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Foto: Wakko-Parra
El día de ayer se presenció una noche espectacular, los brasileños demostraron una vez más por qué son una de las bandas de metal más importantes en Latinoamérica .Fue un set que recorrió parte importante de su discografía, especialmente de su último trabajo de estudio lo que dejó a todo aquel público chileno satisfecho y exhausto producto de la locura que conlleva un recital de este calibre.




Todo comienza a las 20:03, el primer número salta al escenario, se trata de los nacionales Nad Sat. En aquel instante el público aún es poco pero tiene entusiasmo, comienza a llegar gente poco a poco y a medida que avanza la presentación de la banda, los presentes no se animan al mosh pero les dan un buen recibimiento pese a las ligeras fallas técnicas durante algunas de sus canciones (en uno de los micrófonos, y algunos acoples).



Sin embargo, no impidió que la agrupación mostrara su potencia sonora producto de sus 20 años de carrera en los que obviamente “han escuchado a Sepultura desde chicos” , según palabras de uno de sus guitarristas. En medio de su show se disponen a regalar CDs de su propia autoría, y finalmente interpretan una última canción, con un breve show de 30 minutos la banda bajaba del escenario.

A las 20:43 era el turno de otro grupo chileno, Dezaztre Natural. El Teatro comenzaba a llenarse para disfrutar de un sólido show, con una fenomenal puesta en escena de sus dos vocalistas los cuales proferían gritos desgarradores en sus canciones y varias groserías al público (producto de la euforia, no con el fin de insultar) durante las cortísimas transiciones.


En la parte instrumental tampoco se quedó atrás, especialmente su baterista que brindaba mucha velocidad en sus redobles. En resumen, es una banda que ha estado pasando por un gran momento dentro de la escena nacional, y vaya que lo demostró en un espectáculo que duró poco más de media hora contando con bastante buen sonido.
Cuando ya eran las 21:30, los asistentes ya estaban impacientes por el ligero retraso del cabeza de cartel de esta jornada, y por supuesto las ensordecedoras pifias no tardaron en hacerse notar. El reloj marcó las 21:42 cuando se apagaron las luces, la espera había terminado, Andreas Kisser (guitarra), Paulo Jr. (bajo), Derrick Green (voz), y Eloy Casagrande (batería), nuevamente pisaban un escenario chileno recibidos por una tremenda ovación para cada uno de los integrantes.
El set comenzaba de la mano de la enérgica “I am the enemy”, el sonido era demoledor, salvo por un pequeño desperfecto con el volumen de la batería de Eloy que se escuchaba muy bajo, pero afortunadamente para la canción “Phantom Self” (ambas forman parte del disco “Machine Messiah”)  ya estaba todo arreglado para luego continuar con “Kairos”, corte que da el nombre su álbum de 2011.


Se produce una pequeña pausa, donde Andreas Kisser dice en perfecto español “tenemos temas nuevos, pero también hay espacio para lo antiguo”, esto da paso a la clásica “Desperate Cry” perteneciente al disco “Arise” (1991), donde se desata la furia en el recinto de calle San Diego, puesto que el mosh pit es totalmente caótico, lo que hace pasar algo inadvertido un corte de cuerda del bajista Paulo Jr. que soluciona a la brevedad y con profesionalismo al cambiar el instrumento.

Los ánimos se calman un poco durante la melodiosa “Machine Messiah”, destacando el impecable registro vocal de Derrick Green que pasa desde notas limpias muy graves hasta alaridos realmente impresionantes, en seguida suena “Inner Self” , seguido de las recientes “Sworn Oath” y “Iceberg Dances”, esta última marca una pequeña sección instrumental que da rienda suelta al talento inigualable de Andreas con sus virtuosos solos tanto en guitarra eléctrica como acústica.
Luego de esto, Derrick reaparece para interpretar una seguidilla de selectos temas como “Choke”, “Dialog”, y “Resistant Parasites”, el cantante se mueve con fuerza y gracia en el escenario.
Los brasileños nos estaban brindando brutalidad pura, pero quedaba tal vez la mejor parte del concierto, las siete  últimas canciones, esto comenzaba cuando alguien grita “¡Biotech!” a lo que Derrick responde “¿Por qué no?”, para dar paso al medley entre “Biotech is godzilla” y “Polícia”, sin embargo, el Teatro Cariola no se vendría abajo hasta que “Territory” se abre paso en el set, una de sus composiciones más emblemáticas al igual que las sucesoras “Refuse/Resist” y “Arise”, y así es como se produjo el primer cierre en la lista de canciones.
 La banda había abandonado el escenario, no obstante, los chilenos querían más Sepultura, no estaban del todo satisfechos, por fortuna el cuarteto retornó luego de un corto tiempo con breves palabras introductorias por parte de Andreas, con el fin de presentar la canción “Sepultura Under My Skin” dedicada a todos sus fans. El encore prosiguió con la inconfundible percusión de “Ratamahatta” en una perfomance impresionante de Casagrande (que a sus 26 años es una de las jóvenes promesas del metal), para luego culminar con la demoledora “Roots Bloody Roots”.
En síntesis, fue una jornada arrolladora, apta para aquellos con “oídos de acero”, que contó con números de apertura bastante idóneos para lo que sería el primer concierto propio de Sepultura en 14 años. Y si bien no se vio un lleno total, los asistentes se retiraron muy conformes del recinto, algo que probablemente ocurrirá en su siguiente concierto de Chile en la ciudad de Coquimbo, y obviamente en el resto de la gira, para seguir demostrando el buen momento de la agrupación.

Crónica por Iván "Tofo" Bertolotto


Fotografía: Sergio "Wakko" Parra







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