¿Tienes algo que contar? Agréganos a nuestro Whatsapp +51925660728


El pasado viernes 3 de noviembre se dio la presentación de De La Tierra, el grupo de “metal latino” que asombró a más de uno al reunir en un mismo lugar a Andrés Giménez (A.N.I.M.A.L), Andreas Kisser (Sepultura), Álex González (Maná) y Flavio Cianciarullo (Los Fabulosos Cadillacs), éste último ahora reemplazado por Harold Hopkins Miranda (Puya). Aunque más de uno en un principio miró de reojo a un rejunte de músicos de orígenes más diversos, lo cierto es que tanto “De La Tierra” (2014) como “II” (2016) cosecharon buenas reseñas. Justamente era este último, a casi un año de su edición, el álbum que la banda estaba presentando en el Teatro Vorterix.
Para cuando salió NUM al escenario, apenas un puñado de poco menos de treinta personas, incluyendo a los fotógrafos, conformaba el total del público en Vorterix. Su estilo de riffs influenciados por Meshuggah y el uso de la guitarra de ocho cuerdas, dan a la banda un par de características difíciles de encontrar en el metal nacional. Y aunque el contexto no fuera el mejor para poder apreciar lo hecho por el grupo, con una audiencia mayormente estática por la incomodidad propia del público chico y un sistema de sonido que a veces no daba abasto ante el grueso sonido de guitarra, en líneas generales lo hecho por NUM fue más que positivo.
Con la banda repasando canciones de sus tres discos, como “Magia Negra”, “Ruido Blanco” y “Revelación”, un punto para destacar fue la actuación del cantante Nacho Álvarez, que se maneja con soltura al rugir y al cantar líneas más melódicas.
Siguientes en la lista eran No Guerra. Aunque en un principio el sonido de las tres guitarras fue un tanto demasiado para el sistema de sonido, que retumbó un par de veces al comienzo, esto se solucionó rápidamente y el resto de la presentación fue por los carriles esperables. El sonido a mitad camino entre el thrash, el hardcore y el groove, tan difícil de categorizar en un solo lugar que muchos críticos simplemente los meten en la bolsa de “metal alternativo”, le dio nuevas energías al público, donde se contaban varios fans que disfrutaron de la destacable presentación del grupo. No por nada son la banda con más trayectoria de las que se presentaron en Vorterix.
Aunque no hubo tanta comunicación entre el grupo y el público, prefiriendo hacer énfasis en las canciones, el cantante y guitarrista Jair Rodríguez aprovechó un momento antes de “Weychan” para concientizar a la gente sobre la cantidad de basura que se tira, no sólo dentro del recinto sino también en los colectivos y en las mismas calles, un reclamo que estoy seguro que todos podemos apoyar.



La última presentación previa vino de la mano de Armored Dawn. En una noche donde primó el heavy más pesado con letras en español, el power metal con teclados y en inglés del grupo brasileño podía parecer fuera de lugar en los papeles. Pero estos originarios de San Pablo, que vienen de abrir las presentaciones de De La Tierra en Brasil, se mostraron con una inclinación hacia los riffs pesados que ayudó a llenar la brecha con el resto de los grupos, además de tener una imagen, con un punto principal en el look a lo Alice Cooper del cantante Eduardo Parras, que llamó la atención a más de uno. Agradeciendo a los presentes en una mezcla de portuñol y spanglish, con un “obrigado” que la gente entendió perfectamente y causó un par de aplausos.
El gran momento de la noche se dio con “William Fly (The Pirate)”, canción que tuvo la participación del cantante Mario Ian, que también aparece en la versión de estudio. La banda dio fin a su presentación mientras un par de presentes coreaban el nombre de la banda, demostrando la presencia de un grupo de fans o la conversión de un par.
Ya completadas las previas de los teloneros, era momento de que la banda principal saliera al escenario. Y con grandes aplausos del público, que ya estaba llenando el campo de Vorterix, “Maldita Historia”, con su riff “saltarín” bien clásico, dio arranque a la presentación de De La Tierra. Después de un inicio más rockero que pesado se dio paso a “Señales”, que fue testigo de uno de los primeros pogos en el campo de Vorterix.
Ya con “Rostros” se pudo apreciar el hecho de que la gente iba a cantar cada canción de DLT como si fuera un clásico de toda la vida. Después de esta última, Andrés Giménez se tomó un momento para agradecer a toda la gente por estar presente, a pesar del mal momento económico y la acumulación de shows internacionales que se había dado últimamente, antes de dar paso a “Valor Interior”, que tuvo la participación vocal de Andreas Kisser, mientras a los lados las pantallas de Vorterix retransmitían el recital desde distintos ángulos.

“San Asesino” hizo uso de unos tremendos ritmos tribales que, mezclados con los riffs entrecortados, obviamente recordaban al Sepultura de “Roots”, algo que marcaba que Álex González ya se estaba perfilando como una de las grandes figuras de la noche. Ya he dicho muchas veces todo lo que me desagrada de Maná y su visión tan melosa y repetitiva del rock/pop latino romántico edulcorado hecho a la medida para las radios FM, pero si tuviera que decir algo positivo de ellos es que, como baterista, González destila una cantidad de energía y buenas ideas casi imposibles de encontrar en el género. Y si algo demostró en la noche de Vorterix, es que no sólo la versatilidad y las botas de “metal pesado” son lo suyo, sino que también tiene una habilidad impresionante para el show, algo se podía comprobar al verlo hacer malabares con los palillos o cuando se paraba, ya sea para tocar en esa posición o para subirse al asiento y golpear el redoblante al dejarse caer.

En otro de sus tantos momentos de comunicación con el público, después de “San Asesino” Giménez destacó que recordaba a un par del público de la fecha de Sepultura de unos días antes, e incluso de la presentación de A.N.I.M.A.L de varios meses atrás, además de agradecer a todos los que eran capaces de estar mirando el recital sin filmarlo constantemente. Aunque alguno que otro se haya quejado a la salida de lo largo que se hacían algunos de los discursos del vocalista, después de “Ciénagas de Odio” fue bastante interesante, al menos para alguien con algo de curiosidad, escucharlo destacar la presencia de León Gieco en la planta superior de Vorterix  y recordar así el disco “Un León D-Mente” que grabó junto a él y relatar cómo terminó dándose a entender con Ross Robinson, productor del álbum de DLT, para terminar mezclando un riff deathmetalero y un canto similar al de la baguala por influencia de Johana, hija del cantautor.



En el final, Andrés Giménez dejó de lado la guitarra y se concentró en el micrófono para dar paso a “Cosmonauta Quechua”, canción que, sin la presencia de la segunda guitarra, permitió apreciar mejor la sólida base que conforman González y Hopkins Mirada. En cierto momento, la canción dio paso a una improvisación sobre la que el cantante se dispuso a presentar a los diferentes miembros de De La Tierra, describiendo a Kisser como toda una figura de la música latinoamericana, a Hopkins Miranda como un bajista incansable, y bromeando con que el único defecto de Álex González era su pertenencia a Maná. Luego de eso, la canción volvió a los terrenos usuales, con un final a puro “tupá-tupá” que cerró de manera perfecta la noche.

Más allá del currículum de cada uno de sus integrantes, presentes y pasados, el grupo se maneja como una banda normal, centrándose completamente en sus propias composiciones. Y aunque la fórmula  se haga un tanto repetitiva y por momentos parezca demasiado un ejercicio de nostalgia por el sonido de fines de los noventas que otra cosa, hay que destacar la dedicación a dar un buen show que tiene la banda. Y si vienen a llenar un hueco y lo hacen con honestidad, lo mejor es darles la derecha y celebrar su dedicación a un proyecto que tenía varias en contra pero que logró prosperar.
De la Tierra



Síguenos en nuestras redes sociales:

Publicar un comentario

Con tecnología de Blogger.