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En este 2017, el mundo de la música pesada recibió una de las mejores noticias del siglo. Helloween, banda pionera del speed/power metal alemán, se reuniría con sus miembros originales. Michael Kiske y Kai Hansen, integrantes de la banda en su época dorada, volverían a compartir el escenario con Michael Weikath y Marcus Grosskopf después de muchísimos años.
El pasado jueves 2 de Noviembre, las calabazas aterrizaron en el estadio Luna Park de Buenos Aires, en el marco de su gira “Pumpkins United World Tour”.

La banda decidió comenzar su gira por Latinoamérica y no trajo consigo ninguna banda que funcionase como acto soporte. En los conciertos previos al show en Argentina, los muchachos de Helloween tocaron sin teloneros y todo parecía indicar que en Buenos Aires ocurriría de la misma manera. Sin embargo, dos días antes del evento, la banda Lörihen anunció que estaría abriendo el recital de los alemanes. La agrupación nacional se vio obligada a realizar un set acústico porque, por los tiempos del evento y por motivos de espacio, no podían montar un set eléctrico. Aproximadamente a las 19:30, Lucas Gerardo y Emiliano Obregón, salieron a escena para interpretar algunos de sus temas en formato acústico. Aquellos presentes desde temprano pudieron disfrutar de diferentes composiciones de la banda. Algunas más recientes como “Aún sigo latiendo”, “Solo tus ojos” y “Cuando tus brazos caen”, y otras más clásicas como “El secreto más perverso”, “El último eclipse” y “Vida eterna”. Ambos músicos reiteraron repetidas veces, y con mucha razón, la necesidad de apoyar a las bandas nacionales, ya que la es un camino muy arduo y dificultoso el que estas bandas deben recorrer. Al despedirse, la banda se mostró más que agradecida con la gente por el apoyo.
El reloj marcaba las 20:10 y, si bien faltaba muy poco, las ansías transformaban los minutos en horas. La gente se iba amontonando en el campo, las plateas y cabeceras se iban llenando y de a poco se iba generando un ambiente cada vez más mágico para el show.

Minutos pasadas las 21:00, se apagaron las luces y, acompañada por los gritos impetuosos de la gente, comenzó a sonar la introducción del tema “Halloween”. Una vez terminada la intro, cayó el telón que ocultaba a los músicos y Grosskopf, Gerstner, Löble, Weikath y Hansen se hacían presentes en el escenario. Segundos tardaron en aparecer las figuras de la noche. Michael Kiske y Andi Deris entraron entonando a dueto las estrofas de este himno, aumentando a euforia de la audiencia a niveles intangibles. Las voces de ambos vocalistas se complementaban a la perfección, mientras los dos se turnaban para cantar más alto o más bajo dentro de sus amplísimos registros. Con muchísima participación del público y con este temazo de casi 14 minutos para darnos la bienvenida, comenzaba la fiesta calabazesca.

Sin ningún tipo de detención, la banda continuó con el tema “Dr. Stein”. Estas dos canciones comenzaban a introducir una de las “caras b” del show. Acompañando la mayoría de los temas, y funcionando como transición entre los mismos, diferentes videos iban siendo proyectados en la pantalla ubicada detrás de los músicos. Para este tema pudimos disfrutar, nuevamente, de las voces de Kiske y Deris a dueto y la increíble destreza de los músicos acompañando a estas dos figuras.

Tras estos dos primeros clásicos de los “keepers”, Deris y Kiske pasaron al frente y procedieron a presentarse. Dieron las gracias a todos los asistentes e introdujeron a dos personajes que nos hicieron a todos compañía durante el transcurso de la noche. Las calabazas caricaturizadas “Doc y Seth”. Pasó a realizarse la proyección de uno de los primeros videos humorísticos de la noche, con estas caricaturas que sirvieron para ir dando paso a las canciones de esa noche. De esta manera, una vez finalizado el pequeño video, Kiske tomó el micrófono y pasó la bomba de speed “I´m alive”. La ventaja de contar con tres guitarras fortaleció mucho las melodías armónicas, ejecutadas mayormente por Hansen y Weikath, mientras Gerstner mantenía la base riffera.

Una vez finalizado el tema anterior, bajaron las luces y el mando fue transferido al señor Deris, quien fue el encargado de cantar la primera balada de la noche. Para eso, Andi nos trasladó al año 2000 para escuchar el tema “If I could fly”, extraído del disco “The dark ride”. Esta fue la primera de tres baladas aquella noche, canción que los fanáticos corearon a pleno durante toda su duración. Terminado este tema, el señor Deris nos hizo a todos una pregunta. “Buenos Aires, Are you metal?”.  Acto seguido, comenzó a sonar la muy pesada “Are you metal” del disco “7 sinners”. Llegando al final de la canción, para los últimos estribillos, Deris comenzó a hacer cantar a distintos sectores del estadio, preguntando “Are you metal?”, a lo que el público iba respondiendo “Heavy Metal!”.

Le tocaba el turno nuevamente al señor Kiske con un tema que la banda reinsertó en su setlist después de 24 años. Sin embargo, ni bien comenzó a sonar “Kids of the century”, el single más exitoso del disco “Pink bubbles go ape”, esta adopto un monumental aire a clásico debido al gran recibimiento del público. La voz de Kiske seguía escuchándose de manera formidable y Dani Löble seguía proveyendo una gran base baterística para aglomerar todas las canciones a la perfección.

Del “Straight out of hell”, de la mano de Andi Deris, llegaba el tema “Waiting for the thunder”. Estribillos muy poderosos con mucho coreo del público. Una vez llegado el momento del solo, las guitarras hermanas de Hansen y Weikath brillaron una vez más para preceder un último estribillo memorable.

Momento de escuchar la canción “Perfect Gentleman”. Un tema con revoluciones algo inferiores a los anteriores, pero eso no impidió que el público se pusiera a saltar de arriba abajo desde el comienzo de la canción. Llegando al final del corte Kiske se acercó a Deris, quien estaba cantando la canción, y le puso un sombrero. A continuación, ambos empezaron a hacer un ida y vuelta con la audiencia, a lo que siempre el público replicaba “Perfect!”. Después del cambio de tonalidad del final, y del  gran despliegue vocal de Deris, la canción cerraba de manera magnificente.

Después de un cómico video de Doc y Seth, con uno de estos personificando a Kai Hansen, llegó uno de los momentos de la noche. Hansen tomó las riendas de la banda y llegó un Medley de cuatro temas del disco “Walls of Jericho”. Tras unos cánticos de “Happy happy Helloween, Helloween, Helloween”, un grito desaforado del cantante y guitarrista dio la bienvenida al tema “Starlight”, desatador de un brutal pogo que se extendió diametralmente sobre el campo. Después de dos vueltas de estribillo, Hansen gritó “Alright you motherfuckers are you ready to ride the sky?” A continuación, la banda enganchó con el tema “Ride the sky”. Estribillos algo más lentos, pero coreados a los cuatro vientos por el público. En las secciones instrumentales, Hansen y Weikath supieron trasladarnos a aquel 1985 con esos brillantes punteos a dos guitarras que comenzaron a caracterizarlos desde muy temprano.  “You don´t fuck with Judas” dijo Hansen, dando paso al tema Judas. Con un pedazo de riff y una gran base a puro doble bombo, la gente mantenía los niveles de euforia, aumentándolos exponencialmente con el paso del tiempo.  Por supuesto que acá tampoco podía faltar el fast- picking armónico ejecutado por Weikath y Hansen, fuertemente influenciado por rasgos de música clásica. Para concluir con este medley, la banda interpretó el tema “Heavy metal (is the law) por completo, dando fin a este pequeño pero brillante episodio de la noche. Una vez finalizado el Medley, la gente empezó a corear con todas sus fuerzas “Olé olé olé olé, Hansen Hansen”.

Llegó uno de los momentos más emotivos de la noche. Kiske y Deris se sentaron delante de todo y se dispusieron a tocar una de las baladas más emotivas de la banda. “El otro día, tocando esta misma canción yo dije que esta era una canción para las chicas”, dijo Deris. “Pero Michael me dijo que no. A los chicos también le gustan las baladas.” Y así fue que, acompañados ambos vocalistas por la guitarra de Gerstner, comenzó a sonar la épica “Forever and one (Neverland)”. Este fue uno de los mejores duetos de la velada, con los dos cantantes germanos secundándose con las líneas vocales toda la canción. Tras un pequeño solo a guitarra limpia de Gerstner, Löble se unió en la batería y Grosskopf en el bajo para brindarle al tema un final alucinante.

“Esta es una composición del señor Michael Weikath”, dijo Kiske. “Esta canción se llama A tale that wasn´t right”. Un comienzo muy calmo con la guitarra de Gerstner en arpegiando la base y Weikath ejecutando la melodía detrás de sus seis cuerdas. La gente se sumó desde el principio del corte. Había tantas personas cantando, que Kiske tuvo que parar el mismo por momentos para cederle el lugar a la audiencia. Para la mitad del tema, Deris se unió a la formula y el solo de Weikath también fue coreado a todo pulmón.

Doc y Seth daban la bienvenida al único tema del “Better than raw” de la noche. Con Deris al micrófono, la banda interpretó el tema “I can”. Estribillos muy enérgicos con todo el público cantando a la par del vocalista “¡I can, I can, I can!”.

Era tiempo de presenciar un duelo de batería histórico. El señor Dani Löble tomó sus baquetas, y comenzó a golpear moderadamente la batería para esta primera sección de solo. En un momento determinado, Löble cesó con su turno y se encendió la pantalla del escenario. Comenzó a reproducirse un clip del difunto baterista de la banda Ingo Schwichtenberg. Tras una inmensa ovación del público, Löble regresó a su puesto en la batería y comenzó a tocar a duo con Ingo. De los momentos más especiales que deparó el show de la calabazas sin duda alguna.

Momento de otro medley, esta vez uno de dos canciones de los “keepers”. Michael Kiske se encargó de deleitarnos con las canciones “Livin´ ain´t no crime” y “A little time”. Esta última fue tocada por completo. Este medley fue otra de las rarezas que nos deparó este show, ya que ambas son canciones que rara vez son interpretadas en los sets en vivo de la banda. Una sorpresa muy agradable para todos los asistentes que corearon cada canción como si fuera la última de la noche.

Llegó un doblete del disco “Master of the rings”. Con una tremenda introducción de bajo y batería, abría esta pareja de clásicos el tema “Why?”. Nuevamente, el dueto vocal se hizo presente en el Luna Park. Kiske y Deris iban turnándose durante las estrofas, mientras que en los estribillos atacaban con toda su furia. Una vez finalizado el tema Deris dijo: “Este es un tema perfecto para Michael Kiske ¿No les parece?”. La noche seguía con otro clásico de este mismo disco. “Sole survivor”, con su atronadora batería al comienzo, llegó para poner a todos a saltar más alto que nunca en aquella noche. Con un pedazo de solo por parte de Weikath y una de las mejores interpretaciones de Deris de la noche, la banda seguía enamorando al público cada vez más.

Para esta altura, los clásicos se iban poniendo cada vez más clásicos. Le tocaba el turno al último tema con Deris en solitud vocal. “Power” contó con uno de los estribillos más cantados de la noche y las melodías más coreadas. Por un momento, la banda bajo la intensidad y le pasó la posta al público para que este tomará el rol de guitarra melódica (si se me permite) e imitara a la misma. Piel de gallina asegurada.

Antes de la primera despedida, “How many tears” se adueñó del estadio. La canción fue cantada a trío. Deris se encargó de la primera estrofa de cada sección, Hansen de la segunda y Kiske de los puentes. Los estribillos eran compartidos por los tres cantantes, mientras que la base rítmica ejecutada por el resto de los miembros era el vital engranaje de toda esta canción. Excelentes solos lentos y rápidos a tres guitarras. Las secciones limpias con guitarras, trillizas en este caso, deleitaron a todo aquel presente. Para el final de la canción, todos los reflectores devinieron en Kiske, que culminó el tema con un grito devastador. Se alargó un poco el final del tema y, tras el final del mismo, la banda se retiró del escenario.

Momentos después de la salida de la banda, comenzó a proyectarse un video en la pantalla, con el tema “Invitation” de fondo. Löble contó cuatro tiempos en el hi-hat y arrancó a pleno riff el tema “Eagle fly free”. Con una robusta base de doble bombo, Kiske, lejos de cualquier tipo de playback, dio una exhibición de agudos extraordinarios. Por supuesto que las voces del público incrementaron, en excelsas cantidades, la atmósfera metalera del entorno. Tema en donde cada integrante tuvo su momento de protagonismo. Simplemente brillante.

“Ahí les va otra canción de quince minutos”, dijo Kiske. “Esta canción se llama Keeper of the seven keys”. Fueron quince minutos de pura emoción y adrenalina. La banda logró demostrarnos todos sus matices con esta extensa composición. Para el tramo final, Deris se unió a la ecuación para brindarle más atractivo al desenlace. El arpegio del final se extendió notablemente para que la audiencia pudiera acompañar a los cantantes con el último coreo del tema. Con esta base sonando de fondo, Hansen y Kiske pasaron a presentar a todos los miembros de la banda. Todo parecía indicar que el show había acabado.

Una vez más aparecieron Doc y Seth, de quienes nos despediríamos después de aquel último video. Hansen precedía el siguiente tema con pequeños extractos de “In the hall of the mountain King” y “Peer Gynt”, donde recibió el acompañamiento del resto de la banda. Momentos tardó todo esto en convertirse en la épica “Future World”. La gente estaba que estallaba. La primera estrofa retumbo en todos los confines del estadio. Michael Kiske se adueñó de la canción y la cantó como si tuviera veinte años. Una vez más, Weikath y Hansen pasaban al frente para deliberar sus majestuosos solos. Llegando al final del tema, Kiske gritó “Scream it out!”. Se imaginan la reacción y respuesta del público ante esta incitación del vocalista. El enganche con el último tema fue inmediato. Como despedida definitiva, llegó el tema “I want out”. Comenzaron a llover pelotas infladas con dibujos de calabazas en el momento más festivo de la noche. Deris se unió a Kiske una vez más, para interpretar el máximo himno de la agrupación. Todo fue coreado a pleno. Estrofas, estribillos, melodías, solos, etc. Todo. Terminando el instrumental, Deris y Kiske se repartieron el estadio. Mientras una mitad coreaba la melodía, la otra gritaba “I want out”. “Creo que mi mitad cantó más fuerte”, dijo Deris. “Tiene razón. Ellos cantaron más fuerte”, contestó Kiske. Los vocalistas cambiaron de lado y todo fue más estruendoso aún. Después de un último estribillo a mil revoluciones y una lluvia de papel picado, el recital llegó a su final.

Una auténtica fiesta se vivió en las tres magníficas horas de concierto provistas por los germanos. El reencuentro del siglo no decepcionó. Creo que hablo por todos los asistentes a este magnífico concierto, que nadie esperaba ver un show así de épico. No me refiero únicamente a los aspectos musicales, sino a todo el show y la experiencia en sí. Las luces, la escenografía, los videos… Todo fue impresionante. El setlist que preparó la banda contó con todos los clásicos necesarios y con un montón de temas más que inesperados por los fanáticos. Más de 7.000 personas asistieron el 2 de noviembre del 2017 al Luna Park. Esta fecha se convertirá en una historia que aquellos asistentes al show podrán contar durante el resto de su vida. Haber podido presenciar a todos los Helloween originales tocando en conjunto y compartiendo un escenario es algo que todo recordaremos por siempre. Esperemos poder escuchar más material discográfico de las calabazas unidas en un futuro. Sin ningún tipo de hesitación, este fue el show del año. 
Helloween



Crónica: Federico Solari
Fotografía: Juan K. Baracaldo

Video exclusivo gentileza Andrea Bermúdez

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