David Vincent dio inicio a su gira por Latinoamérica


Poco más de cinco años tuvieron que pasar para volver a escuchar temas de Morbid Angel en vivo. Esta vez con sólo el inerte David Vincent, quien bajo el grupo I Am Morbid se encuentra presentando clásicos de la banda principalmente de sus primeros trabajos. Tras confirmar dos shows en Chile, el primero tuvo lugar en la Discoteque Blondie de Santiago, con una gran respuesta del público y dos bandas nacionales de lujo.
La primera agrupación en subir al escenario fue Inanna, quienes bajo un reciente cambio de formación entregaron un set de media hora con el más puro death metal técnico posible con temas como ‘The Crescent Portal of Insanity’y ‘Mind Surgery’. Con un sonido que permitía apreciar casi todos los matices de sus canciones, el ahora trío se ganó aplausos espontáneos del puñado de público que llegó temprano al recinto santiaguino. Tras cerrar con ‘Redeeming Chaos’ agradecen a los presentes que se dieron cita en el lugar para escucharlos.

20:40 y es el turno de Blaxem, con cortes quizás mucho más directos y violentos. Para ellos es una presentación especial, ya que es el último show con su actual bajista, Fabián Prieto. Con 40 minutos a su haber y la voz perdiéndose entre la potencia de las guitarras, se lanzan con ‘Who Cares’, corte que le da nombre a su primer trabajo de estudio, el cuál bajo palabras de ellos mismos, cumple años en esta misma fecha. Tras tocar un extracto de ‘Domination’, clásico de Pantera, logran congeniar muy bien con el público que iba llegando ya en mayor cantidad a la Blondie. ’404’, ‘Knowledge of War’ y ‘Hated View’, esta última dedicada a todos los presentes, son las encargadas de cerrar un show que es vitoreado por sus seguidores y también por los que acaban de conocerlos. Un punto a destacar es que Blaxem está preparando una mini gira por Japón en Septiembre, con Osaka y Tokio como primeras paradas, así que les deseamos lo mejor en lo que será su periplo por tierras orientales.
21:40 y después de escuchar a un volumen altísimo ‘The Thing That Should Not Be’ de Metallica por los parlantes del ya querido club, se apagan las luces para recibir, con ya un recinto casi repleto, al legendario David Vincent para tocar ‘Immortal Rites’, que demostró un sonido bastante peculiar, puesto que mientras la batería de Tim Yeung (quien también tocaba en Morbid Angel anteriormente) sonaba a un nivel casi perfecto, la voz de Vincent nunca encontró un volumen adecuado, mientras que los solos de guitarra se perdían en la mezcla. A pesar de todo esto, la gente ni la banda destiñeron en ningún momento, con grandes moshpits y coreando absolutamente todas las canciones que la banda ejecutó. ‘Visions From the Dark Side’ y ‘Blessed Are The Sick’ siguieron con la carnicería en cancha, donde volaban y caían personas hacia todas partes. La banda no tuvo puntos bajos, con un David Vincent que se veía bastante feliz durante todo el tiempo tocando su bajo Dean, mientras los guitarristas Ira Black y Bill Hudson demostraron por qué han sido los escogidos para tocar una bocanada inmensa de clásicos del Death Metal de todos los tiempos. Estos dos últimos fueron protagonistas de un duelo de sus instrumentos, que sin sonar de manera pulcra como debería, cada nota ejecutada fue aplaudida por los más de 800 presentes en la Blondie. 
Entre todas las canciones de sus primeros cuatro discos, Vincent eligió ‘I Am Morbid’, de su ‘‘Illud Divinus Insanus’’ como la única canción más actual del setlist presentado en esta calurosa noche. Sin necesitar a Trey Azagthoth debido a todas sus disputas, David entregó canciones compuestas en su mayoría sólo por él, ya que ‘Eyes To See, Ears to Hear’, ‘Rapture’ y ‘Pain Divine’, por nombrar algunas, que fueron una explosión en las almas de todos los que fueron al concierto. Se nota demasiado lo entrañable que son estos cortes para la mayoría de los presentes, ya que sin tener una gota de romanticismo, llegan al corazón de cada uno. Tras tocar ‘God of Emptiness’ y ‘World Of Shit’, se despiden escuetamente del público que queda pidiendo más. Pero al comenzar a sonar la música de ambiente, se entiende el mensaje de que ya la noche terminó.
Más de 90 minutos que le hicieron honor a un repertorio casi dejado en el olvido por Morbid Angel, con un David Vincent que no niega sus raíces y al mismo tiempo no dejará de avanzar hacia adelante. Gran show, con un buenísimo marco de público y con mucha nostalgia, que ni el mal sonido pudo opacar. 
Crónica de Samuel Víctor Acevedo
Fotografía de Felipe Pino Guerrero



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