(Ph: Christian Odreman)
En medio de una lluvia que aliviaba la ola de calor que venía marcando el otoño más caluroso de los últimos sesenta años, los alrededores del shopping del Abasto estaban complicados con cualquier cosa que tuviera que ver con el tránsito y el estacionamiento. Pero eso no importó a la gente que se acercó el 28 de abril a Uniclub, recinto del barrio de Balvanera, para presenciar la visita a la Argentina de I Am Morbid, proyecto del legendario cantante y bajista David Vincent, quien hiciera fama junto a los legendarios Morbid Angel y que con I Am Morbid busca tributar a los cuatro primeros discos de la mítica banda estadounidense.

La fecha tuvo nada menos que cinco bandas teloneras, entre los que se contaron a Sin Diamond (grupo tributo a King Diamond), los thrasheros Castigo, a los chilenos Saken y a los veteranos del death metal nacional Exterminio, a quienes no pude presenciar por un problema de horarios. A quienes sí pude ver fue a la última banda telonera, los siempre recomendables Matan S.A.

Dueños de un sentido del espectáculo que ignora las limitaciones de presupuesto y de espacio arriba del escenario, los nacionales Matan S.A. son una garantía de entretenimiento con cada una de sus presentaciones. Los liderados por el cantante Adolfo "Wata" Heber Victoria dieron todo un espectáculo de death metal carnicero y de su característica estética de cine de terror slasher de clase B, que incluyó representaciones arriba del escenario y las intros uniendo las canciones, entre las que se contaron clásicos como “Vuelvo a saciar mi Sed” y “Panic Attack” junto a algunas canciones de “Parte III: El Orfanato”, el más reciente álbum del grupo de Claypole. El grupo viene desde hace años siendo un ejemplo de trabajo duro en la escena metalera nacional, y eso se pudo notar en el buen recibimiento de las canciones por parte del grupo, completando media hora de un espectáculo sólido y destacable, que incluyó a Wata recordando cuando teloneó a Morbid Angel en 1996, en el desaparecido Cemento, junto a su anterior banda Pandemia, y más tarde en 2009 junto a Matan S.A., antes incluso de que lanzaran su primer álbum.

Luego de finalizada la presentación de Matan S.A., no hubo que esperar mucho para la salida de I Am Morbid al escenario. Apenas veinte minutos después, el telón de Uniclub se abrió y una intro dio paso a “Immortal Rites”, aquel mazazo que abriera el debut de Morbid Angel “Altars of Madness”.

Y es acá que podemos ponernos a pensar acerca del sentido detrás de I Am Morbid, siendo que su formación se dio no mucho después de la segunda salida de David Vincent de Morbid Angel, que no se dio en las mejores condiciones. Porque aunque el cantante diga que considera IAM es una entidad diferente a su antigua banda, es imposible pasar por alto que haya decidido formar el grupo con un ex baterista de Morbid Angel y que la haya bautizado con un nombre que hace referencia no sólo al otro grupo sino también a una de las canciones del disco que había su regreso, donde él había influenciado su sonido electrónico/industrial que le trajo tantas malas reseñas y críticas, y que el grupo toca exclusivamente canciones de la banda que lo hizo famoso.

¿Cuál es la gracia, entonces, de I Am Morbid? Si uno deja de lado tener que pensar si IAM es algo de verdad serio o sólo un intento de David Vincent de mojarle la oreja a Trey Azagthoth, la verdad es que cada uno de los músicos en el grupo es espectacular en lo suyo, dando lugar a que las canciones sean presentadas de la mejor manera posible. Con los guitarristas Ira Black y Bill Hudson tocando cada riff con extrema precisión y el baterista Tim Yeung marcando cada ritmo como un reloj perfectamente ajustado, a David Vincent no le quedaba mucho trabajo para hacer más que aportar a la base rítmica con su bajo (de sonido destacable a lo largo de la noche) y berrear las letras llenas de referencias satánicas y ocultistas que hicieran de Morbid Angel una de las bandas más influyentes del metal extremo.

El cantante y bajista, con unas botas a las que sólo le faltaban un sombrero para completar el look vaquero que tantas veces se le ha visto desde que se metió en la música country, es dueño de un carisma especial que le permite ponerse a tararear los punteos dramáticos similares a violines de “Immortal Rites”, o unirse al clásico coro de “olé olé olé” que siempre se escucha en los recitales. A esa canción le siguió inmediatamente la marcha lenta y marcada de “Fall From Grace”, la rapidísima “Visions From The Dark Side” y el clásico “Blessed Are The Sick”.

Al final de “Rapture”, Vincent mencionó el recital del día anterior de Immolation en Mvseo Rock, llamando a todos a apoyar el death metal vieja escuela, para luego pasar a presentar “Pain Divine” y “Sworn To The Dark”, que dio lugar al coro al que Vincent se unió, y después a “Eyes To See, Ears To Hear”. Fue después de esta canción que se dio la única excepción dentro de una lista de temas que repasó los primeros cuatro discos de Morbid Angel al tocar “I Am Morbid”, proveniente del denostado “Illud Divinum Insanus”. Y aunque el riff entrecortado de la canción suene fuera de lugar entre todo el material más clásico, sonó mil veces mejor que en su versión de estudio, aunque eso no haya sido suficiente para animar al público como lo habían hecho las canciones anteriores.

Para volver al material clásico la banda eligió la espectacular “Maze Of Torment”, previa a una pequeña pausa donde los compañeros de Vincent pudieron tener un espacio para meter solos de sus respectivos instrumentos, aunque en mi opinión es difícil no ver este tipo de acciones como relleno para ocupar tiempo que podría usarse para tocar una canción más. Más allá de que cada uno de los músicos sea excelente en lo suyo, prefiero que todo se haga en el contexto de las canciones y por lo tanto este me pareció el punto más bajo del recital, uno que por suerte no duró mucho, con la vuelta de Vincent al escenario recibida con una ovación.

“Dominate”, “Dawn Of The Angry” y “God Of Emptiness” (aquel pseudo-hit de regusto doom que los llevara a filmar un video para Mtv) fueron las elegidas para volver a la acción, siendo cada una de ellas recibidas por el público con los brazos abiertos, mientras que el final se dio con “World of Shit (The Promised Land)”. Sin bises ni nada parecido, la banda se retiró con reparto de lista de temas, palillos y púas de por medio, dejando a todos más que satisfechos luego de ochenta minutos de puro death metal.

Dejando de lado las controversias de si hay valor o no detrás de hacer un tributo a uno mismo, I Am Morbid es una gran experiencia para ver en vivo, como pudieron presenciar las personas que llenaron tres cuartos de Uniclub. Si I Am Morbid va a desarrollarse para ser algo más de lo que es habrá que esperar para verlo, pero lo que hace lo hace más que bien, como una venganza extremadamente profesional.

Crónica por: Martín Cirillo
Foto porChristian Odreman


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