Foto: difusión

En un mundo donde reina la cultura y música pop, el rock ya no tiene la misma cabida que antes. El metal actualmente es un espacio de audiencia reducida, pero una pequeña resistencia sólida de fanáticos amantes a morir de sus ídolos.


Formados en 2014, en Gales del sur, Venom Prison es uno de los pilares del metal moderno porque tienen esa destreza de combinar lo ya preestablecido y hacerlo su estilo. Además, son de esas bandas nuevas y frescas que para que los nuevos y jóvenes fanáticos empiecen escuchando.
Distorcionado y pesado a más no poder, la banda juega mucho con la velocidad y la potencia. Los constantes cambios de ritmo evidencian la actitud hardcore, también se respira algo del black cuando desacelera y el grindcore con una la batería punzocortante.

La voz de Larissa Stupar complementa el estilo y la imagen de la agrupación con las técnicas que adquirió por su formación en el hardcore con Wolf Down. Sus cuerdas vocales son una de esas privilegiadas que resisten a todas esas vibraciones explosivas. En su vocabulario no existen las voces limpias, sin embargo podemos apreciar bastantes tonos y colores de los subgéneros que domina.

El death metal y el hardcore son la base de su música. Tiene toda esa agresividad y actitud del que hoy se necesita. El de querer sonar lo más potente posible. Su energía es increíble tanto en el estudio o como en concierto. No les importa estar en un club pequeño o en un festival masivo, la intensidad no se adecua para cada situación.

La libertad de fusionar estilos preestablecidos caracteriza a estas bandas jóvenes que continúan con un legado algo obsoleto como es el metal extremo para este mundo moderno. A contracorriente y con la sociedad en contra, los Venon Prison arriesgan ser la el refugio de un ejército reducido que se sienten representados en un ambiente hostil como es la Tierra.


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