El príncipe de las tinieblas ya comenzó su tour de despedida

Ser objetivo desde esta tribuna es complicado en instancias como éstas. John Michael Osbourne, Ozzy para los amigos, se despide de los escenarios con la gira mundial en la que se encuentra y su paso por Chile era casi una obligación. Claro, porque ya desde hace casi 23 años él mismo fue el encargado de crear un lazo irrompible con el público nacional en aquel recordado Monsters of Rock 1995. Y ahora, en el Movistar Arena, con una banda y producción excelentes, el príncipe de las tinieblas dijo adiós de la mejor forma posible.


Con un recinto lleno “hasta las banderas” y de manera puntual, a las 21:30 se da inicio al, quizás, último show de Osbourne en Chile. Con un pequeño vídeo introductorio y ‘O Fortuna’ de fondo, la gente ya gritaba desesperada por el Madman, quien apareció para desatar la locura con su frase característica: “Let the Madness Begin”, la cuál lleva a Zakk Wylde a dar inicio al show con ‘Bark at The Moon’ que hizo estallar el Arena con todo el público saltando y coreando cada estrofa del clásico corte. Cuando el éxtasis seguía en niveles exorbitantes, ‘Mr. Crowley’ se dio cita con Adam Wakeman en los teclados y un juego de lasers impresionante que dejó perplejos a varios. Los gritos tan propios de Ozzy se escuchaban y el respetable sólo atinaba a responder con cada vez más fuerza. El sonido de la velada fue bastante bueno, pero sin llegar a un nivel óptimo, puesto que a veces la guitarra de Zakk o el bajo de Blasko no se escuchaban por ninguna parte. Pero esta vez, nada importaba.

‘I Don’t Know’ y el clásico de Black Sabbath ‘Fairies Wear Boots’ fueron las siguientes en un setlist que se nota escogido con pinzas, ya que cada canción es un mazazo para sus fanáticos que no tienen más opción que saltar al ritmo de la batería de Tommy Clufetos o ser arrastrado por la marea humana dominante en toda la cancha. Pequeños moshpits en la parte frontal al escenario de no más de 30 personas hicieron sonreir a Ozzy, que sin moverse como en antaño, logra emocionar a algunos hasta las lágrimas. Las mismas que se vieron luego de ‘Suicide Solution’, puesto que Blasko inició la intro de ‘No More Tears’ y varios lloraron, otros saltaron y el resto cantaba con el alma. Es increíble que, sin cantar en el tono original, sin tirar baldes de agua, siga siendo el mismo que vuelve locos a todos con una reverencia en la mitad de este corte de 1991. La fiesta continuó con ‘Road to Nowhere’, que si bien no fue coreada por todos, los que sí la conocían la disfrutaron a concho.

Lo que vino a continuación fue una carnicería, ya que ‘War Pigs’, canción inmortal de Black Sabbath hizo gritar y saltar como bestias a los más de 14 mil asistentes al show, con un Ozzy inspirado haciendo aplaudir y cantar al público a su voluntad. Con un largo solo de Zakk Wylde, que incluso lo llevó a la barricada a ejecutar sus famosos armónicos artificiales y a tocar con la boca, desatando la euforia de los que estaban en primera fila, que tocaban al guitarrista como si fuese un dios. No es para menos. Luego de volver al stage, Wylde y compañía dieron paso a un medley instrumental que tuvo como destacadas a ‘Miracle Man’ y ‘Perry Mason’, mientras el incansable Zakk tocaba cada nota con maestría. El blondo instrumentista, a pesar de todo el trabajo que tiene que hacer, a veces peca de querer llevarse todo el crédito, quizás sin intención. Sin embargo, sólo es un pequeño detalle de la gran jornada que se ha vivido.

Tras un entretenido solo de batería ejecutado por Tommy Clufetos, que no falló un sólo golpe en toda la noche, se vino una sorpresa que no estaba presupuestada por nadie, ya que ‘Flying High Again’, del álbum “Diary Of A Madman”, no había sido tocada en esta gira y muchos quedaron bastante asombrados con su inclusión al setlist. Luego fue el turno de ‘Shot in The Dark’, una canción con una vibra mucho más melancólica que llevó otra vez a emocionarse a varios. ‘I Don’t Want To Change The World’ puso a saltar otra vez a la gente para luego dar paso al ‘Crazy Train’ más desquiciado del mundo con incluso bengalas en las tribunas del Movistar Arena. Gran ejecución de parte de la banda y también uno de los momentos donde se vio más entrega de parte del público, generando una conexión que no provocaba más que sonrisas en cada uno de los presentes.



Tras una pequeña pausa, se vino el encore con ‘Mama I’m Coming Home’ con todos moviendo sus brazos al compás de la música y al ritmo que Ozzy lo pedía, para luego lanzar el último y eterno cañonazo: ‘Paranoid’. Qué se puede decir de semejante canción, que es quizás el inicio de todo el Metal como lo conocemos gracias a Black Sabbath. Quizás sin la potencia que uno esperaría, ya que se ejecutó más lenta y grave que de costumbre, pero con la misma energía de parte del público, el show termina y parece que hubiera comenzado hace cinco minutos. Varios piden una canción más, pero Ozzy y compañía ya se despiden del escenario. Ahora sólo nos queda disfrutar de los recuerdos que nos dejó esta visita y las anteriores y, por sobretodo, su legado musical. Ozzy Osbourne, el que nos dijo que las hadas usaban botas y que le ladráramos a la luna, se está bajando del tren loco del Heavy Metal de la manera más digna posible, dejando el mejor recuerdo sobre cada stage que se sube. Un viaje al centro de la eternidad, corto, efectivo y emocionante hasta decir ‘no más lágrimas’. All Aboard!

Crónica por Samuel Víctor Acevedo
Fotografía  cortesía de Ross Halfin




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