace su glorioso debut en la banda. Las guitarras gemelas de K.K. Downing y Glen Tipton alcanzaban ya niveles extraordinarios, la pesadez y la firmeza que le aumenta el bajo de Ian Hill y finalmente, la estruendosa voz de Rob Halford hacen una entrada triunfal a uno de los himnos del heavy metal.

Esta producción no termina acá, si bien es cierto nunca baja la intensidad, tampoco la aumenta pero se destacan Hell Patrol, All Guns Blazing, Leather Rebel, Metal Meltdown y Night Crowler, en donde siguen una fórmula única, repetitiva, bastante potente impuesta por los británicos. 

A touch of evil se destaca por ser una canción con bastante maldad, lenta pero tiene una fuerza extraordinaria que la complementa Don Airey (Deep Purple) en el teclado.
El disco se despide con la media balada Living Bad dreams, menuda forma de terminar un trabajo bastante heavy, como presagiando algo que se avecinaba. 

La pesadilla se hizo real cuando Rob Halford dejó la banda en 1992, para hacer su propia música. Una época terminaba y dejaba un gran hueco en el mundo del Heavy Metal, que por cierto nunca pudo ser reemplazado.

Ropa de cuero negro con púas, motocicletas y testosterona, estos fueron los ingredientes elegidos para crear el heavy metal perfecto, pero Rob Halford accidentalmente añadió otra ingrediente a la fórmula, el toque de maldad. Así nació Painkiller que lo crearon para hacer de éste un disco memorable y demostrar a todos los detractores que están más vivos que nunca.



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