PH: Pablo Gándara
Polémicas, enfados y un panorama del todo incierto para una formación que se balanceaba entre la música y la industria del corazón como quien flirtea con la fama sin renunciar a sus orígenes. Estos últimos tiempos han algo turbulentos para Five Finger Death Punch, un periodo de tiempo que, sin negar un solo instante el azar de los hechos -faltaría más- ha servido para que la banda estuviera en el foco de atención de todo el aparato mediático que planea sobre las bandas que ocupan las primeras filas de los grandes festivales. Parece que Ivan Moody está ya recuperado de sus problemas con el alcohol y que la actividad de la banda ha sido devuelta al cauce natural del que nunca tendría que haberse alejado. ¡Y menos mal!

Al final, y por mucho pueda pesar, que una formación haya llegado a estas cotas de popularidad con tan solo seis discos a sus espaldas no puede ser solo fruto de la polémica y de los episodios más turbulentos de la banda. Y es que Five Finger Death Punch han conseguido configurar un sólido grupo de fans en base a un sonido que tiñe sus historias festivaleras con esa fantástica mezcla de melodía y gutural, la combinación casi matemática de aquel que se quiere gustar sin renunciar a un ápice de garra. Que una banda como In Flames les teloneara sorprendió a propios y extraños; al final, estamos hablando de una banda puntera del death metal melódico que, pese a que su último tramo discográfico no ha terminado de convencer a la parroquia metalera, siguen configurando conciertos a la altura de su nombre, que no es poca. Pero esto no es novedad en estos tiempos donde vemos como Accept telonean a Sabaton sin que por ello el cielo se nos caiga encima, la perfecta demostración de convivencia entre dos generaciones que no tienen que hacer nada más que complementarse entre sí para poder abarcar el que es un público, por suerte, cada vez más heterogéneo.

La primera banda en aparecer sobre el escenario del Sant Jordi Club barcelonés, eso sí, serian Of Mice And Men, banda metalcore californiana que pisaban por segunda vez España a las puertas de editar su nuevo disco titulado ‘Defy’. Pese a la escasa iluminación de la que dispusieron, supieron caldear el ambiente con la energía de sus potentes composiciones basadas en los breakdowns y los ritmos más machacones que uno se pueda imaginar. Con unas plataformas delanteras que servirían a sus músicos para dotar de cierto dinamismo al concierto, interpretaron piezas de su catálogo como la inicial “Unbreakable”, “Pain” o “You Make Me Sick”. La sala, en constante aumento en cuanto a público se refiere, empezaba a ir sonando mejor mientras los americanos iban encarando el final de un escueto set que se limitaría a una media hora de rigor algo escasa para los fanáticos que poblaban las primeras filas del concierto. “Warzone” y “The Depths” pusieron punto y final a su descarga mientras el público saltaba enloquecido frente a una formación que se sabe querida por el respetable. Esperemos que vuelvan con la posibilidad de tocar más rato; al final, corto pero intenso.

Esperar media hora entre bandas puede parecer algo excesivo, una cortada de rollo desesperante para algunos; nada más lejos de la realidad, seria apagarse las luces y ver la estructura que se habían montado In Flames que no tendríamos más remedio que guardarnos las quejas en el bolsillo y empezar a disfrutar de un espectáculo realmente cuidado y espectacular. Y es que más allá de ofrecer al público la calidad sónica a la que ya estamos acostumbrados, los suecos optaron por un despliegue de medios de los que escasean a estas alturas de la película: con la batería y los teclados alzados a más no poder por encima de las cabezas de los asistentes, toda una pared de pantallas decoraría el conjunto del escenario para que pudiéramos disfrutar de algunas proyecciones durante el concurso de los death metaleros. Tras la interpretación de “Drained” aún con una gran tela cubriéndoles todo el montaje escénico, finalmente despegaron al ritmo de la potente “Before I Fall”. Obviamente basarían la mayor parte de su concierto en su más reciente lanzamiento, ‘Battles’, pero igualmente podríamos disfrutar a lo largo de su show de temas más clásicos como son “Moonshield” o una “Only For The Weak” que levantó la primera gran reacción de la noche.

Anders Fridén, vocalista de la banda, sería el que se llevaría la mayor parte de las miradas, mientras que Björn Gelotte llamaría la atención mientras trazaba unas melodías coreadas por una audiencia que les arropó durante su largo concurso. Y es que sería más de una hora y veinte minutos el tiempo que los suecos estarían sobre el escenario, toda una producción completa que para nada nos esperábamos al verlos en la segunda posición del cartel del evento. Igualmente, y es que tal como reivindicaron así es como entienden el metal ahora mismo, despedazaron algunas canciones más modernas de su repertorio como son “Everything’s Gone”, “Deliver Us” o “The Mirror’s Truth”, temas que se notan distintos a lo que nos tenían acostumbrados y que denotan cierta nostalgia entre una parte del público que añora los sonidos más noventeros de la banda. Pese a ello, allí siguieron dándolo todo frente a nuestros ojos, demostrando que saben montar un espectáculo a la altura de las circunstancias y que se lo dejan todo pese a ser, teóricamente, teloneros de otra banda. No podrían cerrar con otro tema que no fuera “The End”, y así fue como toda la audiencia se aunaría al son de sus notas para terminar su concierto por todo lo alto.

Llegaba la hora de la verdad con la actuación de unos Five Finger Death Punch que, pese a presumir de directo, contarían con mucha menos parafernalia en comparación con sus predecesores. Eso no significaría, en ningún momento, que su concierto fuera peor recibido por la audiencia –al contrario-, pero de entrada nos invitaba a comparar espectáculos y, por mucho que nos duela, perderían por goleada. Pese a ello, supieron remediar la falta de medios con una actitud verdaderamente encomiable encima del escenario, muchísima potencia a través del equipo de sonido y un público que cantó esas piezas que forman parte ya de la banda sonora de su día a día.

Fue solo caer el telón y sonar los primeros acordes de “Lift Me Up” que aquello se vendría abajo: Ivan Moody nos calló la boca desde el primer momento y encaró todas y cada una de las líneas vocales de la banda con la precisión y la garra de quien se siente en deuda con su audiencia, y los músicos de la formación se irían paseando de un lado al otro del escenario mientras se apoyaban en las plataformas que presidían el escenario en su parte frontal. El guitarrista Jason Hook, eso sí, hizo un auténtico despliegue de medios con sus guitarras, siendo las luces o incluso los láseres un constante en el entramado eléctrico de sus instrumentos. “Wash It All Away” generó la primera gran reacción de su concurso, y hasta contaron con Aaron Pauley, cantante de Of Mice And Men, para que les ayudara con las voces. “Bad Company” fue obviamente otro punto álgido del show, pero sin duda seria “Burn MF”, con la colaboración de Tommy Vext –cantante de Bad Wolves-, cuando banda y público se aunarían para terminar algunos afortunados encima del escenario sacándose selfies y meneando la cabeza con la emoción a flor de piel.

A partir de allí, podríamos disfrutar de una selección de los temas más tranquilos de la banda a modo acústico, siendo las interpretaciones de Moody verdaderamente íntimas y conmovedoras. “Wrong Side Of Heaven” se erigiría como la más coreada de todas, haciendo que el propio cantante pidiera perdón por lo que había hecho y dicho… y es que él tampoco era de piedra. Todo estaba absolutamente servido para encarar la recta final del show con unas “Coming Down” y “Jekyll And Hyde” que pondrían a mover a todo el respetable para, finalmente, desplegar una violencia sónica brutal con “Under And Over It”. Con los mecheros –o móviles- en el aire nos despediríamos de la banda con una “The Bleeding” que arrancó los aplausos de todos los allí congregados, la verdadera reafirmación de una banda que, pese a los baches, ha sabido recuperarse de la mejor forma posible.  

¿Qué más se puede pedir de una velada que te permite gozar de dos espectáculos enteros en una misma noche? Sin duda, las sensaciones al bajar la montaña de Montjuïc de Barcelona serian realmente buenas, la seguridad de haber podido presenciar la actuación de unas bandas que, pese a existir en diferentes momentos de sus carreras, saben aunar a un solo público y sorprenderlo a partes iguales con sus respectivos gestos, guiños y canciones. Solo por eso merece la pena arriesgarse.



Crónica: Víctor Vallespir
Fotografías: Pablo Gándara
 
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