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Se podría anunciar como ‘el eslabón perdido’ en la carrera de Dream Theater: la ‘Twelve Step Suite’, pieza dividida en varios discos compuesta por Michael Stephen Portnoy que nunca pudo ser interpretada en su totalidad y orden por los norteamericanos, por fin sería entregada a los fans en vivo. El baterista, ahora alejado hace ya casi una década de su banda de toda la vida, está en condiciones de presentarlo en conciertos junto a músicos extremadamente talentosos, como Eric Gillette y la banda Haken casi completa.
La cita en Santiago quedó programada para el 19 de Octubre en el Teatro La Cúpula, lugar que recibió cerca de mil trescientos fanáticos de la vieja escuela de Dream, ya que se vieron personas de todas las edades disfrutando de principio a fin lo que fue una velada inolvidable para los presentes. A las 21:03 se apagaron las luces y se dio paso a una jornada llena de momentos épicos con  ‘Prelude’, canción de la película Psicosis, dando lugar a  ‘Regression’, introducción del álbum  ‘’Metropolis Pt. 2: Scenes From a Memory’’ de 1999 con la cuál todo el recinto se puso a gritar de inmediato. ‘Overture 1928’ y ‘Strange Deja-vu’, pegadas  tal  como en el disco mencionado, pusieron a saltar a todo el teatro, con una muy buena interpretación de parte de los músicos. Enseguida sonó ‘The Mirror’, más pesada que las anteriores y dejando a varios de los asistentes exhaustos de tanto brincar en la cancha.
Luego de esto, Mike Portnoy se bajó de su trono para saludar a sus fans chilenos, quienes lo aplaudieron a rabiar después de cada frase que decía. El baterista se dio tiempo de presentar a toda la banda, a lo cual el público respondió con vitoreos dirigidos en especial a la banda Haken, quienes jamás han venido a Chile a interpretar su música.
Tras esto Mike anunció que tocarían la ‘Twelve Step Suite’ de manera íntegra, la que fue compuesta sólo por él para relatar los pasos de su pelea para salir del yugo del alcoholismo. ‘The Glass Prison’(‘’Six Degrees of Inner Turbulence’’, 2002)  fue la primera en sonar con la mayoría del recinto emocionado de poder presenciar algo con ribetes casi históricos. ‘This Dying Soul’ (‘’Train of Thought’’, 2003) y  ‘The Root of All Evil’ (‘’Octavarium’’, 2005)  siguieron
completando el sueño de varios fans que se estremecían con cada nota de la suite de doce pasos.
Punto a destacar la versatilidad de Eric Gillette, guitarrista que tocó la mayoría de los solos incluidos en el setlist de la jornada y deslumbró por no equivocar ninguna de las notas que ejecutó. Además, la base rítmica de Haken con el carismático tecladista Diego Tejeida, el bajista Conner Green y los guitarristas Richard Henshall y Charles Griffiths estuvo notable, cada uno derechamente al nivel que ameritaba esta ocasión.
Los dos últimos cortes de esta sección, ‘Repentance’ (‘’Systematic Chaos’’, 2007) y ‘The Shattered Fortress’ (‘’Black Clouds and Silver Linings’’, 2009) rozaron la perfección necesaria para tan complejas composiciones, con cada músico entregado al máximo para brindar la atmósfera requerida en la obra de Portnoy.
 
Terminada la canción que le da el nombre a esta mega banda, los artistas se retiran del escenario por unos minutos que se hicieron eternos, hasta que Richard Henshall vuelve a aparecer para tocar la intro acústica de ‘Home’, escena seis de ‘’Metropolis Pt.2…’’ que hizo  enloquecer a varios de los presentes. Cabe mencionar de gran forma al vocalista estrella de la noche: Ross Jennings, quien estuvo a cargo de la mayoría de las canciones tocadas en un muy buen nivel, emulando –y quizás mejorando- el tono de James LaBrie en sus versiones originales. Luego se vino uno de los momentos memorables: ‘The Dance of Eternity’, canción instrumental que todos los presentes corearon como en un estadio, con una conexión entre público y banda aplaudible. Portnoy, luciéndose como siempre, entrega cada nota como si fuera la última, con una fuerza apabullante y, gracias al brillante sonido que hubo en el teatro, todos vivieron de la mejor manera posible este concierto. La noche culminó con ‘’Finally Free’, última canción del disco de 1999 que terminó con varios fans emocionados hasta las lágrimas y con una banda más que agradecida de la entrega que vivieron con el público chileno.
Después de los agradecimientos finales de Mike Portnoy y la banda, cada músico se baja del escenario y la gente comienza a abandonar la Cúpula. Sin embargo, todos quienes asistieron pudieron irse tranquilos y con una sonrisa de oreja a oreja: acababan de escuchar la obra maestra del baterista que sólo soñaban con oír en su integridad, quizás no con los músicos que todos hubiesen deseado, pero sí con toda la fuerza que jamás  habrían recibido de la anterior banda de Mike. Al menos en lo que todos podemos estar de acuerdo es en que, finalmente, se pagó una deuda con los fans chilenos y, sobretodo, con la trayectoria de Portnoy.
Crónica de Samuel Víctor Acevedo
Fotografía de Felipe Pino Guerrero




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