¡The Priest is Back!, una frase repetida, pero que cobra más sentido que nunca con "Firepower", el nuevo lanzamiento de los ingleses y que tiene a sus fanáticos en constante debate sobre si ¿es lo mejor que ha hecho Judas Priest? o ¿sólo es un disco más?.

Un trabajo lleno de emotividad y que marca la salida de Glenn Tipton debido al Parkinson, pero con una despedida ejemplar en este nuevo trabajo. Un disco extenso de casi una hora, pero que si atrapó a los fanáticos con un adelanto de veinte segundos, debiera volver a lograrlo en toda su duración.

Comenzando con “Firepower” empiezan los fuegos con un Rob Halford más potente que nunca y con los riffs clásicos de Judas Priest sonando a todo volumen y acompañados de un bombo muy constante. Un inició que no deja descansar, debido a el single “Lightning Strike” comienza y el no dejarte llevar por el headbang es imposible. Un excelente inicio con dos singles que llevan un buen tiempo disponible para los fans.
Si el inicio no te convenció “Evil Never Dies” mantiene esa esencia de hardrockera de los 80’s con las guitarras gemelas en una sencilla, pero buena entrega de rock a la altura de himnos como “Living After Midnight” o “Devil’s Child”. Además agrégale solos de guitarras, una parte más lenta y un TREMENDO vozarrón de Halford. “Never The Heroes” es otro de los singles liberados y continua con este ritmo más rockero, ofreciendo un buen cambio a lo que escuchamos al principio. Un track creado para cantar a coro y que cumple su función con un coro fácil y energético.
Subimos la intensidad para recibir a “Necromancer”, una canción que tiene distintos tempos entre sus instrumentos y la voz, pero que logra atrapar al oyente con su potencia. Además de estar acompañado por un gran dúo en los solos a manos de Glenn Tipton y Richie Faulkner. “Children Of The Sun” es una de las canciones más distintas, debido a su ritmo más pausado, pero que obviamente da sus recompensas a quien la escucha con grandes solos y una potente letra.
Con un piano tenemos a “Guardians” que sirve para dar la épica introducción a “Rising From the Ruins”, marcando así la segunda mitad del disco, con un track más sobrio y que musicalmente no pierde el sentido de lo que se ha venido haciendo antes. Un trabajo sumamente coherente en sus primeros 30 minutos. 
Con un potente riff aparece “Flame Thrower”, en un momento de respiro para el auditor, donde baja un poco (sólo un poco) la intensidad, dando un respiro y un sonido distinto a lo que se viene escuchando y que se mantiene hasta “Spectre”.
Traitor Gates” tiene un intro engañoso, pero ahí siempre Judas Priest para sorprenderte y remecerte la cabeza con su Heavy Metal. Un riff que pone a Halford con un estilo distinto en las voces, mucho más grave y con una perfecta ejecución junto a sus compañeros de banda. “No Surrender” aplica variedad y velocidad, donde en sólo dos minutos, los ingleses se anotan un clásico al mejor estilo “Breaking The Law”.
Finalmente el disco tiene dos temas para darte el golpe final en diez minutos y “Lone Wolf” y “Sea Of Red” son las canciones encargadas de ello. Cada una con un elemento nuevo que aportar al disco, ya sea ese rock con grandes riffs o esas épicas baladas, siendo la última quizás la que más sorprende y recuerda la cierre de “Screaming Of Vengeance” con “Prisioner Of Your Eyes”.
Firepower” es lo que quieres y deseas escuchar de Judas Priest, así de simple, un trabajo impecable y que destaca lo mejor de la época ochentera de la banda y el sonido pesado que están incorporando en su último tiempo.

El trabajo del equipo de Tom Allom y Andy Sneap fue sacar a lucir lo mejor del periodo clásico y vaya que lo consiguen, con un disco excelente y que sin duda estará dentro de los mejores del año y de la carrera de Judas Priest. Un trabajo que hace sentir pequeño a “Redeemer Of Souls” (pese a su buena recepción), pero que da cuenta de que Priest aún tenía mucho que ofrecer.
No se trata del mejor trabajo de la carrera de Judas Priest, pero si es un desafió que la banda supera con creces y que logra posicionarse como uno de sus grandes logros entre sus dieciocho discos. Un trabajo extenso, de casi una hora y que logra mantenerse interesante en ese tiempo, siendo lo más sólido desde el lanzamiento de “Painkiller” (1990).
Por Felipe Pino Guerrero
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