Con motivo de la presentación de su décimo tercer álbum “Death of Roses”, el guitarrista estadounidense Tony MacAlpine se presentó el pasado miércoles 7 de marzo en The Roxy Live, en el barrio de Palermo. Aunque MacAlpine había visitado la Argentina anteriormente como parte de la banda de Steve Vai, esta fecha su primera presentación en nuestro país en solitario.

La noche arrancó con la presentación de Roascio RCM, que salieron al escenario poco después de las 19:15 para tocar frente a un público de alrededor de 30 personas. La banda del experimentado guitarrista Marcelo Roascio expuso un estilo no tan enfocado en la velocidad y la acumulación de notas como los otros grupos de la fecha, poniendo un énfasis especial en el ritmo y cierto “groove”. Aunque se le pueda criticar cierta homogeneidad en las canciones, es una manera diferente de acercarse a este género, además de incluir un par de buenas canciones de su discografía como “En el lugar justo”, “Sólo un final” y una versión muy entretenida de “Maniac” de Michael Sembello. El sonido estuvo más que bien para un grupo telonero, aunque a Roascio lo traicionó un par de veces el micrófono cuando quiso presentar al bajista Sergio Mayorano y al baterista Daniel Acosta. Con la bastante pesada “Juego Cruzado”, la banda se retiró con un par de aplausos del público, que poco a poco se iba acumulando en el Roxy.

El segundo guitarrista de la fecha fue Sebastián Souza y su Souza Project. Comparados con la banda anterior, lo de Souza es menos tirado al hard rock y mucho más veloz, neoclásico y powermetalero, además de expandir su formación con un segundo guitarrista y un tecladista, este último Andrés Blanco, miembro de Crytical y a quien ya había visto tocando junto a Argan teloneando a Lörihen.

Canciones como “Amanecer” y “Sangre Nueva”, dedicada a su propia banda por parte de Souza, revelaron una base sumamente sólida, y hasta un par de momentos en los que el resto del grupo también tiene su momento de brillar, más que nada en varias bases bastante complejas que no están simplemente de adorno. Ya ante un público ligeramente mayor, Souza cerró con “Carrera al infierno”, que mencionó como el primer tema de su carrera solista, y “Sueños Peligrosos”, despidiéndose con los aplausos del público

Ya para las 21:00, el campo del Roxy estaba ocupado por poco más de 100 personas, y en lo que restó de la noche no se sumó muchas más gente. Pero eso no pareció importarle a lo que aplaudieron y chiflaron apenas se abrió el telón, mientras Tony MacAlpine se ponía en su lugar junto al bajita Pete Griffin y el baterista húngaro Gergo Borlai. Con una proyección de la tapa del nuevo disco “Death of Roses” como único adorno arriba del escenario, la banda se dispuso a arrancar la que fue la primera parte de su presentación, donde se dedicaron a mostrar algo del nuevo material, con canciones como “Chrome Castles” y la que da título al álbum.

Durante esta parte hubo pocas palabras con el público, más allá de para presentar a sus instrumentistas, que tuvieron oportunidad de lucirse durante ciertos rebajes jazzeros, demostrando que a pesar de haber comenzado su carrera hace más de 30 años a MacAlpine no se le terminan las ideas, mientras domina las siete cuerdas de su guitarra y toca cada nota con precisión quirúrgica. Es una lástima que el sonido estuviera bastante alto por momentos, siendo que la música del guitarrista está muy basada en la claridad de las notas y no tanto en la pesadez.

La segunda parte del recital comenzó cuando MacAlpine tomó el micrófono que le acercaron (a diferencia de las bandas anteriores, MacAlpine no tenía un micrófono de pie arriba del escenario) y anunció que ahora iban a tocar completo “Maximum Security”, su álbum editado en 1987 y algo que despertó las ansias de una buena parte del público.

Y fue así que, pidiendo a la gente que dijeran el nombre de la primera canción, arrancaron con “Autumn Lords”, seguida de la pesada y hasta pogueable “Hundreds of Thousands”. El clásico “Tears of Sahara” tuvo su melodía principal coreada por todo el público, que después empezó entonar el clásico “olé, olé” que parece tener la habilidad de meterse en recitales de cualquier estilo musical. Más tarde hubo un solo de batería por parte de Borlai, uno donde experimentó no sólo con golpear cada parte de su instrumento sino también con diferentes tempos.

Y así siguió el resto del recital, con Tony MacAlpine demostrando todas las posibilidades de sonidos que puede llegar a tener una guitarra, y demostrando una vitalidad impresionante para alguien que estuvo hasta hace no tanto bajo tratamiento por un cáncer de colon. Finalizando con un agradecimiento a toda la gente por concurrir, los tres músicos se retiraron del escenario.

Claro que ese no fue el final de la noche, y con los cantos del público de fondo los tres músicos volvieron al escenario para tocar un bis y tener un solo por parte de Tony, después del cual sí se terminaron retirando junto a los aplausos de la gente, mientras de fondo comenzó a sonar la versión de Nat King Cole de “The Party’s Over”, como para demostrar que ése era, de verdad, el fin del recital.

Se puede llegar a debatir en algún momento si el rock ha llegado de verdad a un momento nostálgico, uno donde se habla más sobre lo hecho hace tres décadas que sobre lo que se está haciendo ahora, donde se celebran aniversarios de discos todos los días. Que Tony MacAlpine haya decidido tocar este disco completo para festejarlo puede ser una evidencia de ello, pero verlo tocar tan bien tanto su material viejo como el nuevo, incluso ante un público chico como el que estaba presente en el Roxy, demuestra que la nostalgia no importa, siempre y cuando se mantenga el nivel a lo largo del tiempo.

CrónicaMartín Cirillo
Foto: Difusión 

Síguenos en nuestras redes sociales:

Publicar un comentario

Con tecnología de Blogger.