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PH: Pablo Gándara
En una tarde donde el cielo se postraría amenazante y con ganas de mojar las calles de Barcelona, tendríamos la oportunidad de comprobar el estado de forma de dos formaciones que se unen en la melancolía pero que se separan irremediablemente al transmitirla a sus oyentes. Y es que Sólstafir y Myrkur han ido creciendo exponencialmente a lo largo de los años y han conseguido sobresalir entre tantas y tantas bandas que tratan de suscitar la negrura de los panoramas nórdicos sin la eficiencia de los antes mencionados, un compendio de ideas discográficas que, en menor o mayor medida, han enamorado a quienes quieren andar entre la nieve mientras sus pies pisan las frías instalaciones de conciertos del sur de Europa. ¿No es eso romántico?

Con una segunda sala de la Razzmatazz visitada por unas 250 personas, y que vería limitado su aforo por su ya famosa tela negra, la velada se vería dispuesta a empezar con la actuación de unos aún desconocidos Árstíðir. Serian ellos quienes se encargarían de caldear el ambiente de cara a los platos fuertes de la noche. A decir verdad, su propuesta distó mucho de ser frenética y convulsa, más bien lo contrario, centrándose en la sobriedad en su propuesta y en las tranquilas pero efectivas notas de sus delicadas composiciones. Y es que este trío islandés de camisa y moñitos basaría su actuación en las preciosas harmonías de las voces de los tres miembros de la formación, siendo las dos guitarras acústicas y el teclado elementos escénicos relegados a un meritorio segundo plano musical.

Pese a que su último lanzamiento titulado ‘Verloren Verleden’ –en el cual colaboraron con la ex The Gathering Anneke van Giersbergen- no tuvo representación en su concurso, si que interpretaron piezas de los dos álbumes anteriores en su discografía, unos ‘Svefns og vöku skil’ y ‘Hvel’ que inundarían el ambiente de un gélido romanticismo de lo más minimalista. Les dio tiempo a interpretar una nueva composición programada para la próxima primavera, e incluso tuvieron el honor de interpretar un tema con el batería de Sólstafir, pero sin duda sería el momento a capella de su concierto donde se ganarían la mayor parte de los aplausos del respetable.

Si su actuación despertó algunas dudas entre un público deseoso de ritmos algo más frenéticos, fue en la actuación de Myrkur donde se saciaron, entre muchas comillas, las ansias de blast beats i guturales. Y digo entre comillas porque el nuevo disco de la multinstrumentista Amalie Bruun no destaca precisamente por ese black metal desacomplejado presentado en un primer álbum de estudio, ‘M’, que revolucionó el panorama blackmetalero mundial. ‘Mareridt’, por el contrario, es un trabajo que se centra en la faceta más folklórica de la compositora danesa, un seguido de melodías que buscan una dirección musical mucho más melosa y relajada.

Como bien podíamos imaginar antes de su actuación, nos acabamos encontrando con que los temas integrados en su primer y más potente lanzamiento funcionaron mucho mejor en directo en contraposición con otras canciones demasiado contemplativas y que buscan suscitar ciertas emociones en unas alargadas y agudas notas vocales cuya efectividad es bastante interpretable. La puesta en escena, eso sí, impresionó desde el principio, pues la delicada y delgada figura de Amalie, toda vestida de blanco y con la ligereza de un ángel al moverse por el escenario, funcionaria a la perfección en contraposición de unos músicos encapuchados y vestidos de negro.

Desde la inicial “Mareidt” suscitó una reacción bastante sonora por parte del público, y fue en temas como “The Serpent” donde la banda trató de presentar ese último esfuerzo de la banda ante la audiencia allí congregada. No fue hasta “Ulvinde” que la frontwoman cogió la guitarra para unirse a sus compañeros en el apartado instrumental, y seria finalmente con “Onde børn” cuando llegarían al zénit de su concierto. El final, eso sí, bastante inesperado y espeso, con una Amalie Bruun que posó sola enfrente del escenario mientras cantaba una canción tradicional, suponemos, danesa. Y eso nos dejó aún más fríos de lo que su propuesta nos transmite. Servidor pensaba y sigue pensando que la propuesta de Amalie dista de ser tan revolucionaria o rompedora como muchos se atreven a afirmar, siendo tanto sus discos como sus actuaciones en vivo esfuerzos dignos pero que, en ningún punto, sobresalen o superan a lo visto en el género en los últimos años. ¿Será que nos hemos perdido en el infinito hilo de las modas?

La sala ya gozaba de su mejor aspecto para cuando, por fin, Sólstafir saltaban a las tablas. Con tan solo seis discos de estudio a sus espaldas han conseguido formar una base de fans envidiable, seguidores que se sienten partícipes de sus composiciones y, por supuesto, una base sonora del todo distinguible y que les erige entre las bandas más vanguardistas del panorama metalero. Y es que su sonido, entre el folk y el post-metal, atrapa y convence, y ha sido con su último álbum de estudio, ‘Berdreyminn’, cuando, parece, han pegado el pelotazo definitivo al conseguir doblar su poder de congregación. Con un conjunto de bombillas que se irían encendiendo y apagando en función de los pasajes sonoros de sus composiciones, los islandeses conseguirían una puesta en escena relajada pero efectiva, la perfecta combinación para que la velada tuviera la tensión justa y necesaria.

Las notas de “Náttfari” inundarían nuestros oídos mientras el simpático vocalista y guitarra de la banda, Aðalbjörn "Addi" Tryggvason, empezaría a adueñarse de la mayor parte de las miradas, caminando de un lado al otro del escenario mientras interpretaba las densas notas de sus composiciones. “Silfur-Refur” o “Ísafold” representarían de manera más que fidedigna el sonido de su más reciente lanzamiento, mientras que la ya clásica “Ótta” y, por supuesto, “Fjara”, animarían hasta el punto que el respetable llegaría a corear a pleno pulmón las líneas de unas canciones que han conseguido calar bien hondo a través de las escuchas. Entre discurso y discurso, donde tendría tiempo de hablar sobre enfermedades mentales o sobre la potencia escénica de sus adorados Iron Maiden, Tryggvason iría comandando un show cuyo final desembocaría en “Bláfjall” y “Goddess of the Ages”. Fue precisamente en este último tema cuando el frontman se pasearía por la barra de la sala saludando a sus incondicionales y suscitando las sonrisas (o lágrimas) más notorias de la noche; es evidente que esta gente han crecido ya no solo como compositores sino también como intérpretes, siendo ahora sus directos un espectáculo mucho más compacto y que transmite con efectividad aquello que representan los islandeses.



Crónica: Victor Vallespir
Fotografías: Pablo Gándara



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