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PH: Juan K. Baracaldo
Palermo Club es un lugar que funciona más que nada como boliche, pero que ya en ocasiones anteriores ha servido para tener presentaciones de bandas pesadas internacionales como The Amity Affliction y The Dillinger Escape Plan. Esto viene a colación porque, con su imagen de luces verdes y rojas y su prominente bola de espejos girando sobre el público, este lugar situado en Borges 2454 de la Ciudad de Buenos Aires, bien puede parecer un tanto alejado de lo que uno esperaría de un recital de rock, pero su ubicación cómoda, una capacidad correcta y un sonido más que destacable fueron suficientes para que fuera elegido como sede, el pasado viernes 20 de octubre, del Blastfest.  Un festival de metal extremo que, en su primera edición, promete convertirse en una cita obligada para todo aquel fanático del género.

Pude observar la presentación de Mortuorial Eclipse cuando los cordobeses estaban cerrando su set con sus dos últimas canciones. Fue una propuesta bastante interesante tanto desde el lado de la música (el Black Metal sinfónico no es algo que se vea mucho en Argentina), como desde la imagen. Habrá que darse una oportunidad para verlos en el tiempo que se debe.

Apenas diez minutos después, Lepergod salió al escenario. Los comandados por el cantante y guitarrista Rodrigo “Thav” Sánchez, lejos de la imagen estoica que suelen mostrar en sus fotos promocionales, se mostraron animados y comunicativos con el público. Con Thav aprovechando cada oportunidad para arengar a los presentes y expresar algunas palabras sobre cada canción. En cuanto a lo musical, el grupo se mostró sólido como una roca al momento de tocar su death/black oscuro y violento, repasando canciones como “Diatriba Infernal”, “La Cruz Traidora” y ““Dark Seal (Through the Salt Flats)”, tanto de su demo “Azufre” como de su LP debut “Siniestro Éxtasis”, cuya presentación del próximo 24 de noviembre en Club V, fue mencionada entre canciones. Más allá del típico público un tanto estático, media hora le bastó a la banda para mostrarse como uno de los grandes nuevos valores del metal extremo argentino.

Después de haber visto a dos bandas con la típica imagen blackmetalera, aquellos que no estuvieran familiarizados con la imagen de Fleshgod Apocalypse habrán quedado un tanto desconcertados con la aparición de la corista Veronica Bordacchini, con su fino traje teatral de baile de máscaras. Luego de ella y con “Marche Royale” sonando de fondo, uno por uno los miembros de la banda italiana, todos ellos vestidos con trajes de gala y maquillaje negro, salieron al escenario y se dispusieron a arrancar con “In Aeternum”, su primera pieza de la noche.

Aquella mezcla de maquillaje oscuro y trajes de concierto bien puede ser una buena forma de expresar el sonido de la banda, con esa mezcla de death metal retorcido y elementos sinfónicos llevados a su forma más explícita y literal, un campo donde el pianista Francesco Ferrini toma un protagonismo inusitado para una banda de metal extremo.

Por otro lado, el resto del grupo no se quedó atrás: incluso con los recientes cambios de formación, con el baterista Francesco Paoli pasando a la guitarra y voz principal (luego de la salida de Tomasso Riccardi), y con David Folchitto (Stormlord) cubriendo su antiguo puesto, la banda interpretó complejas composiciones como “The Fool” y “The Violation” como si fueran la cosa más fácil del mundo, contrastando la brutalidad de su música con los coros operísticos de Bordacchini.

Pero incluso con la pomposidad de su música, Fleshgod Apocalypse se muestran joviales, sobre todo Ferrini cuando se acerca al borde del escenario para hacerle señas al público, mientras que Francesco aporta la cuota de oscuridad con sus introducciones de voz gutural antes de cada canción, como cuando les recuerda a los presentes que todos morirán, antes de arrancar con “Cold As Perfection”. El público reaccionó a cada uno de estos gestos con el entusiasmo y admiración propios del fanático más grande, armando pogo y mosh a niveles que no se suelen ver con otras bandas con la etiqueta de “sinfónicas”.

Luego de “Syphilis”, los Fleshgod se retiraron del escenario ante los aplausos y los gritos de la gente, pero volvieron segundos después para salirse un poco del personaje y sacarse la tradicional foto grupal con el público de fondo, cerrando así su primera presentación en Argentina con broche de oro.

Media hora después de los italianos, llegó el momento para que Septicflesh le diera el cierre a la noche. Con el bajista y cantante Spiros Antoniou oficiando de animador e incitador al pogo, como en caso de la canción “War In Heaven” o al introducir cada tema. La agrupación griega dejó de lado cualquier sutileza y arrasó con su death metal sinfónico con fuerte dosis de brutalidad. De entre todos los miembros del grupo, hay que hacer mención especial al baterista austríaco Kerim "Krimh" Lechner, una máquina de guerra al momento de los blastbeats.

Luego de la seguidilla de “War In Heaven”, “Communion” y “Pyramid God”, el grupo se detuvo un segundo para que Spiros se retirara a afinar el bajo, volviendo para arremeter con “Martyr”. El bajista se tomó su momento para anunciar que volveríamos a los tiempos de Sumeria antes de comenzar con “Unbeliever”, a la que siguieron con un clásico como “Persepolis”, donde el cantante incitó a los coros.

Ya para el final, Spiros pidió al público que acompañara a la banda con la melodía de la próxima canción, dando inicio a la introducción misteriosa de “Anubis”, un tema que hacía rato que varios del público venían pidiendo. Ya habiendo cumplido ese pedido del público, la banda se dispuso a rendir homenaje a la cultura de su país natal con “Prometheus”, canción de atmósferas cambiantes y que probó ser un cierre perfecto a la que fue su primera presentación en Argentina.

En su primera edición, el BlastFest aprobó con facilidad la tarea de ofrecer un buen espectáculo. A futuro estaría bueno agregar más grupos a la grilla y tener una feria de discos más grande, de aquellas que suelen verse en otros festivales. Pero como primer paso, con un buen sonido y dos bandas internacionales que tocaron por primera vez en el país, esta fecha fue más que destacable.



Crónica: Martin Alvarez Cirillo
Fotografía: Juan K. Baracaldo


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