La discoteque Blondie, en el transcurso de media década, ha sido testigo de un montón de recitales memorables. Tanto como Power, Heavy, Death y el Black Metal más oscuro se han dado cita en un ya entrañable recinto ubicado en la Alameda Bernardo O'Higgins. Es este último sub género el que se hizo presente la jornada del 10 de Marzo de 2018, donde la productora Spider, en un gran esfuerzo, juntó a Nargaroth y Belphegor, estandartes del metal más brutal venido desde Europa. 
Sus acompañantes fueron los nacionales Straight Terror, quienes han tenido mucha repercusión en la escena chilena durante sus ya seis años de experiencia. Ellos fueron los encargados de abrir una jornada llena de violencia para más de 100 personas que llegaron temprano al recinto subterráneo, presentando su única placa larga duración a la fecha, ''Between The Lies''. El cuarteto, compuesto por Javier Menares en bajo, Wernher Schurmann en batería, Alan Lagies en guitarra y Max Kübler en guitarra y voces, logró entretener a los asistentes con más de media hora de metal extremo con un sonido estruendoso. Cálidos vítores para los chilenos que brillaron con luz propia, iniciando un ritual pagano pocas veces visto por estos lados.
Tras una prueba de sonido con que todos creímos ser el inicio del show, las luces se vuelven a apagar para dar paso a Nargaroth, con el insigne Ash liderando una ceremonia infernal donde se demostró que el 'Black Metal Ist Krieg', invocando un montón de demonios entre canciones aunque el sonido no fue el mejor durante su presentación, donde ni la caja de Lykanthrop ni la voz de Ash se escuchaban de buena manera.

A pesar de estos detalles, el concierto de los alemanes fue un balazo en el cráneo de una discoteque que de a poco se iba llenando. Con 'War', cover de Burzum y canciones propias como 'Possessed By Black Fucking Metal' y 'Hunting Season' fueron grandes momentos para cada uno de los fans apostados contra la barricada. Tras varios agradecimientos se lanzan con su último trallazo, 'Black Blasphemic Death Metal' y se despiden del público chileno que aplaudió a rabiar una efectiva performance que se hizo corta a decir verdad.
Belphegor, banda que este año ya cumple un cuarto de siglo, fue la tercera y última en aparecer sobre el escenario, ya adornado con cruces invertidas muy ad hoc para su angelical presentación, iniciando el ritual con 'Sanctus Diaboli Confidimus'.
Helmuth tuvo la suerte de escucharse mucho más nítido en las voces que la banda anterior, comprometiéndose mucho más con el público nacional que Nargaroth. Los austríacos tenían como excusa para este show el lanzamiento de ''Totenritual'', último álbum a la fecha que ha funcionado bastante bien entre sus fanáticos, con temas como 'Totenkult – Exegesis of Deterioration' y 'The Devil's Son', que fueron las siguientes en sonar de manera potente pero sin lograr una saturación que pasa a ser un clásico de la Blondie.
Con una falla en el micrófono que poco importó, puesto que se reparó de manera rápida y efectiva, la masacre siguió su curso original con canciones como 'Conjuring The Dead/Pactum in Aeternum' y 'Gasmask Terror', en las cuales hubo, aparte de incansables moshpits, una comunión tal con el público que coreaba cada track con una pasión incesante. ''Lucifer Incestus'' se hizo presente con el tema título y 'Diaboli Virtus in Lumbar Est', con la cuál se encargaron de cerrar un show de doce cortes implacables que destruyeron la fe de los más de quinientos hijos del Diablo que se dieron cita en este festival. Mención aparte se llevan los músicos, puesto que Serpenth, Molokh y Ravager (estos últimos los miembros más nuevos de la banda) fueron un cañonazo en el alma, sin fallar ni siquiera una nota durante toda la presentación.

Tras una despedida que dejó a todos los asistentes felices, se dio final a una jornada tan oscura como se veía en los carteles promocionales, donde hubo un gran compromiso de parte de todos: productora, bandas y público, que complementaron de manera excelente para todo lo que se vivió. Esperemos que sigan habiendo citas de este calibre, en distintos estilos y con un público tan fiel como el que se vio en este ritual, que de seguro dejó con olor azufre a cada uno de los que se dignó a bajar las escaleras de la Blondie.
Crónica de Samuel Víctor Acevedo
Fotografía de Felipe Pino Guerrero

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