PH: Markcerock
La banda californiana llegaba a la capital catalana con el objetivo de presentarnos Grimmiest Hits, que a pesar del título, no es que sea un disco de grandes fiascos tras veinte años rodando por las carreteras, sino el décimo álbum en estudio de la formación liderada por Jeffrey P. Wielandt, más conocido por Zakk Wylde. Antes de ver en acción al cuarteto norteamericano, sufrimos y gozamos de los ritmos cadenciosos, persistentes e invariables de los escandinavos radicados en Goteborg, Monolord, compuesto por los suecos Thomas V. Jäger, y Esben Willems, guitarra/vocalista, y batería respectivamente, junto al finés Mika Häkki al bajo. El trio tan solo interpretó cuatro temas en la media hora aproximada que les han concedido, y es que la mayoría de sus composiciones rondan los ocho minutos de duración, y en ocasiones los superan holgadamente hasta llegar a los dieciséis.

Comenzaron con “Where Death Meets The Sea”, corte que abre su tercer redondo Rust (2017), su disco más pulcro, y accesible, siguieron con un single del 2016, “Lord of Suffering” en un entorno muy oscuro y hosco, luces mínimas, sonido atronador, y la sala a un treinta por ciento de las mil de aforo en estado cautivo. Siguieron con “Rust”, que se inicia con un sonido pregrabado de órgano muy eclesiástico, hasta la entrada de un bajo de lo más distorsionado, y el ritual final llega con la sempiterna “Empress Rising” que da título a su primer disco en estudio. Acabamos deseando seguir escuchando alguna más de esta banda Doom, que ya hizo vibrar esta misma sala el pasado año, actuando en la Razzmatazz III.

Una gran lona con el logo de BLS cubre en gran parte de la visión del escenario mientras van cayendo clásicos del metal, hasta que se apagan las luces, y suenan de forma intercalada el “Whole Lotta My Love” y “War Pigs”, lo que en términos anglófilos denominan mash up. Todo a punto, cae el telón, unos tubos situados estratégicamente sueltan chorros de gas, un muro de amplificadores escupe un sonido atronador en una ambientación infernal bajo luces rojas con “Genocide Junkies”, y como no,  Zakk agitando su melena tras su mimetizado pie de micro adornado con calaveras, y una enorme cruz, o bien subido a una pequeña tarima de un metro cuadrado, desde la cual nos obsequia con toda clase de poses durante los primeros riffs de “Funeral Bell”, por otro lado, constante intercambio de posiciones entre John DeServio y Dario Lorina. Un mini solo donde Zakk marca bíceps, y que sirve de conexión con “Suffering Overdue”, otro corte extraído de su The Blessed Hellride (2013), con un solo en el que hace llorar la guitarra al tiempo que alza el brazo derecho.

Vuelta a 1919 Eternal con “Bleed for Me” que cuenta con implicación total del respetable que se convierte en un mar de puños y cuernos, acompañados por los gestos de agitación de Wylde, que termina golpeándose el pecho con los brazos, al estilo Tarzán. Sigue con la misma guitarra para “Heart of Darkness” en medio de una neblina que se desplaza fuera del escenario, y que Zakk finiquita golpeándose esta vez el corazón con el puño. Curiosamente, mientras la niebla, la penumbra, y un megáfono ambientan “Suicide Messiah” en Razzmatazz, y Zakk aplaudiendo a los allí presentes, en esos mismos momentos otro Messias iluminaba el Camp Nou durante su eliminatoria europea contra el Chelsea. El escenario se torna violeta para bajar el pie del acelerador con el tema que abre su último trabajo, “Trampled Down Below” en la que Darío Lorina emula a Page deslizando un arco de cello por las cuerdas de su guitarra. Brazos en cruz para otra de las nuevas, “All That Once Shined”, en la que tras permanecer unos segundos cruzado de brazos, Zakk empieza a agitar a un lado y otro de la sala, para terminar la canción de forma portentosa exprimiendo una vez la guitarra, y acto seguido presentarnos a los tres tipos que le acompañan. Enésimo cambio de guitarra para otro tema nuevo, “Room of Nightmares”, seguida por la tranquila “Bridge to Cross” con Darío al piano de cola, plazas que intercambiarían para rendir homenaje a su más que hermano, Dimebag Darrell con dos telas con su imagen que cubren los bafles, y la consiguiente interpretación de “In This River” con más penita que gloria diría.
Vuelven sin prisa, pero sin pausa con “The Blessed Hellride”, y “A Love Unreal” del Grimmest Hits. Otra vez a la carga con “Fire It Up”, durante la cual, el rubio guitarrista de New Jersey bajó del escenario para realizar el solo entre los fans, escoltado por varios tipos de seguridad, y el cable de la guitarra sostenido sobre nuestras cabezas por miembros del crew, retorno al escenario tocando con la guitarra detrás de la cabeza, y también con los dientes. Impresionante. El embiste final se compone por “Concrete Jungle” del Shot to Hell (2006), y la sobrecargada “Stillborn”, con ritual final de Zakk levantando la guitarra para luego dejarla en el piso, santiguarse, golpearse de nuevo a lo Tarzán, quitarse el chaleco para mostrarlo al mundo entero, volvérsela a enfundar, y desaparecer entre tinieblas.

Hacía unos diez años que no le veía en directo, los que lleva sobrio, y la verdad es que impresiona la fuerza que sigue transmitiendo, ese dominio de la escena, y de la guitarra que ya apuntaba cuando lo vi por primera vez en el 89 como guitarra de Ozzy en la gira No Rest for the Wicked. Increíble transformación la del chico de Bayonne desde aquellos años con Osboune, juntos volverán a Barcelona para el Rock Fest 2018 el próximo 5 de julio.



 

Crónica: Jordi K. Vilaplana
Fotografías: Markceröck

Síguenos en nuestras redes sociales:

ÚLTIMAS NOTICIAS
Con tecnología de Blogger.