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La que sería, probablemente, una de las giras extremas más atractivas en lo que va de año se vio reducida a la mínima expresión por cuestiones que, obviamente, nada tendrían que ver con las bandas protagonistas. Y es que, en cierto punto de la ciudad de Barcelona, el mismo día y, probablemente, a la misma ahora, actuaba cierta banda que responde al nombre de Metallica. ¡¿Cómo vas a competir con eso?! La asistencia al concierto que tanto Carach Angren como Rotting Christ nos tenían preparados fue realmente mala, dejando la Salamandra de l’Hospitalet a algo menos de media entrada y con muchísimos huecos entre un público que nunca entró en el calor optimo para un evento de estas características. En fin, no culparemos a nadie de esta circunstancia; al final, la oferta cultural de la ciudad es tan amplia que la gente se ve obligada de escoger y a priorizar. Si algunos prefieren gastarse los ahorros en Metallica, bien por ellos. Si otros prefieren, con eso dinero, asistir a cinco conciertos… bien por ellos también. ¿Quiénes seremos nosotros para juzgar?
Sea como fuera, los más extremos del hogar se decidieron por asistir a un concierto con aura de oscuridad y con la brutalidad por bandera. Y, cree servidor, no tendrían por qué arrepentirse. Ya desde la temprana actuación de Svart Crown, con la gente entrando pausada y contemplativamente al recinto, recibiríamos las primeras y crudas notas de un blackened death metal que nos acompañaría a lo largo de la tarde noche. Estos franceses, firmados con el prestigioso sello Century Media, llevan ya más de diez años en esto y parece, ahora, van encontrando su hueco en giras que les puedan exponer a más y más público. Su último lanzamiento,  ‘Abreaction’, combina el black y el death metal bajo una estética alejada de los cánones impuestos, a veces, por los propios géneros. Con piezas como “In Utero: A Place Of Hatred And Threat” o “Colosseum” construyeron un concurso mucho más discreto y comedido que el de sus compañeros de gira, pero lograron presentar su producto de forma más que fidedigna. Cerraron con “Transsubstantiation” y “Orgasmic Spiritual Ecstasy”, y, ahora sí, nos empezamos a preparar para los platos fuertes de la noche.
Tras una intro teatral y con la atmósfera cargada de expectación, Carach Angren saltarían al escenario con un sinfín de blast beats y esas melodías cargadas de brutalidad que siempre aportan a sus canciones. “Charlie” canción que abre su último lanzamiento, ‘Dance And Laugh Amongst The Rotten’, puso las bases para que la banda descargara su propuesta frente a un público, a decir verdad, algo estático. La actitud de su vocalista Seregor es impresionante: sabe llevar el show hacia donde él quiere y sabe dotar a su particular personaje blackmetalero de una personalidad impresionante en comparación con otros frontmans del género.
Pese a que cuentan con solamente un guitarrista en la banda –de hecho, guitarra de sesión para sus conciertos- y que un bajo o una segunda guitarra no estarían de más, gozaron de un sonido lo suficientemente claro como para que las diversas partes de sus canciones se construyeran de forma orgánica a lo largo del concierto. Los teclados de Ardek sonaron infernales en todo momento, con un soporte móvil decorado con una bonita calavera que le haría colocarse en posiciones impensables para cualquier pianista de conservatorio. “When Crows Tick On Windows” se erigió como una de las piezas más teatrales de su propuesta, mientras que canciones como “Pitch Black Box”, con corona incluida por parte de Seregor, o “Bitte Tötet Mich” descargarían toda la rabia contenida por parte de una formación que supo ambientar su propuesta de forma excepcional durante todo el show.
Ellos lo intentaron, trataron de animar al respetable, pero el movimiento se concentró encima del escenario. Y para muchos eso sería más que suficiente, pues “Sir John” o la neerlandesa “In De Naam Van De Duivel” hicieron que más de uno se dejara el cuello en ello. Lamentablemente no gozarían de mucho más tiempo encima del escenario, así que irían recogiendo las cosas mientras acababan de deslumbrar con las últimas “Charles Francis Coghlan” y la finalísima “Bloodstains On The Captain’s Log”, que serviría para que el inquieto cantante de Carach Angren volviera a transformarse con una bonita máscara. Un concierto más que entretenido por parte de una banda que huye de los clichés para adentrarse en terrenos algo menos explorados en el mundo del black metal; desde luego que se agradece.
Pese a compartir teórico puesto como cabezas de cartel con los holandeses, estaba claro que los helénicos Rotting Christ eran los más esperados de la noche. Obviamente la sala no estaba llena e incluso existía un pequeño hueco entre el escenario y las primeras filas, pero no por ello el entusiasmo fue menor para cuando los griegos iniciaron su concierto con las notas de “Devadeam”, perteneciente a su último y genial disco ‘Rituals’. Animando sin parar y dejándose la voz en sus temas, el vocalista y guitarra Sakis Tolis acaparó buena parte de las miradas, pero nada desmerecedoras serían las actitudes del fortachón Van Ace y de George Emmanuel al bajo y guitarra respectivamente, dos músicos incorporados a la banda de forma tardía pero que han sabido adaptarse perfectamente a la dinámica de directo de Rotting Christ.
La velocidad de temas como la divertida y coreable “Elthe Kyre”, “Demonon Vrosis” o la esotérica ritualidad de “Apage Satana” construirían una dinámica casi perfecta para el show, la mezcla entre brutalidad y solemnidad para una banda que combina a la perfección la intensidad del momento con la densidad de unas piezas pesadas a más no poder. “The Sign Of Evil Existence” o “The Forest Of N’Gai” ejercerían de base para una recta final que, a decir verdad, se nos vino encima con demasiada rapidez.
 “In Yumen-Xibalba”,  perteneciente al disco que más repetirían a lo largo de su concurso, ‘Kata Ton Daimona Eaytoy’, es un verdadero pelotazo. Y es que es envidiable la capacidad que tienen estos griegos para crear su propio sonido sin renunciar a las bases sónicas de su género: black, death, melodía… todo tiene cabida en el universo instrumental que construye una banda que, a lo tonto, lleva más de treinta años en esto. “Grandis Spiritus Diavolos” se ha convertido a lo largo de los últimos años en una pieza fundamental en los directos de Rotting Christ. ¡Y no es para menos! Es un tema perfecto para venirse arriba, para aunar público y banda en uno y conjurar el particular ritual que se erige en base a las actuaciones del grupo.
Tras su interpretación, se retirarían brevemente del escenario para volver con toda su fuerza con “666”, la canción que pondría el broche de oro a una actuación y a una velada que, solamente algunos, nos atrevimos a disfrutar. Es una pena que propuestas como esta, a veces, no tengan la respuesta esperada. En el caso que nos ocupa, eso sí, la fortuna no estuvo de nuestro lado y seguro que podemos esperar pacientemente a otras ocasiones con circunstancias externas menos influyentes. Por el momento, nos quedamos con la dulce sensación de quien se siente partícipe de algo tan íntimo como especial.

Crónica: Víctor Vallespir
Fotografía de Emilio Delirio

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