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Me hallo sentado escribiendo estas palabras mientras el mundo metalero celebra el vigésimo séptimo aniversario de una auténtica joya del rock pesado como lo es "Seasons in the Abyss".

Ahora bien ¿Por qué este álbum representa el cierre de un ciclo dentro de la carrera de Slayer? Para entender esto, primero debemos analizar los trabajos previos a este "Estaciones en el abismo" y examinar, en líneas generales, el sonido de la banda y como este fue cambiando con el pasar de los discos.

Viajemos al año 1983, época en la que la banda nos presentaba su primer disco de estudio, "Show no Mercy". Por supuesto que en este marco temporal se sitúa el nacimiento del Thrash como género. Pero cuidado, porque este no estaba ni cerca de consolidarse como tal. Bandas como Metallica, Slayer, Exodus, etc, comenzaban, de a poco, a agregarle más leña al fuego de la pesadez. "Show no Mercy" fue un muy buen álbum debut, con mucha influencia punk, que ya comenzaba a desprender elementos únicos y particulares.

En 1985, la banda volvería a atacar con uno de sus mejores trabajos. "Hell Awaits". Aunque no sea tan notoria como en álbumes posteriores, la diferencia entre este álbum y "Show no Mercy" es abismal. Los músicos comenzaban a adquirir más técnica y experiencia, el dúo King-Hanneman empezaba a pulir mucho las composiciones y como no mencionar las líricas características de la banda que tanta controversia generaron y lo siguen haciendo hasta el día de hoy.

Sin embargo, el salto de calidad más grande del grupo ocurre con la reliquia "Reign in Blood". Indiscutiblemente, uno de los álbumes mas importantes de la historia del género. Posiblemente uno de los discos encargados de consolidar las bases del Thrash Metal. En solamente media hora, Slayer delibera una lección monstruosa de velocidad, agresión y técnica. Tempos superiores a 240 bpm con un excelso uso de doble bombo a cargo de Dave Lombardo, solos a velocidades insanas de Kerry King y Jeff Hanneman, un despliegue vocal magnífico por parte de Tom Araya... Sinceramente, no hay defecto alguno en este álbum.

Para la sorpresa de muchos, en el año 1988 llegó un cambio. Slayer lanzaba el "South of Heaven". No me estoy refiriendo en absoluto a un cambio perjudicial. Fue un cambio distinto, si se me permite la redundancia del argumento. La dinámica variedad introducida por este álbum, mezclaba el Slayer de aquel épico "Reign in Blood", con elementos novedosos. Tempos más lentos, rasgos más melódicos e incluso algún que otro componente de groove. Temas como "Ghosts of War" y "Mandatory Suicide" son bastante diferentes entre sí, pero a la vez, se complementan a la perfección. Si bien Slayer había introducido un cambio con este trabajo, el horizonte estaba despejado y claro.

He aquí el momento de hablar del álbum en cuestión. El comienzo de una nueva década veía el arribo del quinto álbum de estudio de la banda, titulado "Seasons in the Abyss". Comenzaré por decir que este es un fantástico álbum. Ahora ya conocíamos la dirección que estaba tomando la banda. Agarrá el "Reign in Blood", mezclalo con el "South of Heaven" y obtenés este álbum como resultado. Nuevamente la fiereza se veía reflejada en canciones como "War Ensemble" y la melodía y desaceleración en temas como "Dead Skin Mask". Uno de los mejores trabajos de la banda.

Yo no soy el vocero del metal ni mucho menos, pero creo que una gran parte de ustedes coincidirá conmigo cuando digo que después del "Seasons in the Abyss", el panorama se ennegreció para la banda. Tras la salida de Dave Lombardo, la banda contrato a Paul Bostaph (Forbidden, Testament, Exodus). "Divine Intervention" fue el primer disco con Bostaph en la batería, y si bien no es un buen álbum, es kilométricamente mejor de lo que estaba por venir. Con "Diabolus in Musica", lanzado en el año 1998, la banda se hundió en un abismo del que, afortunadamente, supo salir a tiempo. Un disco que de thrash tenía poco y nada, que ostentó deambular por terrenos nu-metaleros con afinaciones más bajas y sonidos muy diferentes. Nada bueno salió de esto.

Con la llegada del nuevo milenio, Slayer entendió que era momento de despojarse de aquel estilo de composición y volvió al mercado con "God Hates us All". Este sería un disco mucho mejor que el "Diabolus in Musica" (tampoco que este fuera muy difícil de superar), pero que ni se acercaba a la época dorada ochentosa de la banda. Este fue sucedido por el "Christ Illusion", el "World Painted Blood" y su más reciente trabajo "Repentless".

Creo que es certero hablar de tres grandes etapas dentro de la carrera de la banda. La primera se dio en la década del ochenta con los éxitos más sobresalientes como "Reign in Blood", "South of Heaven" y "Seasons in the Abyss". La segunda etapa engloba el período de los años 90 para la banda con el "Divine Intervention" y el polémico "Dibolus in Musica". La tercera y última etapa comienza en el 2001 con el "God Hates Us" y sigue siendo transitada en la actualidad.

"Seasons in the Abyss", como bien se encuentra explicitado en el título, fue el cierre de un ciclo. Lo que Slayer logró hacer en siete años (1983-1990) fue magistral. Pocas bandas han sido tan influyentes como Slayer y dentro del Thrash puede ser incluso la mayor referencia de la historia. Todo esto gracias a cinco magníficos álbumes como los confeccionados en aquella época. Sin embargo, la década del noventa no fue muy amigable para los muchachos de Los Angeles. Su calidad compositiva bajó drásticamente, y muchas de las bases sobre las cuales habían sabido cimentar su legado comenzó a decaer. Si bien pudieron salvarse con discos como "God Hates us All", "Christ Illusion" o incluso el mismo "Repentless" que a pesar de no haber recibido tantas rosas, tiene muchos elementos rescatables (la participación de Gary Holt por supuesto que ayuda). Por algo es que en las presentaciones en vivo de la banda el set está compuesto, en su mayor parte, por temas de la primera etapa. "Seasons in the Abyss" se encargó de finalizar ese primer capitulo de la historia de Slayer. Si bien es prácticamente imposible que la agrupación vuelva a entregarnos un trabajo de semejante envergadura, estas canciones género-definitorias persisten en el tiempo y quedarán como himnos fundamentales en la historia del metal.

Columna por: Federico Solari

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