PH: MARU DEBIASSI
El pasado jueves 9 de agosto, el estadio Luna Park alojó uno de los eventos más espectaculares y únicos de este 2018. La emblemática e histórica agrupación de metal latinoamericano, Rata Blanca, se presentó en Buenos Aires, con un show simplemente alucinante, por diversos motivos.


Rata Blanca es una banda que no requiere presentación alguna. Con más de treinta años de trayectoria, diez discos de estudio y una inmensa historia tras sus hombros, este conjunto supo abrirse camino para llegar a ser la banda de metal hispanoparlante más grande del mundo. Justamente, con motivo de celebrar sus tres décadas de música, Rata Blanca dio un show magnífico en el Luna Park, plagado de sorpresas, rarezas y magia.

Aproximadamente a las 20:00hs, las puertas del estadio se abrieron y la gente pudo ingresar al recinto. Al ingresar, la escenografía no revelaba mucho, al menos no aún, de manera que los fanáticos buscaron distintas maneras de matar el tiempo hasta la hora pactada para el comienzo del show. Unos visitaban el puesto de merchandising, otros tomaban y comían algo, mientras el resto simplemente se dedicaba a conversar o esperar el show en silencio. Ya acercándose el comienzo del recital, empezaron a escucharse los cánticos de aliento hacia la banda, con la capacidad del recinto colmada a más no poder.


Llegando a las 21:10, las luces se atenuaron y comenzó a proyectarse un video en la pantalla gigante del lugar, acompañado de una gran puesta lumínica. Todos estos factores hicieron que la gente enloqueciera. Finalmente, terminada esta introducción, Rata Blanca hizo vibrar el Luna Park con “Los Chicos Quieren Rock”. Un inicio formidable para una noche que pintaba para largo.
Sin tomarse pausa alguna, la agrupación continuó rápidamente con “Volviendo a Casa”, uno de los pocos temas de la noche del disco, algo infravalorado a mi parecer, “El Camino del Fuego”.  Los cantos del público no paraban y únicamente pudieron incrementarse cuando el redoblante de Fernando Scarcella marcó el inicio de “La Otra Cara de la Moneda”, tema muy melódico dentro del arsenal ratero.

El primer clásico de clásicos gritó presente en el Luna Park de la mano de “Solo Para Amarte”. Los solos de Walter Giardino, fueron coreados a viva voz por todo el público, así como también lo fueron las fantásticas melodías del vocalista Adrián Barilari, quien se desempeñó excepcionalmente a lo largo del show. Finalizada esta canción, el cantante saludó a la audiencia, calificando el show del día de la fecha como único e irrepetible. “Deberíamos hacer esto más seguido”, aclaró Barilari. Más metal clásico de la mano del hit “El Círculo de Fuego”, tema extraído de penúltimo disco de la banda.

Rata Blanca sacó a relucir su lado más rockero, haciendo sonar la potente “Rock and Roll Hotel”, canción que provocó que toda la audiencia se pusiese a saltar de arriba abajo en el campo. Tras este tema de la última placa discográfica de la banda, Giardino se colgó su guitarra de doble diapasón y, al mejor estilo Jimmy Page, saco a relucir las primeras notas del tema “Ella”, quizás la canción más calma de esta primera parte del concierto.

El eclecticismo fue algo más que presente en la noche. De la balada que acaba de ejecutar la banda, se pasó al brutal Speed Metal “Los Ojos del Dragón”. A puro machaque de Giardino y doble bombo de Scarcella, el público comenzó a gestar aquellos pogos más movidos, ya adentrándonos en un recital que cada vez iba tomando más forma.

Fue el turno de otra balada power con la llegada de “Aún Estás en mis Sueños”, uno de los temas más populares y exitosos de los últimos años de Rata, el cual suena en todos los shows de la legendaria agrupación. Llegábamos al décimo tema de la velada, y la primera canción del disco más glorificado del conjunto, “Magos, Espadas y Rosas”. Con unos bellísimos acordes de teclado por parte de Danilo Moschen, le dábamos la bienvenida a la canción “Días Duros”, plagada de estructuras varias y grandes secciones instrumentales.

Nuevamente, el teclado de Moschen anunciaba la llegada de otra canción, esta vez de “Tan Lejos de Aquel Sueño”, gran rocanrol del disco “Tormenta Eléctrica”. El ritmo del tema fue perfecto para que, una vez más, todos se pusieran a saltar al compás de esta gran canción. La banda no mostraba imperfección alguna, y todavía faltaba muchísimo por transitar.

A puro doble bombo, comenzó a sonar uno de los temas más pesados de la noche, “Jerusalén”. La canción, originalmente cantada por Mario Ian, contó con Barilari como su gran figura. El despliegue vocal del cantante demostró porqué es considerado uno de los mejores vocalistas de Latinoamérica. Simplemente alucinante.

Clásicos, clásicos y más clásicos. Esta vez le tocó el turno a uno de los temas más pedidos por el público en los conciertos de la banda. “Chico Callejero” hizo temblar el Luna Park. Las voces retumbaban en las paredes y los saltos hacían vibrar el mismo suelo. Una interpretación magistral de este himno metalero argentino, con el cual más de uno puede identificarse a la perfección.

Después de la primera sorpresa, la cual había sido “Los Ojos del Dragón”, la banda ejecutó la segunda rareza de la noche (aún quedaban algunas más). Se trató de la extensa y compleja canción, “El Camino del Sol”, la cual fue incluida en su repertorio después de un muy largo tiempo, por lo menos en shows argentinos.

Después de un nuevo atenuamiento de las luces, la banda se retiró del escenario. Acto seguido, comenzó a sonar una pista que reprodujo el track “Las voces del mar”, introducción del noveno disco de estudio de la banda. Finalizado el tape, los reflectores apuntaron a Danilo Moschen, quien, tras tocar la excelsa sección de teclados de la canción, dio la bienvenida al clásico tema de la banda, “El Reino Olvidado”. Una excelente manera de comenzar con una seguidilla de clásicos que iba a azotar brutalmente al Luna Park.

Llegaron dos himnos del tercer disco de la banda. Primero pasó “Abrazando al Rock and Roll”, con un mensaje clarísimo, que incita a todos a luchar por esta música que tanto amamos y nos llena de pasión día a día. En segundo lugar, pasó el tema homónimo e infaltable de este disco, “Guerrero del Arco Iris”. La gente comenzaba a preguntarse qué pasaría con la orquesta, ya que la banda estaba tocando los temas con los que siempre suele cerrar sus conciertos, y la orquesta aún no había aparecido. Eventualmente, estas dudas se desvanecerían.

Antes de la siguiente canción, Walter Giardino tomó el micrófono y recalcó la importancia de este concierto, a pesar de la persistente tristeza de no poder compartirlo con Guillermo Sánchez, bajista de la banda fallecido el pasado 2017. Después de este emotivo momento, tanto para los músicos como para la audiencia, la banda presentó a dos músicos pertenecientes a la orquesta sinfónica, con quienes ejecutaron la vieja y amada “Mujer Amante”, de manera acústica y apacible. Tras esta interpretación, los músicos invitados se retiraron del escenario.

Rata Blanca continuó el show a puro rocanrol con un triplete fulminante, y así pasaron “71-06 (Endorfina)”, “El Jugador” y “Agord la Bruja”. Después de este tridente metalero y hard-rockero, la banda se retiró una vez más del escenario. Lo mejor estaba por llegar.

Después de casi dos horas y media de concierto, llegó el momento que todos estaban esperando. La estructura que cubría la parte trasera del escenario, se reveló para revelar la orquesta sinfónica de músicos, esta vez completa y lista para tocar junto a Rata Blanca.

Una voz en off comenzó a relatar la intro del octavo disco de la banda, recitando las palabras de “Bajo el Poder del Sol”, con grandes visuales de fondo. Finalizada esta introducción, la banda y la orquesta atacaron ferozmente con “La Llave de la Puerta Secreta”, dando inicio a esta última y maravillosa hora de recital. Junto a la orquesta, pudimos oír de todo. Llego otra sorpresa, una de las más sorpresivas de todas, valga la redundancia. El power/speed metal “El Guardián de la Luz”, llegó para poner a todos a poguear cual dementes, todo esto al compás de la orquesta y la potentísima electricidad de Rata Blanca.

Tras esta violentísima canción, la banda bajó mil revoluciones y, junto a la sinfónica, tocó una de sus baladas más emotivas, “Noche sin Sueños”. La canción fue cantada por todos y cada uno de los integrantes del público. Simultáneamente, a la par de la melodía ejecutada por todos los virtuosos músicos, se proyectaron imágenes de Guillermo “El Negro” Sánchez,  histórico bajista que aún late en los corazones de todos.

Si bien fue clara la participación de la orquesta sinfónica, el volumen de la misma no fue el más óptimo para las circunstancias, ya que, en la mayor parte de los momentos, los instrumentos eléctricos opacaban un poco a los músicos de orquesta. Sin embargo, esto no fue impedimento para que, canción tras canción, el show se fuese volviendo cada vez más alucinante.

“Sinfonía Fantástica” fue la encargada de seguir con esta fiesta metalera, otro tema largo que no suele sonar mucho es las presentaciones en vivo de la banda. Llegábamos al final del show y no podía faltar otro clásico imprescindible del primer trabajo discográfico de la banda, “El Sueño de la Gitana”.

Ahora sí, ya para finalizar el concierto, la banda se despidió con los temas “La Leyenda del Hada y el Mago” y “El Último Ataque”, tema que desde aquel Teatro Flores de 2016, viene cerrando los shows más importantes de la banda.

Casi tres horas y media de show brindó Rata Blanca el jueves 9 de agosto en el Luna Park. Es impresionante ver como bandas ya consagradas hace tiempo, y de semejante envergadura, siguen produciendo estas magníficas puestas como la de este show. Dos horas y media de set eléctrico, más otra hora completa junto a una orquesta, la cual fue parte de un despliegue tremendo, no solo a nivel musical, sino también en lo que a visuales respecta. Podría seguir escribiendo mucho acerca de lo vivido en este concierto, pero a fin de cuentas, más palabras no podrán reflejar con certeza lo acontecido aquella noche. Quienes tuvieron la oportunidad de asistir a este concierto, nunca lo olviden ni dejen de recordarlo, porque fue una noche única e irrepetible, para la banda y para todos ustedes. Sé que restan muchas bandas por venir, como Helloween o Judas Priest, ni más ni menos. Pero este concierto de Rata Blanca en el Luna Park, es claro contendiente para llevarse el máximo galardón a show del año. Creo que dentro de unos meses sabremos eso. Larga vida al rock and roll y al heavy metal. Las ratas siguen vivas, y hoy más que nunca.

Crónica: Federico Solari
Fotografía: Maru Debiassi


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