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El pasado viernes 17 de noviembre, una de las eminencias indiscutidas del heavy metal volvía a hacerse presente en la Argentina. Accept, banda pionera del speed metal, regresó a Buenos Aires con su nuevo disco, “The Rise of Chaos”, bajo el brazo. Los teutones no se demoraron mucho en retornar al país, ya que el pasado 2016, se habían presentado en el Teatro Vorterix en el marco de su gira “Blind Rage World Tour”. A diferencia de esa gira, con “The Rise of Chaos World Tour”, Accept escogió Latinoamérica como una de sus primeras destinaciones.

Las puertas del Teatro Flores abrieron a las siete de la tarde. Gradualmente, comenzó a llegar gente de diversas edades para presenciar este importantísimo evento. A las 19:50, salió a escena la banda soporte de la fecha, Drenaje, quienes se encargaron de acentuar el entusiasmo de la gente. Esta joven banda de metal, a pesar de tener al tiempo apremiándolos, supo entregar una buena dosis de heavy y también se dio lugar para presentar nuevo material.

A las 21:15 de la noche bajaron las luces y se abrió el telón, revelando la escenografía dispuesta por la banda para la ocasión, con el fondo de “The Rise of Chaos” y unas estructuras temáticas a los costados del escenario. Poco tardó en comenzar la música, con la introducción del tema “Die by the Sword”, mientras el público iba abriendo la ronda en el medio del teatro. Uno a uno, iban apareciendo los miembros de la agrupación. Con la salida de Hoffmann, a puro riff, comenzó a sonar la canción. Instantes después, el vocalista Mark Tornillo pisó el escenario, desde temprano marcando esas altísimas y desgarradoras notas que lo caracterizan.

La segunda época de Tornillo ha dejado muchos clásicos en poco tiempo y así lo demostró el corte “Stalingrad”, canción que puso a todos los fanáticos a salir de arriba abajo en una décima de segundo. Un tema muy melódico, con muchos solos y fraseos de guitarra coreados a todo pulmón por la audiencia.
Era turno del track homónimo del afamado disco “Restless and Wild”, con una introducción algo diferente a la versión de estudio. Este es uno de los temas que, a mi parecer, aplican más para lo voz de Mark que para la del ex-vocalista, Udo Dirkschneider, sin desmerecer para nada el trabajo de este titán germano.

El señor Peter Baltes se adueñó del teatro con su magistral introducción de bajo del tema “London Leatherboys”, tema proveniente del disco “Balls to the Wall”. Tema muy riffero por donde se lo mire, ya sea en sus estrofas, puentes o sección instrumental. Para esta canción y muchas otras, Hoffmann y Baltes coordinaron su “bodybanging”, moviendo el torso a la par del ritmo de la batería.
Desde el “Metal Heart”, llegó el tema “Livin for tonite”, para seguir añadiéndole ese tinte clásico a la noche que aún estaba a añares de llegar a su fin. Con la fuerza del canto de Tornillo y la potencia añadida por los coros de Hoffmann y Baltes en los estribillos, el ambiente seguía tornándose cada vez más en una auténtica fiesta metalera.

Momento de una seguidilla de canciones del disco que trajo a la banda por nuestros pagos. Dentro de este material novedoso, “The Rise of Chaos” fue la primera bomba sonora en explotar. Mucho riff combinado con una inmensa cuota de melodía. La solidez de Cristopher Williams en la batería, especialmente en la sección instrumental del tema, asentó a la perfección las bases rítmicas para que Hoffmann pudiera lucirse como el experimentado veterano que es.

Apartando momentáneamente el heavy clásico, los tudescos abrieron la puerta al hard-rock con el tema “Koolaid”, canción con una gran historia de fondo. La investigación la dejo a su cargo. El hard-rock se vería brevemente interrumpido por el bestial corte “No Regrets”, con mucha sincronización por parte de los músicos. Excelente uso de doble bombo a cargo de Williams. El contundente sustento rítmico de Uwe Lulis en guitarra y Baltes en el bajo acompañado al experimentado Hoffmann en las partes más complejas del corte.

El speed se tomaba un breve receso para darle vida una vez más al hard-rock. Llegó el momento del último tema extraído del “The Rise of Chaos” y así paso “Analog Man”. Para el último estribillo del tema, Tornillo comenzó a hacer una tanda de “preguntas y respuestas” con el público. Después de que el gritase “I´m an analog man”, el público retrucaba con “ANALOG MAN!”.
La velocidad volvió a adueñarse del teatro con el monumental y único corte del “Blind Rage” incluido en el setlist de la fecha, “Final Journey”. Mucho doble bombo, mucho riff con “alternate picking” y mucha destreza.

Las revoluciones disminuyeron notablemente con la melódica “Shadow Soldiers”. Me parece necesario volver a recalcar la cantidad de clásicos que ha dejado la era Tornillo, período de únicamente siete. Ver a los fans corear con tanta euforias estas canciones con sus respectivas melodías debe ser todo un orgullo para la banda, reafirmando su posición como clásicos, no únicamente de antaño, sino contemporáneos también.

Los reflectores cayeron sobre el señor Wolf Hoffmann para que este se luciese con un solo muy bien ejecutado, con muchos guiños a la música clásica (enorme influencia para el estilo compositivo de Hoffmann). Una vez finalizado el solo, la banda engancho inmediatamente con el tema “Neon nights”, una semi-balada con muchísima potencia liderada por los atronadores gritos de Tornillo. Todavía quedaban muchos clásicos por delante…

“Princess of the dawn” fue un tema perfecto para reavivar al público, ya que después de un par de temas lentos, muchos comenzaban a sentir los músculos atrofiados por la abstinencia de agite. Con sus brillantes estribillos, brutales melodías de guitarra y la afinidad del conjunto, el teatro comenzó a brincar al unísono por casi siete minutos.
Juntar “Midnight Mover” y “Up to the limit” fue quizás el mayor acierto de la banda a la hora de armar su lista de temas. Si bien los dos temas son muy similares, la convergencia de ambos clásicos y el hecho de haberlos acomodado uno detrás del otro se sintió casi como un único tema perfecto. Brillante jugada de los alemanes.

Más velocidad, sí señor. Llegó el title-track de un disco bastante infravalorado de la banda, “Objection Overruled”. Por supuesto que a mayor velocidad, mayor pogo. Pero la peculiaridad de esta interpretación fue la batalla de solos que se mandaron Hoffmann y Baltes. Después de que Hoffmann brillase con una serie de frases, Baltes atacaba el bajo a toda máquina. Un dúo veterano descomunal.

Por supuesto que la banda no dejaría de lado al gran disco “Blood of the nations” y así pasaba el tema “Pandemic”. Una verdadera enfermedad metalera se vivió con este tema, como bien es explicitado en las líneas de la canción. Un riff bastante simple pero con aire a clásico desde sus primeras notas.
“Ein Heller und ein Batzen” comenzó a sonar en el teatro. El público sabía lo que se venía y la tensión se elevó un mil por ciento. “¡Canten!” gritó Tornillo, a lo cual el público comenzó a tararear esta melodía germana a todo pulmón. Una base rítmica a doble bombo abrió las puertas a un gritaso de Tornillo, que precedió una locura desenfrenada. Al ritmo de “Fast as a Shark”, se abrió el pogo más grande de la noche. Posiblemente una de las canciones más emblemáticas del Speed Metal. Brillante. Una vez terminada la canción, la banda dio las buenas noches, agradeció a todos los presentes y se retiró del escenario.

Minutos después de su retirada, Accept volvió a escena para brindarnos un tridente de clásicos. La primera parada de este “encore” fue el tema “Metal Heart”. Es imprescindible destacar la sección instrumental, en la que el público coreo a los cuatro vientos la maravillosa melodía de este intermedio. Por momentos, la banda se callaba y dejaba que el público tomase la posta y adoptase el rol de guitarra líder.

Aprovechando la similitud entre los ritmos, contiguo a “Metal Heart, empezó a sonar la aplastante “Teutonic Terror”. Riffs muy pesados, bases muy bien asentadas y un hit moderno deleitando a una audiencia que a pesar de las casi dos horas de show, permanecía sumamente vivaz.
Era momento de concluir con el show. Pero faltaba una deuda por saldar. Hoffmann se ubicó al frente del escenario y empezó a hacer rugir a su instrumento con la brutal “Balls to the Wall”. La gente, al oír estas primeras notas, comenzó a tapar el sonido de la guitarra con cánticos intensamente potentes. Los estribillos hicieron temblar las paredes del teatro. A puro metal, Accept se despedía de un público agradecido, emocionado y eufórico.


Una vez más, el acero alemán se hizo presente en Buenos Aires. Con un excepcional disco bajo el brazo, los teutones regresaron más potentes que nunca, siendo esta una de sus mejores presentaciones en el país. La gente se fue más que satisfecha, tras haber presenciado un extenso y enérgico show. Esperemos tener a estos titanes por mucho más.
Accept Argentina

Crónica: Federico Solari
Fotografía: Caro Staley
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