Casi siete años tuvieron que pasar para que los alemanes Rage volvieran a la Argentina, desde aquel en el que tocaron en el Teatro de Flores junto a Hirax y Virgin Steele, por el festejo de los 25 años del Metalica Zine. A partir de allí, cambiaron algunas cosas en el seno de la banda, incluyendo la salida del guitarrista bielorruso Victor Smolski y del baterista André Hilgers, la formación más duradera de la historia de Rage. Pero los tres álbumes que el grupo editó desde aquel año demuestran que lo que no cambió fue lo que siempre se ha mantenido dentro de Rage: la búsqueda de la canción metalera perfecta.

El pasado sábado 3 de febrero, Uniclub dio lugar a la vuelta de los alemanes, que se dio en el marco de la presentación de “Seasons of the Black”, vigésimo tercer álbum de su enorme discografía y segundo junto a la nueva formación, por lo que la noche prometía ser bastante especial, algo que también se podía juzgar por la gran cantidad de gente.

Los encargados de comenzar el espectáculo en el recinto fueron Dream Master, quienes con el inicio de “Dream Master” (la canción), hicieron que el lugar se fuese llenando con toda la gente que estaba esperando en la entrada, sobre la calle Guardia Vieja.

Ya con más de 15 años de carrera, la banda liderada por el cantante y guitarrista Ezequiel Wiurnos sorteó la falta de espacio arriba del escenario, que sólo tenía habilitada la mitad de su superficie para acomodar la batería de Rage detrás de la de Dream Master, con toda la potencia de su heavy/power metal de gran énfasis en los riffs y armonías de guitarra, que no ganará por el lado de la originalidad pero que conforma una propuesta atractiva para cualquier fan del metal clásico.

Con una lista de temas que recorrió casi todos sus cinco discos y que incluyó canciones como “Judgement Day” y “Make A New Tomorrow”, la banda dio media hora de canciones sólidas, en un set al que no le faltó nada, cerrando con la súper melódica “Terror Kingdom” y aprobando con buena nota su presentación.

Quince minutos después, los músicos de Eclipse Final comenzaron su presentación, la última previa al espectáculo principal. Aunque también tuvieron que lidiar con la falta de espacio (siendo un sexteto, podemos decir que el problema se intensificó), la buena onda del cantante Eduardo Boyer y buenas canciones de elegante power metal de cepa europea, con colchones de teclados provistos por el invitado Alejandro Graf (integrante de Barilari), también sirvió como buen contrapunto al estilo más pesado de Dream Master y Rage.

Las canciones de la banda son un tanto más largas que el promedio, pero canciones como “La Misión” y “Orden y Progreso” demostraron una buena selección de material para un tiempo tan acotado como el de las bandas teloneras. El set finalizó con “Rainbow In The Dark” de Dio, que no sólo fue una buena versión, sino que también fue el primero de los homenajes al fallecido cantante que se escucharían esa noche.

Los cuarenta minutos de espera que hubo entre el fin de la presentación de Eclipse Final y el comienzo de la de Rage pueden haber parecido un tanto excesivos, pero a la gente no pareció importarle demasiado. Durante ese tiempo muerto hubo una variedad de cantos de cancha, casi todos referidos a Peter “Peavy” Wagner. Claramente, el líder de Rage tiene un estatus entre sus fans que va más allá de su posición en el grupo.

A las 21.45, comenzaron a sonar los gritos y aplausos del público con el comienzo de la intro, que se incrementaron con la aparición del eterno Peavy Wagner en voces y bajo, el venezolano-argentino Marcos Rodríguez en guitarra y el germano-griego Vassilios "Lucky" Maniatopoulos, que comenzaron con la inicial “Justify”, segunda parte de la suite “The Tragedy of Man” de su último disco. Pero, aunque Peavy se mostrara con todo el buen humor del mundo y el público correspondiera, el bajo volumen de la guitarra hizo que una canción super coreable no se sintiera con todo el poder que debería.

El tema del sonido empezó a mejorar ya para la siguiente canción “Sent By The Devil” y, sobre todo, la lenta groovera “From The Cradle To The Grave”. Después de esa seguidilla de clásicos, ya con “My Way”, Rodríguez tuvo oportunidad de mostrar que no sólo es un buen reemplazo de Smolski desde el punto de vista técnico, sino también desde lo compositivo. Maniatopoulos no se queda atrás: aunque por momentos pueda sonar un tanto “cuadrado”, cumple de manera perfecta con el estilo del grupo.

Peavy Wagner se mostró con un enorme buen humor que parecía imperturbable incluso cuando lo salpicaron con una botella de agua que Rodríguez había tirado al público, justo antes de comenzar con “Nevermore”. Luego de “Season of the Black”, Marcos Rodríguez dirigió algunas palabras a la gente, tocando un poco el nervio nacionalista argentino al bromear con que en Chile, de donde venían de tocar el día anterior, la gente cantaba más. Pero cuando reveló que él nació en Argentina y que a los tres meses se había mudado con sus padres de Mar del Plata a Venezuela, causó bastante sorpresa, porque al parecer nadie tenía ese dato.

La banda siguió con “End of all Days”, donde el entusiasmo del público se salió un poco de control cuando le terminaron tirando el micrófono a Peavy justo antes del final, haciendo que Rodríguez tuviera que completar la última línea de la canción.

El final del set principal se dio con el súper clásico “Don’t Fear The Winter”, después de la cual la banda se retiró. Volvieron un par de minutos después para dar lugar a los bises, una versión de la propia “Higher Than The Sky” cantada por Peavy y con partes de los clásicos “Heaven and Hell” de Black Sabbath y “Holy Diver” de Dio en el medio, donde Rodríguez se encargó de las voces y demostró ser un excelente cantante. Obviamente la gente coreó esos clásicos y el recital cerró de manera perfecta, con Rodríguez improvisando la “Marcha Fúnebre” de Chopin y la “Marcha Imperial” de la banda sonora de Star Wars, y con la banda sacándose una foto final con el público.

Como reflexiones finales, está para destacar el buen estado vocal de Peavy, que en los últimos discos ha mostrado las secuelas que suelen dejar tres décadas y media de cantar heavy metal pero que esa noche se mostró más que bien tanto en las canciones más viejas como en las nuevas.

Y hablando de las canciones, se podría criticar que la lista de temas no tuvo ninguna canción de la etapa de Victor Smolski en el grupo. Ignorar una década y media de historia del grupo demuestra que las “diferencias personales” que habían aducido para la salida del bielorruso de Rage fueron de naturaleza bastante más agria de lo que parecieron en su momento.


Pero más allá de la situación interna del grupo y de las críticas que se les pueda hacer, la banda sigue siendo excelente en vivo y Peavy ha encontrado dos músicos excelentes para continuar con la historia de Rage que, a más de 30 años de su formación, no presenta señales de aminorar la marcha.

CrónicaMARTÍN CIRILLO


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