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 Foto: difusión

Él debut de Anthrax con Fistful of Metal en 1984 fue bastante violento y agresivo. Se asemejaba mucho al estilo de Metallica de ese entonces, incluso colindaba con el speed metal parecido al de Agent Steel. Luego de este disco, despedían a su vocalista Neil Turbin.


Le ofrecieron el trabajo para Matt Fallon de Skid Row y no funcionó.  La última opción de Scott Ian era el siguiente: "como Kiss, tendríamos dos vocalistas. Yo como Gene Simmons y Frank Bello como Paul Stanley". Desesperados, sin saber qué hacer llegaba Joey Belladonna.

Un jean realmente apretado, unas botas muy escandalosas y un polo con diseño de animal print. Así se vestía Joey Belladonna quien se puso delante del micrófono haciendo sonido agudo con cada paso y los de Anthrax mirando atónitamente. No obstante, se presentó con clásicos de Journey, Foreigner y Deep Purple.

Nadie negaba el potencial de Joey, sino que la banda no estaba convencida por sus influencias musicales, pero su productor Carl Canedy fue quien dio la loca idea. "Escuchen su voz, ustedes serán diferentes con él. Los pondrá a kilómetros de distancia con otros", vio la posibilidad de combinar la voz melódica con el thrash.

El productor tuvo la última palabra, lo aceptaron como su frontman y lo entrenaron. Le tocaron unos clásicos, las canciones propias y probarían unos cuantos conciertos para que se adapte al nuevo clima. Después, entraría al estudio con toda la energía y la vibra asimilada.

Eso solo fue el calentamiento y vino la hora de la verdad, se adentraron en el estudio. "Fue difícil porque muchas canciones eran rápidas y no estaba acostumbrado. Joey aprendía cómo pronunciar las palabras en esa velocidad", recordó Scott. Le dieron bastante libertad para que sus cuerdas vocales estén de acuerdo con la música.

Como resultados salieron canciones como Medusa, Madhouse o Gung-Ho. La búsqueda de un nuevo vocalista había terminad, no tuvieron que optar por el plan Kiss. La violencia y la agresividad volvieron en forma del hardcore, pero no del heavy. Las melodías y armonías se hicieron más notorias.

"El disco es bastante pesado, tiene su vibra y nos demostró el camino o la dirección que apuntábamos. Presagiaba lo que haríamos en Among the Living", declaró Scott Ian, muy satisfecho con su trabajo.


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