PH: Juan K. Baracaldo
Con motivo de los 20 años de la fundación de Icarus, uno de los sellos argentinos más importantes del heavy metal, el sábado 16 y el domingo 17 de diciembre fueron dos días de fiesta en Groove. Mientras que el sábado fue todo un día de celebración junto a toda una selección de bandas de heavy metal nacionales, el 17 de diciembre la atmósfera cambió completamente para dar paso a la visita de Lacrimosa, una de las bandas más importantes de la escena gótica internacional. Y aunque hacer un recital gótico a mediados de diciembre no suena como la mejor de las ideas, el diluvio de la noche anterior había hecho que a las 18hs., los alrededores del recinto de avenida Santa Fe 4389 se sintieran más frescos que la típica tarde de diciembre en Buenos Aires, perfecto para un género tan adepto al maquillaje y los abrigos de cuero.

Tengo que decir que pude disfrutar más del espectáculo visual de Inazulina, los primeros teloneros, que de sus canciones. Esto no fue culpa de la banda o de su actuación en sí, sino de un sonido que nunca terminó de acomodarse y que muchas veces dejó a las canciones convertidas en una bola de ruido y acoples.

Pero incluso con eso en contra, la propuesta por momentos hard rock y en otros más oscura con canciones como la melódica “Alone” y la final “Lonely Tear”, dedicada tanto al público como a Lacrimosa, lograron sobreponerse por sobre esas adversidades, más que nada por el entusiasmo mostrado por la cantante Carolina Bakos.

Lo de Eva fue por mejores carriles. Gracias a un sonido que se mantuvo mucho mejor y a la propuesta más cancionera y accesible de la banda, que combina elementos de rock y metal alternativo con algo del estilo melancólico de The Cure y los últimos discos de Katatonia.

Uno de los puntos fuertes es la voz del cantante Jonathan Ciancio, que da un buen contraste con la violencia de la música y las voces gritadas, dándole a canciones como “En Mi Mente”, “Ya más real” y “Entre dos tierras”, esta última una versión de los españoles Héroes del Silencio, una identidad bastante propia.

Más allá de eso, no hay tanto que decir, aparte de que fue una presentación sólida de parte de la banda del oeste de la provincia de Buenos Aires, que a juzgar por las reacciones del público han logrado acumular una buena cantidad de fans a lo largo más de una década y media de carrera.

Bloodparade es la clase de banda que parece gustar de provocar al fan promedio de la música pesada, con un sonido que combina los ritmos repetitivos y entrecortados del metal industrial con los teclados y “beats” propios de la música electrónica más bailable. Por este motivo, parece que el público gótico es mucho más abierto a esa combinación y esto fue evidente con el buen recibimiento que tuvo la presentación y los aplausos al final de cada canción.

La cantante Brenda Jezabel es toda una potencia en vivo, mientras con el megáfono en la mano canta “From Fire” y agita al público, los gráficos muestran el logo de la banda de fondo. Aunque por momentos los beats electrónicos estuvieron un tanto fuertes en la mezcla y opacaran al resto de los instrumentos, Bloodparade es de esas propuestas con cualidades únicas a nivel nacional, por lo que siempre es un buen consejo hacerse un momento para disfrutar de ellos.

Poco después de pasadas las 21 hs., las luces se apagaron y comenzó a sonar el “Lacrimosa Theme”, la pieza dramática de teclados sinfónicos que abre el disco Inferno. Mientras sonaba, uno a uno fueron saliendo los instrumentistas de la banda, siendo la última la tecladista finlandesa Anne Nurmi, quien se llevó la mayor cantidad de aplausos.

Cuando todos estuvieron en posición, los primeros acordes de “Wenn unsere Helden sterben” fueron la señal para la entrada, con todas las luces del escenario sobre él, de la gran estrella de la noche, el cantante Tilo Wolff. Ya sea parado arriba del escenario como un David Bowie gótico o dirigiendo a la banda como si fuera un director de orquesta, el alemán residente en Suiza es el centro del espectáculo, por si no fuera lo suficientemente obvio juzgando por las luces que lo apuntaban.

Para la lenta y lúgubre “Nach den Sturm”, Tilo se calza la guitarra para tocar un par de acordes, para luego dar paso a “Zwischen allen Stühlen”, canción más rockera y accesible donde se pudo ver la manera en la que Wolff compensa sus limitaciones con su fuerte carisma y presencia arriba del escenario. Esto también se pudo apreciar en “Der Morgen danach”, donde Wolff dirigió a la gente del público para que acompañara cantando el recitado inicial en alemán y dar paso así a un estribillo explosivo.

Luego de esa seguidilla, Tilo Wolff se puso frente a los teclados para dejarle el lugar en el micrófono a Anne Nurmi, y la introducción de acordeón arrancó “Not Every Pain Hurts”. Nurmi también tiene un carisma propio arriba del escenario, moviéndose como una bailarina de cabaret siguiendo el ritmo lento y entrecortado de la canción, donde su voz grave y melódica le da un toque extremadamente melancólico.

“Lichtgestalt” le da un poco de protagonismo al bajista danés Yenz Leonhardt, integrante del grupo hace más de 15 años, pero apenas Tilo se pone a cantar todas las luces vuelven a centrarse en él. Es en esta canción donde se siente que por momentos el estilo vocal de Tilo puede ponerse un tanto excesivo, sobre todo cuando intenta cantar en un tono más alto de lo habitual, pero el dramatismo de la canción, sobre todo los sonidos de violines, lo compensan un poco.

Para “Weltenbrand”, Tilo se retira del escenario y le deja otro momento de protagonismo al bajista, mientras de fondo aparecen imágenes de llamas acompañando la tapa del nuevo álbum. Esta es una de las canciones más pesadas, con sus riffs entrecortados, las melodías de guitarra y aceleradas metaleras, pero alcanza niveles espectaculares de dramatismo cuando Tilo se tira al suelo y canta mirando al público, para delicia de los que sacan fotos.

Esa no fue la única interacción con el público, porque en la apropiadamente titulada “Lass die Nacht nicht über mich fallen” (“No dejes que la noche caiga sobre mí”), todo quedó a oscuras y varios del público sacaron unas velas a pila para acompañar el minimalismo de balada de la canción, con sus violines iniciales que van creciendo de a poco.

“Apart” y “My Pain” tuvieron más intervenciones vocales de parte de Anne Nurmi, y el final de la parte principal de la presentación se dio con “Feuer”, que tuvo de vuelta las llamas de fondo y donde, al final, la gente del público le entregó un oso de peluche a Anne.

El “olé olé olé, Lacrimosa” no se hizo esperar, y unos minutos después la banda volvió para los bises con “Stolzes Herz”, con gran protagonismo del piano y más participación del público con las velas de plástico. Los golpes de la batería devolvieron los matices rockeros a la canción y mientras Tilo se iba al fondo a cantar, aparecían proyectadas las imágenes de él y de Anne lado a lado, como para marcar que ellos son Lacrimosa.

A esa le siguió “Alleine zu zweit”, donde le tiraron una bandera argentina a Tilo, quien se la colgó del pantalón como si fuera un pañuelo. Y en “If The World Stood Still” el cantante tomó la guitarra de vuelta para que Anne se pusiera al frente de las voces.

El final, al menos aparente, llegó con “Ich bin der brennende Komet”, que Tilo alargó jugando con las voces. Ante las ovaciones del público, el cantante se sobrepuso a su fuerte acento para dirigir algunas palabras en inglés al público, mientras la banda se retiraba.

Este tampoco fue el final del recital, aunque a esta altura el chiste de retirarse ya había perdido el factor sorpresa y dividir los bises en dos partes no parecía tener mucho sentido. Para cerrar, la banda volvió por última vez para interpretar “Schakal”, retirándose con los aplausos del público y más dedicatorias por parte de la banda, luego de poco más de dos horas de recital.

Es evidente que Lacrimosa es una agrupación especial dentro del universo gótico, con su sonido tan particular y las historias creadas a través de sus canciones. Y siendo esta ya la decimosegunda presentación del dúo alemán/finlandés en Argentina, es claro que el grupo tiene una relación especial con el público latinoamericano.


Con eso en mente, es difícil juzgar la actuación de la banda. Pero es justo decir que a través de más de veinte años de carrera han juntado la experiencia y habilidad para montar un espectáculo audiovisual como para dejar a todos satisfechos. Así que esperemos que sigan adelante y que visiten el país muchas veces más.
Icarus Fest (Día 2)
Fotografía: Juan K. Baracaldo

Síguenos en nuestras redes sociales:

ÚLTIMAS NOTICIAS
Con tecnología de Blogger.