Después de haber presenciado el recital de Lacrimosa un muy caluroso día de diciembre de 2017, terminé confirmando que otoño e invierno son las mejores épocas para un recital gótico. Bien lo pensaron Moonspell cuando tocaron el 30 de abril de este año, y mejor todavía estuvieron Paradise Lost al tocar este 4 de septiembre. Y aunque la espiral inflacionaria que tuvo el dólar a fines de agosto hubiera podido hacer peligrar la realización del evento, ni siquiera pareció afectar la cantidad de público presente, con un Uniclub repleto ya para cuando los segundos teloneros NUM salieron a escena con su pesado death metal “meshuggero”, que más allá de un problema en micrófono del bombo de la batería terminó redondeando una buena presentación.
Luego de 45 minutos de espera, durante los cuales se pudo disfrutar de una rara mezcla de canciones de Entombed y Massive Attack, el telón se abrió a las 21:35. Con una intro cinemática sonando de fondo, uno a uno los miembros de la banda fueron apareciendo en el escenario. Primero el baterista finlandés Waltteri Väyrynen, luego los guitarristas Gregor Mackintosh y Aaron Aedy, el bajista Stephen Edmondson, y por último el cantante Nick Holmes, dando comienzo a la presentación con “From The Gallows”. Siendo la más corta del último álbum y teniendo un gancho particular entre su rimo lento y las voces desgarradas que Holmes decidió retomar en estos últimos discos, la elección fue más que correcta, a juzgar por la reacción del público.
Fue a la segunda canción que comenzaron a caer los clásicos, con la banda despachándose con una potente versión de “Gothic”, con todo Uniclub coreando cada palabra de la canción. Ya acá se podía ver la dinámica que existe entre Mackintosh y Aedy, con Mackintosh siempre serio y enfocado en su instrumento mientras Aedy toca con extrema soltura y hace headbang con cada riff, como se pudo ver con el estribillo explosivo de “One Second”, canción que, ya sea por presión de los fanáticos o por insistencia de la banda, terminó convirtiéndose en una finja de la lista de temas, e incluso siendo de uno de los “discos malditos” que el grupo editó a fines de los noventas, tuvo a la gente cantando toda la letra. Y lo mismo con la siguiente “Erased”, que tuvo gran protagonismo de Stephen Edmonson, generalmente de muy bajo perfil.

El súper clásico “Enchantment”, con esa icónica introducción de piano (pregrabada como todos los acompañamientos de piano o teclado, algo que puede llegar a distraer gracias a la negativa de la banda a agregar un tecladista) fue otro enorme pogo en Uniclub, incluso con el poco espacio que había para moverse. Esa fue seguida por “Requiem”, que tuvo un protagonismo inusitado del doble bombo de Väyrynen, mientras Nick Holmes imponía ese estilo que vi muchas veces definido como “un James Hetfield gótico”.

Hablando de Holmes, muchas veces el cantante parece excesivamente parco con las palabras, más allá de que intente meter algunas frases entre canción y canción. Pero de vez en cuando se ilumina y tira algunas joyas, como cuando tiró “Esta es una canción doom acerca de estar muerto… Qué sorpresa, ¿no?” al presentar “No Hope In Sight”, o al bromear con los que había visto fumando el campo (incluso con la estricta seguridad de la gene de Uniclub), diciendo “¿Quién fuma en 2018?”. De vez en cuando, algo de buen humor incluso en un recital de la música más oscura no viene mal.

Con el clásico “Embers Fire”, la banda se retiró del escenario, mientras el público hacía el típico reclamo por más. Claro que cualquiera que pudiera ver la la lista de temas fijada con cinta del lado de Greg Mackintosh podría haber visto que todavía faltaban tres canciones, pero no está mal seguir con la mística que generan los bises. Es así que a los cinco minutos la banda volvió al escenario y dio comienzo a la última parte de la presentación con la lenta “No Hope In Sight”, seguida por “The Longest Winter”, que va por la misma línea de volver a los orígenes “death doom” de la banda. Pero el final tuvo a todo el lugar vibrando con la onda y el gancho pop de “Say Just Words”, demostrando que incluso sin guitarras súper pesadas Paradise Lost sigue siendo Paradise Lost, finalizando con un reparto de púas y palillos por parte de la banda, y cerrando así la noche de una vez por todas.

El escenario súper chico de Uniclub puede haberle jugado en contra a la banda durante la presentación (incluso si tuvieran un miembro menos, sería complicado moverse ahí) y por momentos hubo acoples que sonaron más fuertes que la música, algo provocado por el excesivo volumen que hubo de a ratos. Pero, a fin de cuentas, Paradise Lost siguen teniendo las canciones necesarias como para dar una gran presentación, logrando que todo el lugar haga pogo incluso si éstas canciones hablan sobre la muerte y la desesperanza, y con treinta años de carrera cumplidos todavía parece que van por más.

Crónica por: Martín Cirillo
Foto por: Sebastián Michia

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