PH: Pablo Gándara
Steel Panther son ningún tipo de duda una de esas bandas que lo tienen todo para llamar la atención e ir escalando poco a poco en los puestos de los grandes festivales. Evidentemente, tocar en un gran escenario frente a un público heterogéneo puede suponer todo un reto, pero las divertidas canciones y la alocada actitud de estos músicos son suficientes como para animar a miles y miles de personas. En sala, eso sí, estamos hablando de otro tipo de show, algo que tiene que ser mucho más consistente como para hacer que tu público mantenga la atención durante, nada más y nada menos, que hora y media. Nos plantamos, pues, en la segunda sala de la Razzmatazz de Barcelona –el concierto se tenía que celebrar en la sala grande pero se cambió finalmente por el recinto de menor capacidad- con la intriga de quien observa un fenómeno creciente que, algunos, aún no llegan a comprender.

A lo largo de esta crónica dejaremos de lado todo análisis moral respecto a lo que vimos en el escenario: de sobras es conocida la actitud de Steel Panther, las acusaciones que vuelan sobre ellos y el calificativo de machistas que, según como se mire, se tienen más que merecido. Al alcance están todos los vídeos y opiniones y dejaremos que cada uno dictamine su juicio respecto a esta gente. Al final, los que fueron a su concierto y, en especial, las chicas que participaron algo más activamente en él, lo hicieron bajo su propio consentimiento: fuimos allí a divertirnos.

Los invitados especiales para la ocasión serían Fozzy, banda liderada por el luchador de la WWF Chris Jericho, sin duda todo un aliciente para los que todavía dudaban entre asistir o no a la velada. Tras una pequeña intro con la base sonora de “War Pigs” de Black Sabbath, salieron a por todas con una “Judas” que sonó muy potente. Los americanos dieron todo un recital de energía y se vieron más que compenetrados encima del escenario, siendo su conexión con el público un constante a lo largo de su concurso. Y es que la gente incluso coreó el nombre de la banda en varias ocasiones y hasta hubo algunos que seguían las canciones de la banda como si las conocieran de toda la vida.

Canciones como “Sin And Bones”, “Spider In My Mouth” o “SOS”, una cover de ABBA, no bajaron la intensidad un solo segundo, y ya para el tramo final de un concierto de unos tres cuartos de hora, “Lights Go Out”, “Bad Tattoo” y “Sandpaper” arrancaron los últimos aplausos en la que es su primera visita a tierras españolas.

Jericho fue cambiando de atuendo a medida que iba avanzando el show, pasando de un vestido lleno de brillantes a un conjunto de luces que iban variando como si de un árbol de navidad se tratara. Tuvo una actitud muy rock n’rollera encima del escenario, sabiéndose el amo de todas las miradas e interpretando cada una de las líneas de la banda de forma más que meritoria: no es que estemos hablando del mayor desafío vocal que hayamos presenciado, pero las ideas funcionan de sobras en directo.

Llegaba el momento álgido de la velada y la gente se apretó entre las primeras filas. Steel Panther salieron a por todas con una “Eyes Of The Panther” que despertó la euforia entre sus seguidores, el perfecto pistoletazo de salida para un show que tendría absolutamente de todo. Los de Los Ángeles, lejos de ser un mero acto musical, actúan como puros comediantes entre tema y tema, dándose la libertad para “gastar” el mismo tiempo en habladurías como en las canciones propiamente dichas. La comedia es algo muy subjetivo, por lo que los monotemáticos discursos de los americanos (básicamente sobre mujeres y drogas) pueden cansar a alguno, pero también pueden ser realmente entretenidos.
Es una de las virtudes de esta gente, la de construir un concierto más allá del terreno musical para trascender como espectáculo completo. Se gustan sobre el escenario y se saben idolatrados, por lo que no escatiman en guiños hacia los clichés del glam metal o en posturas que tantas veces hemos visto en los videoclips de los ochenta.
Y no será por temazos, pues canciones como “Party Like Tomorrow Is The End Of The World” o “Asian Hooker” contienen melodías tan pegadizas como memorables; pese a ello, estamos hablando de otro tipo de show. Cada uno de los miembros de la banda se tienen el papel perfectamente estudiado, con Michael Starr emulando a David Lee Roth enfrente del escenario, con un Satchel que no para de hacer gestos provocativos a la guitarra y con Lexxy Foxx al bajo, quien no se desprende de su espejito y de sus morritos en ningún momento. Stix, a la batería, quizás es el miembro del conjunto con menos peso escénico, pero no por ello dejo de recibir los continuos aplausos del respetable cada vez (y fueron muchas) que la banda pedía gritos para cada uno de los músicos.

El solo de guitarra de Satchel fue de los más divertidos que podemos ver en la actualidad, huyendo de virtuosismo y dedicándose a rememorar riffs icónicos como los de “Rock You Like A Hurricane”, “Breaking The Law”, “Crazy Train” o “Sweet Child O’Mine” mientras aporreaba el bombo de la batería. Para cuando volvieron todos al escenario, descargaron la hilarante balada “That’s When You Came In”, dedicada a la mejor mamada de la historia.
Encarábamos la recta final del concierto de la mano de una “Weenie Ride” con la que subieron a una chica al escenario. La fiesta total, eso sí, se sucedió al son de unas “17 Girls In A Row” y “Gloryhole” con una quincena de chicas encima del escenario. Se pusieron más trues con “Death To All But Metal”, canción que pondría punto y aparte a su concierto para que, ya en el bis, atacaran con las geniales “Community Property” y la celebradísima “Party All Day (Fuck All Night)”, sin duda uno de esos temas que pondrán la banda sonora en las fiestas metaleras de los años venideros.

Steel Panther juegan ahora mismo en una liga conformada por bandas tan heterogéneas como similares. Formaciones como Sabaton, Ghost o Airbourne han conseguido soportar la presión de ser cabezas de cartel y, ahora, tienen el difícil reto de consagrarse como una opción para sustituir a los dinosaurios del género. ¿Qué tiene que ver Steel Panther con ellos? Estos glammers consiguen construir un concierto que se percibe como único y especial; la sensación al salir de la sala era la de haber presenciado algo que va dar que hablar en los próximos años… si es que aún hay alguien que no sepa de ellos.
Evidentemente son una banda que será tachada por muchos por el solo hecho de ser quiénes son y de mostrarse de la forma en que lo hacen. Perfecto. Pero también serán idolatrados por gente que entiende el show de otra forma y que se divierte tanto o más que la gente que cantó y saltó al ritmo de esos himnos tan pegadizos. Eso también está genial. En fin, que cada uno lo valore como quiera; lo que es innegable es que, en esa tarde catalana, ofrecieron un espectáculo a la altura de las circunstancias.





Crónica: Víctor Vallespir
Fotografías: Pablo Gándara

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