Foto: Fruitsamurai

Frédéric Chopin ya había escrito música tan tenebrosa como la de Gorgoroth en el siglo XIX y es que sonaba la marcha fúnebre que presagiaba toda la destrucción que los noruegos traerían a Lima.


De espaldas al público, sonó Bergtrollets Hevn para empezar con el ritual. Hoest demostró ser un frontman demostrando una capacidad tremenda y un despliegue por el escenario que basta con unos gestos o pocas palabras para conectar con el público. "¡Lima!", era lo único que tenía que gritar para que todos aclamen el nombre de la banda de noruega.



Del nuevo disco solo interpretaron Kala Brahman, pero tampoco se olvidaron de los clásicos como Destroyer, Incipit Satan o Revelation of Doom. Fue un setlist en donde se repasó apenas una parte de la trayectoria de Infernus y compañía. Dejó una enorme desazón ya que el concierto duró poco más de una hora.   



Los que van a ver a Gorgoroth en vivo no van para disfrutar de un recital de artistas prodigiosos, van a recibir toda la energía oscura y tenebrosa que emanan los de Bergen. Sus composiciones no serán las sinfonías de Chopin, pero sí una sinfonía letal con riesgo de sobredosis.





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