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La gira Pumpkins United de Helloween no podía verse de mejor manera para sus fans a través de todo el mundo: formación clásica y ambos vocalistas históricos, Michael Kiske y Andy Deris. Sin embargo, el hecho de ocupar playback en una de sus presentaciones anteriores en Sudamérica tenía a varios asistentes a su show en Chile en vilo, esperando el resultado que escucharían cuando se apagaran las luces del Teatro Caupolicán.
Cuando el reloj marca las 20:05, el mítico recinto de San Diego 850 casi se vino abajo, puesto que el primer disparo de la noche fue ‘Halloween’, cuyos más de 12 minutos se vivieron sin respiro por las cinco mil almas que repletaron la primera de dos noches totalmente vendidas en nuestro país.
Con una pantalla en alta definición en el fondo y un muy buen juego de luces acompañando cada compás, la banda se entregó desde un principio a su fanaticada. A pesar de esto, el sonido no fue el mejor en el sector de cancha, puesto que las guitarras se perdían en la mezcla y el bajo del siempre alegre Markus Grosskopf tampoco se apreciaba de una manera muy nítida.
Habiendo pasado por alto estos detalles, la banda continuó con un setlist lleno de joyas pertenecientes a todas las épocas de la banda, con unas divertidas caricaturas de calabazas llamados Seth y Doc quienes introdujeron varias canciones durante la velada. ‘Dr. Stein’, ‘If I Could Fly’ y ‘Kids Of The Century’ volvieron locos a los presentes quienes en varias oportunidades, lograron supercar en volumen al PA del teatro. Michael Weikath, con una sobriedad casi elegante y, por más que su guitarra no se escuchara del todo bien a veces, cumplió con una gran performance durante las casi tres horas de show.
La jornada continuó con cortes del tamaño de ‘Are You Metal?’, ‘Waiting for The Thunder’ y ‘Perfect Gentleman’, con la cuál jugaron bastante rato con el público y, aunque quizás lo hayan sobreutilizado un poco, sirvió bastante para mantener en éxtasis a un Caupolicán en llamas.

Tras este tema, se vino uno de los mejores momentos de la noche: un medley cantado por Kai Hansen que contenía ‘Starlight’, ‘Ride The Sky’, ‘Judas’ y ‘Heavy Metal (Is The Law)’, canciones gritadas a todo pulmón por todos los presentes. El carisma de Hansen sobrepasa cualquier tipo de falla sonora que haya habido, puesto que es un frontman completísimo.
A continuación, de una manera mucho más íntima, Kiske y Andy toman asiento para interpretar ‘Forever and One (Neverland). Presentada como una canción para el corazón, varios en el teatro terminan emocionados coreándola desde lo más profundo de sus seres. La jornada siguió en forma con ‘A Tale That Wasn’t Right’ y el clásico ‘I Can’ que, finalizada, dio paso a un buen solo de batería ejecutado por Dani Löble y, gracias a la ayuda de la tecnología, fue acompañado por el gran ‘Mr. Smile’, Ingo Schwichtenberg, primer percusionista de los alemanes y quien  se quitase la vida en 1995. Este segmento fue bastante aplaudido por un Caupolicán entregado a más no poder.

De ahí en adelante el show se hizo muy corto, lleno de temas emblemáticos de Helloween, con ‘Why?’, ‘Sole Survivor’ y la majestuosa ‘Power’, donde Andy Deris brilló bastante. Pese a no ser el vocalista más aplaudido de la noche, Deris demostró que está cantando en un gran nivel por más que pasen los años, además de hablar en un perfecto español durante toda la jornada, cosa que fue muy agradecida por todos los presentes.
Luego de un breve receso, se vinieron los cortes más esperados por los fans: ‘Eagle Fly Free’, con un Kiske inspiradísimo como en todo el concierto, ‘Keeper Of The Seven Keys’, en la cuál Sascha Gerstner demostró que también puede comerse al público sólo con su guitarra haciendo que el respetable coreara por largos minutos el final de tamaña canción.

Tras unos minutos, la banda vuelve a escena para tocar ‘Future World’ y, quizás, su tema más insigne como lo es ‘I Want Out’, que fue acompañada por globos gigantes que enloquecieron a todo el recinto santiaguino que temblaba por tanta gente brincando en todos sus niveles.
Lluvia de papel picado en la cancha y fuegos de artificio en la pantalla marcaron el final de un concierto de casi tres horas que, a pesar de sus inconvenientes en la parte sonora, hicieron que la mayoría de las personas que tuvieron la suerte de estar presentes en el show, se fuera contenta hacia sus hogares. Más de 24 años de espera que finalizaron con una tremenda recompensa, un show brillante y correcto en casi todas sus líneas.

Crónica de Samuel Víctor Acevedo
Fotografía por Felipe Pino Guerrero

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