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La tarde de ayer 29 de octubre, Santiago de Chile presenció uno de los más aplastantes festivales que han pasado por estas frías y hostiles tierras, el Santiago Gets Louder, que contó con la presencia tanto de leyendas ultra consagradas, como de cartas nuevas que intentan refrescar un poco la escena de la música pesada. ¿Funcionó? Acompáñeme y le cuento.

Todo comienza con el show de los nacionales de Tirano. Estos compadres salieron a ganar, dieron absolutamente todo en el escenario y se notó. Un sonido limpio y una ejecución demoledora fueron los ingredientes que estos grandes usaron para darle al público, que venía apenas llegando al recinto, la dosis de violencia y energía que este festival necesitaba para comenzar.

Me sorprendió gratamente el apoyo del público que hubo para Tirano, si bien no se escuchaba que corearan los temas, el escenario estaba repleto cuando estaban por terminar su presentación. Con toda seguridad puedo decir que se robaron el show en el escenario exterior del festival (tampoco es que hubiera mucha competencia, pero de eso hablaremos después). Hasta un cover a Kreator se mandaron. Ahí la dejo.


Terminado el magnífico show de los nacionales, la gente comienza por fin a moverse hacia el escenario principal del Movistar Arena, para ver la presentación de una de las bandas que vinieron a renovar un poco las caras en los festivales, Vimic.

Sinceramente, Vimic es una banda a la que no le tenía ninguna fe y  me cerraron el hocico de una manera Increíble. Se mandaron tremendo show, Kalen Chase dio una verdadera clase en lo que a versatilidad vocal se refiere, lamentablemente, la banda aparentemente no es muy conocida por estos lares y no tuvo apoyo que merecían al principio, pero poco a poco fueron ganándose al público, hasta el punto en que la gente comenzó a corear canciones navideñas, haciendo ilusión a la blanca cabellera y barba de Kalen, quien a pesar de que se lo tomaba con humor, parecía no entender muy bien qué estaba pasando. El show terminó de manera tranquila y sin mucha pena ni gloria frente a una audiencia un tanto apática (rescato a aquellos fans que realmente conocían la banda y coreaban las canciones, pero, seamos sinceros, eran los menos). Pese a esto, el carisma y la musicalidad de todos los integrantes de la banda hizo del espectáculo algo digno de ver.

Volvemos al escenario exterior para recibir a Walter Giardino junto con Temple, liderados en las voces por el grandísimo Ronnie Romero. La agrupación recorrió clásicos del Rock y el Heavy Metal durante toda su presentación y…eso. El show como tal fue tremendamente desabrido y plástico, sin importar los intentos de Ronnie por animar la presentación, el resto de la banda simplemente parecía no tener ganas de estar ahí, el único que realmente tenía cara de querer tocar en ese momento era Walter, quien en realidad parecía más interesado en ser el centro de atención que en dar un espectáculo de calidad.

Voy a ser franco, este show no me gustó para nada, independiente de que las figuras que estaban en escena eran tremendos músicos, el show carecía por completo de pasión, además, ¿Un show de principalmente de covers  en un  festival masivo? Me parece un insulto, es más, casi una burla a los asistentes de parte de la banda.

Vuelta al domo, a repetirse el plato de Giardino, pero ahora con Rata Blanca, quienes, a pesar de compartir casi todos los integrantes con Temple, dieron un show genial, recorriendo sus clásicos, que demoraron, pero finalmente lograron encender al público hasta el tope con “Mujer Amante”, fue ahí cuando explotó todo por fin, y el Arena se volvió una sola masa que coreaba a todo pulmón el conocido estribillo del tema. Rata Blanca realmente se lució, sonaron increíble, y se jugaron todo en el escenario. El show (como era de esperarse) finalizó con “La Leyenda Del Hada Y El Mago”. Estos argentos realmente son otra cosa en vivo, si bien nunca he sido muy fan del estilo que representan, tenerlos frente tuyo, y escuchar los solos de Giardino explotar en tu cara es una experiencia reveladora, lo que me obliga a preguntar: ¿Qué pasó con Temple? Los integrantes de la banda son prácticamente los mismos, sin embargo el nivel de un show y otro simplemente no son comparables.

Y así, tras el número de los trasandinos, nos movimos de nuevo al Talavera Stage a presenciar el espectáculo de Ego Kill Talent, quienes se presentaron con actitud y energía, sumado a una ejecución impecable de sus temas, pero que lamentablemente fueron ampliamente despreciados por el público santiaguino, quienes de la mitad de la presentación en adelante comenzaron a abandonar el escenario, dejando a la banda con menos de la mitad del público que había en un principio, a la hora de terminar. Una verdadera lástima por ellos, de verdad que se nota el trabajo duro que hay detrás de la banda, pero no se podía hacer mucho si consideramos que el estilo que tocaban no era demasiado adecuado al festival, y que quien seguía no era ni más ni menos que King Diamond, la gente no sólo se iba porque no les gustara la banda, sino también por asegurar un buen puesto para ver al Rey.


Dicho esto, llegamos a lo que vinimos. King Diamond.

A decir verdad, este show me dejó sin palabras. Es definitivamente el mejor show de metal que he visto en mi vida. El Rey apareció con una escenografía que parecía sacada directo de un cuento de los hermanos Grimm. El espectáculo comenzó calentando motores con algunos temas clásicos del solista (o bueno, ni tan solista a estas alturas, pero no es el punto), hasta que, en cierto punto, King Diamond notó que había un detalle un tanto molesto en su presentación. La luz era blanca. Esto podría parecer un detalle mínimo para algunos, sin embargo, el Rey Diamante llegó al punto de parar la presentación y pedir expresamente, y por micrófono, que cambiaran el color de las luces, ya que esas luces no eran adecuadas para su show y que.

A tal punto llegó el enojo del cantante, que se dirigió al público dentro de su reclamo, y le dijo a la masa del Arena que “esto no era por lo que habían pagado”. Sin embargo, al par de minutos que la banda dejó el escenario las luces fueron reemplazadas, y fue ahí cuando todo empezó realmente.

Durante una hora y media, presenciamos una historia de terror en vivo y en directo, donde el King Diamond interpretó ni más ni menos que el disco Abigail, así, entero, sin cortes ni temas entremedio, desde “Arrival” hasta “Black Horsemen”, en la presentación más espeluznante y mágica que he presenciado. El nivel de preocupación por cada detalle del concierto es algo que llega a emocionar. Todo era una sola atmósfera de horror y misticismo que dejó nos pasmados a todos los presentes. Cada tema iba de la mano con la interpretación de una actriz que caracterizaba las macabras historias del Rey. Del sonido ni hablar, era como escuchar el disco grabado, una pulcritud impensable y una calidad vocal que se ha mantenido intacta con el pasar de los años. La presentación terminó con una infernal ovación absolutamente merecida para quienes dejaron todo arriba y respetaron a los presentes al punto de reclamar por un tema que para algunos parecería trivial, como es la iluminación. A decir verdad, cuando finalizó la presentación no sabía cómo reaccionar, sentía un presión en el pecho inexplicable, mientras King Diamond se despedía de Chile.

Tras un receso que se hizo nada, tocaba ver a los últimos exponentes de la noche, los gigantes de Megadeth.

Seamos sinceros, Megadeth es una gran banda, grandísima, y a pesar de que el show que entregaron fue excelente en todo sentido, tuvieron dos grandes problemas:

En primer lugar, el setilist fue el mismo de siempre. No me malentiendan, fue un set directo al hueso, tocaron clasicazos como “The Mechanix”, “Take No Prisoners” y hasta “A Tout Le Monde” para los más románticos. Pero no difiere en casi nada de los sets que tocan en todas partes. Todo el tiempo. Obviamente, a los fans poco les importó al momento de corear y moshear al ritmo de canciones que ya son emblemas del Thrash Metal, así que de todas maneras el concierto fue un exitazo. Yo mismo terminé coreando a todo pulmón “Skin O’ My Teeth”, entre otros. Pero aun así, la falta de creatividad (o flojera quizás, aunque no voy a usar una palabra tan fea a la ligera) al momento de armar los shows es algo que va pesando cada vez más sobre Megadeth, quienes a pesar de visitar Latinoamérica bastante más que seguido, hay poca o nula variación en cuanto a lo que canciones respecta.

El segundo gran problema que tuvo esta presentación, fue que vino después de King Diamond. Así de simple. Después del numerazo que se mandó el Rey, ya nada podría haber competido. Independientemente de lo bueno que hayan sido Dave y compañía, quedaron bruscamente eclipsados por la macabra actuación que tuvo lugar antes.

Dicho esto, debo decir que el show de Megadeth fue grandioso, el setlist, repetido, pero mantuvo al público animado durante toda la jornada. Si bien no fueron el plato fuerte del festival (Como se esperaba, supongo, ya que eran cabeza del cartel), definitivamente estuvieron a la altura del cierre, “Holy Wars…The Punishment Due” fue el acto final de esta segunda versión del Santiago Gets Louder, una jornada llena de Metal, que no dejó a nadie insatisfecho. En resumen, Megadeth no decepciona, pero tampoco sorprende, y eso es algo que vienen cargando hace rato.

Como comentario final, debo decir que todo el festival estuvo increíblemente bien organizado, las bandas salieron puntuales, y todo estuvo en orden (más allá de un pequeño incidente entre el público y los guardias durante el show de Megadeth).

Definitivamente lo que marcó la nota alta de esta tarde de música y potencia, fue la preocupación que demostró King Diamond por los pequeños detalles que hicieron de un buen show, una experiencia inolvidable.

Un verdadero honor haber podido presenciar esta infernal jornada, que si bien tuvo altos y bajos, fue un verdadero éxito. Cambio y fuera.

Crónica de Kurt Norembergs.
Fotografía de Felipe Pino Guerrero





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