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Foto: difusión

Un hito importante se celebraba en la vida de Lemmy Kilmister, había llegado a las siete décadas de vida. Se veía frágil, pero sus con sus lentes de sol, ropa negra y una botella de Jack Daniel's, quitaba su aspecto senil y se veía más vivo que nunca.


Con un poco de dificultad habían terminado la gira europea en la segunda semana de Diciembre de 2015. Pero fue un baldazo de agua fría para fanáticos, músicos y personas cercanas por igual, cuando se le diagnosticó de cáncer.

Lemmy ya mostraba síntomas de cansancio y enfermedades cuando en 2013 abandonó el concierto de Wacken en 2013. No fue ningún acto cobarde, no es algo que haría el. Si lo hizo es porque tenía diabetes y arritmia cardiaca. De inmediato, lo sometieron una cirugía y lo que le sostuvo la vida fue un implante de desfibrilador. 

No obstante, volvió a la vida bohemia de músico con la fatiga de los conciertos encima. En agosto del 2015 se lanzaba su vigesimosegundo disco "Bad Magic" y decía presente a todo el mundo. Nadie se imaginaría que sería su último.

Con conciencia, Lemmy hizo pequeños cambios en su vida. De lo que fumaba más de dos cajetillas de cigarro, lo recudió a solo una, por semana. Dejó de tomar medio galón de Jack Daniels todos los días para ingerir cinco vasos de vodka con jugo de naranja. Con muy poco, se sentía agusto.

Al poco tiempo su ánimo recayó. "No hacía más ensayos, no quería declarar para las entrevistas. No podía hacer nada", manifestó su mánager por 24 años, Todd Singerman. Pero los conciertos, los hacía por los fanáticos, hasta el final."Parece una historia de Rocky. Tiene bastante coraje y valentía a pesar de que estaba muriendo. Parece que él no lo sentía, pero su cuerpo sí", finalizó con unas desgarradoras palabras.

Su último concierto fue en Ausitn, Texas, el 1 de septiembre del 2015 solo logró completar tres canciones y muy cansado: "no puedo hacerlo". El público no hizo más que aclamarle y darle unas buenas vibras, la preocupación era evidente.

Pronto Lemmy iba a sentir dolores en el pecho y fue de emergencia, fue dado de alta el día siguiente. No era su corazón. Por eso, optaron por revisar su cerebro ya que no podía vocalizar bien. Había temor de que pudiera tener convulsiones.

Salieron los resultados de los rayos X, fue una mala noticia. Una difícil. "Tiene bastante materia en su cerebro y cuello", fue lo que reveló el doctor. "Le quedan unos seis meses de vida", hacía perder todas las esperanzas.

Era cáncer, "él lo mejor mejor que nosotros, actuó calmado. Solo se preguntó que si eran unos meses". El doctor solo asintió la cabeza, "no hay nada que podemos hacer, te mentiría si te diría que tienes alguna esperanza".

El mánager quería que todo se mantenga en secreto, pero el mismo Lemmy desitió. "Lánzalo a la prensa, quiero que la gente sepa y deberían saberlo". Se aseguraron de contarlo primero a la familia y los amigos más cercanos, luego se enteraron los fanáticos.

Se contrataron enfermeras para que lo cuiden cuando esté en su casa. Vino la mofina para el dolor y para el aburrimiento, el videojuego que solía jugar en el Rainbow Bar & Grill.

"Lo raro es que ha estado en todos los hospitales del mundo y tomándose cada cierto tiempo análisis de sangre. Ningún doctor pudo dar que era un cáncer terminal. Fue un shock para nosotros y de un solo segundo le dijeron que tenía seis meses de vida", reveló su mánager.

El lunes 28 de diciembre, un doctor lo visitó. Lemmy estaba esperando a Ozzy, quien iba venir entre ese día o el próximo. Pasó horas jugando videojuegos, perdío el conocimiento, cerró los ojos y nunca más llegó a despertar.

Así se apagaba un ícono que inspiró generaciones. Un tipo que con su presencia hacía mejor al mundo. Un mundo lleno de excesos, pero que se vivía al máximo y al límite. Sin él no solo no existirían muchas muy buenas bandas, sino que no inspiraría a sus fanáticos a seguir adelante. No cabe duda que lo dio todo por sus seguidores.



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