Foto: difusión


En 1978, el hard rock estaba atravesando una seria crisis. Deep Purple había desaparecido del horizonte. Ozzy Osbourne estaba a poco de grabar su último disco con Black Sabbath y a Led Zepelin le faltaba un disco despedirse de John Bonham. El disco amenazaba con su coreografía apoderarse del rock y el punk listo para desplegar su anarquismo al mundo.


Pero en un momento difícil para el género, un 10 de febrero Judas Priest estrenaba 'Stained Class' como un brillo de luz entre las tinieblas. Si Black Sabbath inventó el heavy metal con su disco debut de 1970, Rob Halford y compañía imponían el cómo debía ser. Renovaron su imagen con las una motocicleta, lentes de sol, casacas de cuero y ponían un sello de diferencia ante sus contemporáneos de Deep Purple y Led Zeppelin. 

Con el primer track 'Exciter', los priest imponen cómo debería sonar una canción heavy metal. Imponen sus leyes con letras más oscuras y amenazadoras.

Rob Halford encuentra una voz muy aguda y perfecta para este nuevo estilo. Junto a él, las guitarras gemelas y sincronizadas de K.K. Downing y Glenn Tipton captan a un oyente que solo quiere escuchar truenos y ráfagas en un ritmo constante.

"Fue un momento emocionante para la banda. Teníamos mucho confianza en lo que nosotros mismos nos habíamos aventurado", aseguró Rob Halford.

Fue la primera vez que Judas Priest pisara terreno de las listas estadounidenses y su mayor logro no fue lo comercial. Se dejaron llevar por la fuerza de su disco para desplazar al punk y de un trueno crear la NWOBHM.

Después de 40 años, los británicos no son obsoletos y el modelo a seguir de las todavía futura generación del heavy metal, que quedaría prácticamente muerto si se olvidan del disco "Stained Class".



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