La foto de Wolf Pino GuerreroBrutalidad, desorden y ruido. Eso fue lo que experimentamos esta noche en el legendario teatro Ex – Mundo Mágico con la visita de los titanes gringos de Obituary, acompañados por los nacionales de Metal Command, Cerberus, Gangrena y Torturer. Una jornada tremenda, llena de sorpresas que, si me lo permiten, comenzaré a relatarles.


Todo comenzó con Metal Command, una banda notoriamente joven que fue una absoluta sorpresa para todos, ¡suenan increíble, loco!, en cuanto escuché su partida me volaron la maldita cabeza. Tremendos, aunque considero necesario mencionar que les faltó creerse un poco más el cuento sobre el escenario. Dieron un show de primer nivel en cuanto a ejecución musical, pero la actitud se caía un poco, quizás por nervios, quien sabe, ojalá que sigan así, ya que esta banda tiene un futuro brillante.


La foto de Wolf Pino GuerreroTras el tremendo show de estas jóvenes promesas, se suben al escenario los ya clásicos Cerberus, quienes trajeron la destrucción y el caos del Ébola al lugar. Nada que decir de estos cabros, como siempre, dándolo todo ahí, con una ejecución impecable que ya es reflejo de sus años de trayectoria. Temazos como “Excrements Of Purgatory”, “Ébola” y “Decimation” fueron parte de la descarga de ira desenfrenada que cayó sobre todos nosotros. Como siempre, un siete.

Ya, aquí es donde queda la cagá. A mi parecer, es en este momento donde todo se encendió realmente, y fue con los nacionales de Gangrena, una banda que parecía no venir con demasiada fe, pero que se comió al público entero, a pesar de que su puesta en escena era más bien simple, no necesitaron ni pendones, ni mayores parafernalias para prender a un público que a mitad de su show aclamaba su nombre y pedía más y más. “Gritos En La Oscuridad” fue el plato de entrada de estos grandes, de ahí en adelante todo fue sangre y putrefacción, cerraron su show con “Vomitando Insectos”, tema que el público pedía a gritos. Definitivamente, Gangrena es una banda que puedo recomendar a ojos cerrados. Y, sobre todo, si tienen la oportunidad de ver a estos tipos en vivo, háganlo y dense un pútrido festín auditivo.
La foto de Wolf Pino Guerrero
Breve pausa, y aparece ni más ni menos que Torturer, ¿es necesario que diga más? En cuanto comenzaron a sonar, el lugar se comenzó a llenar cada vez más y más, reuniendo a la fanaticada Santiaguina frente al ritual que se estaba montando en el escenario al ritmo de temas como el clásico Arachnophobia, esta definitivamente es una banda que el metalero chileno ya conoce hace rato. Aunque debo mencionar que quizás no fue la mejor idea por parte de la agrupación el usar velas encendidas como parte de la escenografía en un lugar donde hay contacto tan cercano con la audiencia. Personalmente, me tenía bastante preocupado que alguna de las (muchas) latas de cerveza que volaban del mosh fuera a atinarle a una…Y eso no habría salido nada, nada bien. El show de la banda terminó manera abrupta y sin previo aviso, pareciera ser que por algún motivo les cortaron el set, lamentable.

A estas alturas, el Ex – Mundo Mágico está repleto, desbordando con los maniáticos que esperan ansiosos la llegada de Obituary. Gritos, latas volando, gente entrando al recinto (los mismos irrespetuosos de siempre que llegan a la hora de la corneta sólo a ver a la banda grande) y un desmadre general es el ambiente que se aprecia en este lugar que alguna vez fue hogar de fantasía y risas infantiles.Pero eso ya no existe. Señoras y señores, Obituary.

Comienza a sonar el tema que ya se ha vuelto clásico para abrir los shows de la banda, “Redneck Stomp”, y el público no demoró en enloquecer por completo, la parte frontal del recinto estaba llena a tal punto que el mosh más bien se parecía a la estación Baquedano en hora punta. Una masa de gente furiosa destruía todo a su paso sin perdonar a nada ni a nadie, y más aún, si tras la segunda canción, “Sentence Day”, se les ocurrió tirar un clasicazo como “Chopped In Half”, de más está decir que el teatro a esas alturas estaba a punto de reventarse.

Los gringos desataron una verdadera carnicería, y la avivaron con “Turned Inside Out”, fue aquí cuando me di cuenta que, realmente, venían con malas intenciones. No sólo querían tocar, querían destruir el lugar y así fue. La horda chilena se revolvía y trastornaba al escuchar el severo castigo auditivo que nos propinaron. Un show enérgico, lleno de clásicos y mosh. Mucho, mucho mosh.

La banda cerró la presentación con “Slowly We Rot”, que terminó de demoler la comuna de Lo Prado, para luego cerrar el telón una vez más, esta vez, hasta el próximo evento.


Y bueno, estas fueron mis humildes impresiones de este tremendísimo evento, donde la tónica fue el caos, el desorden y la carnicería. Donde las bandas locales demostraron que no tienen nada que envidiarle a los extranjeros (excepto quizás los managers, y los contratos con sellos grandes, pero eso es otro tema). En fin, nada más que decir de esto, ¡Chao!

Crónica por Kurt Norembergs
Fotografía de Felipe "Wolf" Pino


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